Todo hace prever que el 2020 será un año agitado

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El discurso de Bordet contiene elementos que permiten aventurar que este será un año intenso desde el punto de vista político institucional.

El mensaje del gobernador a la Asamblea Legislativa dejó planteado frentes de interacción inmediata y probablemente de conflicto. La duda es con qué estrategia y habilidad irá disolviendo los grumos del prejuicio y el malentendido, en un año donde un nutrido colectivo buscará instalarse como probables sucesores.

 

REDACCIÓN EL DIARIO | coordinacion@eldiario.com.ar

 

El discurso con el que el gobernador Gustavo Bordet produjo el sábado la apertura del período ordinario de sesiones de la Legislatura contiene elementos que permiten aventurar que el 2020 será un año intenso desde el punto de vista político institucional.

Reforma previsional, reforma política, reforma de la orgánica judicial, reglamentación de institutos consagrados en la reforma constitucional de 2008, debate por el protocolo para el uso de agroquímicos en la producción de alimentos, son capítulos de una historia que está por contarse y a la que probablemente se agregue la discusión por el nuevo contrato del agente financiero, que vence el 16 de septiembre venidero, y que pese a los acuerdos que pudieran existir deberá ser discutido y aprobado por la Legislatura, en públicas sesiones.

La sospecha de que los meses por venir tendrán una importancia sustantiva se funda también en el hecho de que para el próximo mensaje (dentro de un año) habrá ganado una mayor presencia real y simbólica la discusión por la sucesión, en un contexto en el que ya hay varios/as oficialistas en carrera, que responden a sectores internos diversos, que han empezado a tejer con meticulosa paciencia una imprescindible red de vínculos y a preguntarse por qué no ir por los premios mayores.

Como los espacios de decisión no son infinitos, este lote de dirigentes sabe que si construye con inteligencia táctica un protagonismo propio el 2020 se encargará de posicionarlos en sitiales clave. La aspiración de mínima es llegar a sentarse en la mesa donde se modelan las definiciones; la de máxima, integrar la fórmula, aunque más de uno no se conforma con papeles secundarios sino que cree que se aproxima la hora de encabezar proyectos de poder.

En ese sentido, conviene no minimizar la capacidad de proyección de ciertos dirigentes que, estando sentados sobre un polvorín de problemáticas irresueltas, en lugar de concentrarse en desanudar la madeja encuentran un disfrute dulzón (aunque probablemente engañoso) en aventurar cómo se constituirán los escenarios en el próximo ciclo. Y, en ese contexto de inadvertida fragilidad, se entregan a adivinar qué espacio van a ocupar y a quiénes bendecirán como continuadores, como si el resto de las variables estuviera bajo absoluto control, cual laboratorio.

 

LA VEREDA DE ENFRENTE

En la oposición (todo aquello que resiste a Bordet y compañía), es obvio que existe una acumulación política privilegiada en torno a Cambiemos o Juntos por el Cambio, es decir, esa alianza que reúne sobre todo a dirigentes de la UCR y el PRO, al que se debe integrar a Juan Zacarías, por su condición de diputado provincial, su evidente vocación de pedir cartas ante cada partida y su cercanía a Rogelio Frigerio, que mantiene voz de mando local. Ese heterogéneo colectivo, conformado por legisladores nacionales y provinciales, concejales e intendentes, es una incógnita a futuro.

No tiene un líder indiscutido o una comunidad de ellos; exhibe sí nombres propios con cierta trayectoria, cultivada con los años, pero en completa disgregación, sumidos en estrategias micro; y otros más a los que los une menos el amor que el espanto. Hoy por hoy, están agazapados en la expectativa de que en los últimos procesos electorales los votantes entrerrianos se han mostrado ‘desfidelizados’ y en el hecho de que el peronista mejor posicionado en la opinión general (Bordet) por mandato constitucional no tendrá lugar privilegiado en el momento en el que sea preciso materializar las ambiciones de continuar en el poder, lo que empezará a perfilarse con el armado de las listas de cara a los comicios de 2021.

Quién sabe, si por las fuerzas centrípetas de la política comarcal, las centrífugas de la interna nacional o la confluencia dañina de ambas, el armado en el PJ y aliados es menos armónico de lo esperado, es probable que radicales y macristas apuren la cicatrización de las heridas que los divide y encuentren un elemento unificante en las penas ajenas para hallar una ecuación en la que todos ganen.

Lo que se quiere indicar es que para unos y para otros este es el año de las apuestas. Ahí coexisten el desafío simbólico de Bordet para que su figura siga siendo considerada la abeja reina del panal; y el reto de quienes están decididos a tomar la posta, aún como parte de estrategias que fueran a enfrentarse en el mediano plazo.

 

APUNTADO

El repaso de lo realizado y lo pendiente que hiciera el gobernador Bordet ante la Asamblea Legislativa, con el punteo de una serie de transformaciones pendientes que involucran a los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) se produjo en este convulsionado entorno.

El mensaje no tuvo la exactitud del programa ya diseñado, es cierto. El mandatario propuso una serie de acuarelas, es decir, señaló paisajes a intervenir, en cada caso sugirió contornos, estableció diferencias fundamentales entre figuras y fondos, dejó que se advierta su orden de prioridades en la composición y los encuadres. Y los compartió con un auditorio que tuvo enfrente, en la sala del Centro Provincial de Convenciones; y con otro que lo siguió a través de los medios de comunicación.

Este componente entre los destinatarios posibles le agrega un condimento especial a la cuestión porque abarca a sectores sociales con intacto poder de fuego, eso a lo que tanto le teme la dirigencia institucionalizada: los beneficiarios actuales y futuros del sistema previsional; los comprometidos con la defensa del hábitat que militan por sistemas productivos no agresivos para el agua, el aire, la tierra y los seres humanos; los propietarios (o arrendatarios) de la tierra y el capital de trabajo, lo que suele sintetizarse en alusiones vagas del tipo ‘productores’ e ‘industriales’; los trabajadores estatales y docentes, a los que –como quien no quiere la cosa– se les sugirió moderación en los planteos de recuperación salarial.

 

TRADICIONES

Este es un desafío de proporciones para un gobierno policlasista como el de Bordet, típico exponente justicialista en ese sentido. Es obvio que la idea de constituir espacios de participación múltiple desde donde prologar las acciones de transformación tiende a operar en la búsqueda de fórmulas conciliatorias. Para muchos, es criticable que ante todos los temas se imponga ese ejercicio que consiste en hacer equilibrio para armonizar/contener las fuerzas en disputa. Pero ese es el imaginario peronista y, en ese sentido, la apuesta del gobernador hunde sus raíces en la tradición doctrinal de la que emergió.

Está asociado a la noción aquella de que la política es el arte de lo posible, lo que desde un punto de vista es la ponderación del acuerdo como herramienta de convivencia y progreso, y, desde otro, una justificación lisa y llana para dejar lo fundamental como está. Los que se identifican con esta segunda acepción se preguntan por la responsabilidad del que conduce el debate y dispone su apertura. Suelen poner como ejemplo la actitud del expresidente Mauricio Macri al habilitar una discusión en el Congreso sobre la despenalización y legalización de la interrupción voluntaria del embarazo cuando su apuesta personal consistió en que la propuesta fracase.

Pero por fuera de planteos de alguna abstracción, lo relevante aquí es cómo hará el oficialismo para construir escenarios propicios al cambio relevante, equilibrando cargas y beneficios inter e intrasectoriales. Porque en lo puntual, puede que la quita de un privilegio mejore los números de la Caja de Jubilaciones y también del Iosper, pero tiene la capacidad de provocar un circunscripto temporal entre quienes consideren que eso que se pretende corregir es un derecho adquirido; una nueva orgánica para el Poder Judicial puede ser beneficiosa para la ciudadanía, que no deja de ser un colectivo anónimo, muchas veces silente, pero puede perjudicar a actores que saben cómo manifestar su desaprobación donde más duele; de hecho, algunas de las políticas sociales pueden ser consideradas gastos inútiles incluso para capitalistas que destinan su producción al mercado interno, como ocurre abrumadoramente en la economía entrerriana; y no faltará quienes, olvidándose de que el Estado los subsidia cuando llueve demasiado y cuando no llueve lo suficiente, acreditándoles asignaciones universales (que también son recursos públicos) cada vez que la fórmula de rentabilidad se les altera (lo que no ocurre en ninguna otra actividad del mercado) consideren que la Provincia tiene la obligación de proveer los medios para su enriquecimiento personal y la prosperidad de sus emprendimientos y debe obtener los recursos para el funcionamiento estatal del resto de los sectores.

 

La sospecha de que los meses por venir tendrán una importancia sustantiva se funda también en el hecho de que para el próximo mensaje habrá ganado una mayor presencia real y simbólica la discusión por la sucesión del gobernador.

Mix discursivo

Se intuye que las decisiones generales tendientes a elaborar programas que integren a las universidades, las líneas de financiamiento internacional, nacional y provincial, las obras de infraestructura, las distintas economías regionales, la multiplicación de las posibilidades portuarias y de navegación, el aumento de la cuota de la recaudación destinada a la inversión vial y el impulso a la economía del conocimiento, desde el flamante Ministerio de Producción, Turismo y Desarrollo Económico, están dirigidas a este objetivo. Pero también las aclaraciones en torno a que no habrá aumentos impositivos sino actualizaciones para no depreciar el tributo (lentamente, la Administración Bordet estuvo produciendo adecuaciones impositivas durante el primer gobierno), a que pese al aumento de los servicios públicos la planta de personal ha decrecido y a que, aún así, el Gobierno intensificará el control para achicar el gasto político improductivo, buscan mellar el lugar común de cierta crítica que campea horonda por las declaraciones de los que exigen para sí lo que no parecen estar dispuestos a ceder para el bien del conjunto.

Ahora, el tema es cómo saldrá ileso el gobierno de estas licuadoras de desgaste. Y si, más allá del costo político del que se trate, el cambio introducido reposicionará al oficialismo o, en virtud de las tantas concesiones a realizar, se termine promoviendo un cambio cosmético, de esos que alcancen para un spot publicitario aunque en la realidad todo siga su curso.

Mientras aguza la precisión de sus instrumentos, entre la construcción y la deconstrucción, un poco con cemento y arena y otro poco con quirúrgico bisturí, será consciente el oficialismo de que una serie de malas jugadas puede convertir las diferencias de intereses existentes entre diversos sectores en un aglutinante que ponga en riesgo la estabilidad política del peronismo. Es, por otro lado, la contracara inevitable cuando se juega fuerte.