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domingo, abril 5, 2020
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    El bonus track de una obra transformadora

    La conversión del acceso sur en autovía generó una sorpresa, imposible de imaginar para proyectistas y realizadores. Resta aguardar que esta manifestación no se vea sofocada una vez que la obra esté terminada.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO

    coordinacion@eldiario.com.ar

    Un minúsculo detalle demuestra lo acertado que están los que piensan que, en materia de obras públicas, los diseñadores pueden planificar y los constructores hacer -ajustándose a plazos y condiciones, respetando los técnicos protocolos-, pero los que disponen finalmente de la infraestructura de uso social son los ciudadanos.

    Así, mientras los carriles centrales el acceso sur siguen clausurados al tránsito vehicular por una serie de razones que ya desarrollaremos, un enjambre de personas de distintas edades le genera una fervorosa ocupación peatonal, sea al trote, a la carrera o como simples caminantes, sobre bicicletas o patines y también acompañados por mascotas.

    Lo que se escenifica, hasta donde advertimos,es un contrapunto impensado entre la realidad contenida en maquetas y carpetas y las demandas impostergables de la comunidad, que por cierto son muy difíciles de relevar de manera anticipada.

    CAMBIO NOTORIO

    La obra en marcha tiene características monumentales: un área central con carriles de vía rápida (que son los que falta terminar) y, a cada lado, colectoras para el tránsito vecinal, ya operativas. Es natural que haya quejas porque, sencillamente, es justo que se reclame que las cosas se hagan lo mejor posible. Pero lo que quedará plantado implicará un cambio fundamental para la ciudad y para las barriadas directamente involucradas, no sólo en cuanto a la provisión de una infraestructura vial sumamente relevante, compleja, transformadora, sino porque además generará un cambio en la postal, en la impresión visual, que suele influir tan fuertemente en nuestros estados de ánimos y humores.

    En rigor, hay bicisendas contempladas, en ambos márgenes. De hecho, cuando la obra esté terminada, sin riesgo se podrá ir pedaleando al menos desde Ramírez y Avenida de las Américas hasta las facultades de UNER y Uader en Oro Verde.

    Lo que no era sencillo de cuantificar era el interés ciudadano por aprovechar esta millonaria inversión también como pista de salud física y mental. Por el resto, es de esperar que ese sendero que se está por construir tenga las comodidades y las condiciones de seguridad mínimas para que pueda realizarse allí aquello que hoy se advierte en las áreas centrales de la autovía.

    Dicho sea de paso, los encargados de completar el 3% que falta para la habilitación final de la obra esperan que la Municipalidad de Paraná apure la marcha con el traslado de cañerías del servicio sanitario. Si ese trabajo no se realiza, la parálisis proseguirá.

    Personas de distintas edades, solas, en pareja o en grupo, manifiestan que precisan un espacio de salud en la zona sur. FOTOS: Sergio Ruiz.

    CONTEXTO

    Este emprendimiento de gran volumen (casi nadie se acuerda ya de la precariedad que ofrecía la ruta 11 en ese tramo antes de la intervención), produjo sin quererlo un debate muy interesante entre dos perspectivas. Los que consideran a las obras (públicas y privadas) como una totalidad en sí misma y aquellos que proponen analizarla, descomponerla y abordarla también desde su integración con lo existente.

    Esta discusión, que puede pasar inadvertida incluso para los que sólo están interesados en cortar la cinta y salir bien en las fotos, es central para los ciudadanos, que son los que luego del acto inaugural gozarán con lo que esté bien resuelto y arrastrarán por años la pena de no haber insistido para que algunas cosas se hagan mejor. Un acceso como en este caso, pero también una ruta cualquiera, una plaza, un plan de viviendas, un centro de salud, una urbanización particular, la radicación de oficinas públicas, una escuela, un espacio de recreación se queda a vivir con la gente y modifica los entornos, facilita o complica la existencia.

    Creemos que es constructivo pensar que las inversiones deben aspirar a generar un nuevo marco: vivir en un lugar mejor, nos puede impulsar a ser mejores. Pero también al revés.En este sentido, subrayamos la conveniencia de que los vecinos sean escuchados para que la vida cotidiana de las comunidades e instituciones aledañas no se vean arrolladas por la nueva obra.

    Esos lapachos, que hoy lucen frágiles, generarán en pocos años un entorno colorido y refrescante.

    NUEVOS HORIZONTES

    En otro plano, debe destacarse que la plantación de lapachos amarillos, rosados y blancos en el cantero central generará un perfil único.

    El compromiso de plantar tres árboles por cada uno que debió extraerse para realizar la obra es un principio que debe defenderse, por cuestiones ambientales obviamente, pero también por razones estéticas.

    Por la inversión del acceso sur, en el ejido de Paraná se sembraron 350 ejemplares, que llegan a los 600 si se consideran los que prosperan a la vera de la ruta en Oro Verde y hasta Colonia Ensayo. Esto es muy bueno.

    Ella no ha dado indicios cuando fue consultada al respecto, pero cuentan los que participaron de las distintas reuniones de trabajo, que fue la administradora de Vialidad, Alicia Feltes, la que insistió para que sea una galería de lapachos la que dé la bienvenida al viajero y, a la vez, enriquezca la experiencia cotidiana de los vecinos.

    Por ahora, ya que de saludables apropiaciones habla esta nota, es destacable que los residentes crucen la avenida, con el debido cuidado, para regar, uno a uno, los integrantes de esta floresta urbana que, más temprano que tarde les devolverá, junto a una cepa identitaria, sombra, oxígeno y una vista fenomenal.

     

     

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