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viernes, abril 10, 2020
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    In memoriam Gustavo Lambruschini

    El jueves falleció Gustavo Lambruschini, docente universitario, activo ciudadano político y también colaborador de EL DIARIO. Con tono fraternal, Julio Federik produjo una semblanza, la que a continuación se reproduce.

     

    Julio Federik

    Gustavo Lambruschini fue un hombre libre.

    Un hombre libre que forjó su libertad sobre el ejercicio de su pensamiento. Para ello quiso saber el origen y el desarrollo de las ideas de la historia universal y sólo a partir de allí sustentó su albedrío. Eligió, pero cada vez que lo hizo fue después de comprender el contenido amplio y diverso del saber que tuvo a su alcance. Para ello puso no solo su inteligencia, entrenada en miles de horas de estudio, sino su fervorosa voluntad y la hondura incomparable de su concentración.

    El pensamiento griego desde sus mismísimas fuentes con su idioma y su alfabeto, la lírica de Horacio o de Virgilio directamente de la lengua latina. La inagotable poesía universal y los filósofos de occidente en miles de libros subrayados de su biblioteca, estuvieron siempre disponibles a sus interlocutores en su diálogo generoso.

    Gustavo entendía el entramado de la historia desde los hechos en los que se enhebra y desde el contexto de cada uno. Revisó cuidadosamente el origen y el desarrollo todas las ideas políticas y sus consecuencias. Podíamos revisar con él la ubicación ideológica de cada personaje de la historia. Cuál fue su aporte revolucionario a la rueda de la historia o su acción retardataria.

    Podíamos internarnos también los topos de la literatura esos temas que se repiten en los grandes poetas y el tratamiento diferente en la pluma y el espíritu de cada uno. Gustavo quería saber por qué había sido escrito de esa manera, cómo se expresaba la humanidad en esa idea, mucho más allá de la genialidad del armado de las frases.

    Supo de todos los grandes poetas, los clásicos, los del siglo de oro, de los modernistas y de los tantos otros, disfrutando y mostrándonos la belleza de las palabras, y la razón y el propósito de los versos.

    Siempre buscaba el sentido y el encauzamiento ideológico de las obras de arte, como el que estaba atrás de las sonatas e incluso la impronta revolucionaria de Beethoven, que se expresaba también desde su indumentaria. Ese sentido lo buscábamos siempre, pero cien veces no lo encontramos y gozamos igual de la belleza porque sí, de la música porque sí, (aparentemente vana como la del grillo de Roxlo).

    Lo cautivó la lírica y la trama argumental de las óperas… La música de Wagner lo acompañaba permanentemente en estos últimos años. La asociaba con los poetas alemanes y… ahí nos costaba seguirlo.

    Y ahí es cuando volvíamos a Saraví y a La Lanza de Tacuara que recitamos cien veces a coro y nos internábamos en el propósito de este poeta olvidado que siempre quiso reivindicar la estirpe federal de los entrerrianos y los altos valores de los que supieron fundar y organizar nuestra nación.

    Lambruschini quería también realzar su ciudad con el reconocimiento a la dignidad de las actitudes de sus ciudadanos, quería consolidar el ejemplo como un instrumento de nuestra identidad. Entre Ríos misma debía recuperar su grandeza desde la vigencia de los mismos valores. Por estas banderas también luchó este filósofo paranaense y su legado constituye un verdadero mandato cuya semilla dejó a sus amigos y, en especial, a sus discípulos y alumnos. No se agota en una cuestión ética, es naturalmente política.

     

     

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