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viernes, febrero 21, 2020
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    Rondeau al norte, la avenida que se pierde sin llegar al río

    Una arteria de climas cambiantes resulta ser la parte de la Avenida Rondeau que se erige al norte del cruce con la Avenida de Circunvalación “José Hernández”, a metros de la Escuela de Policía. Allí aún dominan los sonidos de la naturaleza, pero la ocupación del espacio avanza.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO

    coordinacion@eldiario.com.ar

    Si al sur del cruce con la Avenida de Circunvalación “José Hernández”, Rondeau es una avenida organizada por tramos –como si distintas urbanizaciones o el empuje de determinados grupos de vecinos hubieran ido ordenando su aspecto y características– al norte de ese cruce, hacia el río, Rondeau es una arteria ancha que nunca cumple la promesa de llevarnos hasta el majestuoso Paraná: se pierde en un laberinto vial de arenales y casas enracimadas, de una planta, en medio de una trama absolutamente irregular que se presenta obtusa para un visitante ocasional.

    Sin embargo, en los tramos intermedios, sobre la calle o a pocos metros, los lotes se van llenando de casas, generalmente de buena a muy buena calidad constructiva, que parece sacar provecho de vivir en un espacio poco contaminado con la sonoridad urbana y, al mismo tiempo, estar a quince minutos del centro en auto.

    Así, si Rondeau es obrera y buscavida cuando amenaza con volverse ribereña en el otro extremo, cerca de la “José Hernández”, manifiesta tener otras pretensiones, lo que se advierte también en las características de los vehículos que dominan una y otra postal.

    Rondeau alcanza y sobra para justificar la idea de que la Avenida de Circunvalación “José Hernández” ha cercenado la ciudad: si existiera allí una rotonda, ayudaría a regular las excesivas velocidades de los que entran y salen de Paraná, aumentaría la seguridad de los peatones y ordenaría los flujos vehiculares y permitiría un fluido tránsito norte-sur.

    CALESITA

    De hecho, para arribar a Rondeau al norte desde su inicio hay que dar unas cuantas vueltas, como camalote en zona de remansos: llegar hasta Blas Parera y, con los monoblocks del barrio José Hernández a la vista, tomar una colectora sin cordón cuneta, poceada de cabo a rabo pero con servicio urbano de pasajeros.

    El circunscripto camino (para quien parece haber sido hecho el vocablo “destrozado”) es altamente demandado de lunes a viernes por padres, alumnos y docentes de las escuelas Záccaro y Los Constituyentes y, especialmente los fines de semana, por los cientos que eligen el complejo Tortuguitas del Paraná Rowing Club para practicar deportes o descansar.

    Antes de unirse peligrosamente a la Avenida de Circunvalación “José Hernández” esa colectora, permite tomar Rondeau que, como dijimos, tiene aires de distinción en ese tramo. El Hospital Escuela de Salud Mental, en la intersección con una desbordada Ambrosetti, más allá la cancha del golf del CAE y la planta de potabilización de calle Echeverría son mojones ineludibles.

    Cada tanto, un auto, moto o bicicleta rompe el celofán de pavimento, dotado de una generosa distancia entre cordones, para anoticiarnos de la probable existencia de algún complejo residencial o conjunto de casas de uso familiar. Lo que no se advierte son comercios, como si al menos por ahora el abastecimiento fuera un asunto que se resuelve en otros lugares de la ciudad.

    Luego, al tronco de Rondeau le crecen ramas con nombres que remiten a la flora y fauna ribereña, desde calle Jozami, con el centro de Salud de la Toma Nueva y la escuela Maximio Victoria como imaginarios pórticos de ingreso. Es una zona densamente habitada, con problemas estructurales notorios, cuyas manifestaciones recorren las arterias y cada tanto producen pequeñas lagunas.

    ARENAL

    Si se siguen los camiones y no se pierde la compostura ante la amenaza de lo desconocido, se llega hasta la toma de agua y el río, a través de un ancho sendero, anodino, desparejo, ni predominantemente recto ni preferente curvo, que puede poner en riesgo el estado de algunos vehículos. Desde allí, se puede disfrutar de un mar de plata.

    Pero ya no es Rondeau. La avenida, luego de Jozami se angostó, se hizo de suelo natural, se volvió zigzagueante y se transformó en una pendiente que llega hasta una propiedad privada. Fin del camino.

    La impresión es que Rondeau debe ser intervenida como unidad, no como hasta ahora que se la fue abordando por tramos. Eso incluye deshacer la barrera que significa la Avenida de Circunvalación “José Hernández” para garantizar la movilidad norte-sur, pero también dotarla de la infraestructura necesaria para que auxilie a Blas Parera como distribuidor de tránsito al este de Ramírez.

    Asignarle el carácter que merece no es sólo ensancharla e imaginar canteros centrales arbolados que potencien la desprovista seguridad del peatón, sino también pensarla como parte de subsistemas macros (en relación a otras avenidas como Ramírez, Blas Parera, Circunvalación “José Hernández”, Ambrosetti, Don Bosco, Almirante Brown, Churruarín, Francia a futuro, Almafuerte) y de subsistemas micros (las calles circundantes que operan como subsidiarias), sino también como una continuidad al sur de Almafuerte, aunque pase a llamarse Garrigó, y todos los subsistemas de los que participa.

    No hay dudas de que nuevos equipamientos urbanos en calles alternativas pueden equilibrar los flujos de tránsito altamente concentrados en ciertos puntos, que es uno de los grandes problemas que tiene Paraná como ciudad.

    La naturaleza predomina en Rondeau al norte, pero de a poco cede espacio a los loteos. FOTOS: Sergio Ruiz.

     

     

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