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viernes, mayo 29, 2020
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    La calidad del gasto pasó a ser una piedra en el zapato

    El gabinete de Gustavo Bordet tiene en sus manos el reto de proponerle a la sociedad un esquema de desarrollo provincial y de convivencia ciudadana, que parta de la necesidad de que los que más tienen aporten en la medida de sus posibilidades como si fuera una inversión a futuro, acordada en espacios de participación intersectorial.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO / [email protected]

    Si para algo sirvió el primer mes de Alberto Fernández en la Casa Rosada fue para que la estructura del poder político central, que incluye a los Gobernadores, estuviera al tanto de la gravedad de la contingencia actual. Puede parecer incomprensible pero más de uno aceptaba que el diagnóstico no era halagüeño por cierto, pero que apenas se retocaren algunos aspectos fundamentales de la política económica y fiscal y se lograra refinanciar el stock de deuda sustancialmente improductiva generada ex profeso en los últimos cuatro años, se sentarían las bases para un florecimiento de la economía productiva. En criollo, según esa candorosa visión la tarea por delante consistía en desactivar los mecanismos de especulación financiera que empobrecieron al grueso de la población para reemplazarlo por un esquema que priorice el agregado de valor local o nacional, según se mire, y que por lo tanto sea alto generador de mano de obra, tanto no calificada como especializada. Lo que en campaña transmitió la propuesta Fernández-Fernández bajo la premisa de “encender la economía”.

    En fin, que si alguna duda quedaba respecto de la profundidad de la crisis y las pocas herramientas disponibles para enfrentarla, en la última semana las despejó el ministro del Interior, Eduardo Enrique de Pedro, graduado como Abogado en la universidad pública y posgraduado en Administración y Políticas Públicas en una universidad privada, a quien se le concede la habilidad del trato franco, sin rodeos, la apertura al diálogo y una actitud dispuesta a encontrar soluciones. Aseguran que la buena impresión del miembro del gabinete nacido en la bonaerense localidad de Mercedes asume unas características tales que, aunque no se lo hubiera conocido sino a través de los diarios y la televisión, los interlocutores de pronto se sienten en la confianza de llamarlo por su apodo más conocido, Wado.

    Como lo cortés no quita lo valiente, en las reuniones a solas que mantuvo con distintos Gobernadores –entre ellos, el de Entre Ríos, Gustavo Bordet- De Pedro exhibió un valioso poder de síntesis para dar cuenta de los contextos y los desafíos del gobierno nacional y un pormenorizado conocimiento de la situación del sector público en cada distrito, lo que se evidenció menos en el uso de la palabra que en la precisión con la que orientó algunas preguntas.

    Aseguran que en la reunión con el mandatario entrerriano no hubo reproches y que, por el contrario, se subrayaron algunos renglones en los que Entre Ríos exhibe un desempeño por encima del promedio de provincias. Pero De Pedro, que en general tuvo expresiones elogiosas hacia la tarea cumplida desde 2015, se esforzó para que Bordet se retirara de la reunión con la convicción de que lo realizado no resultaba suficiente para la nueva etapa y que, en algunos casos, además instalan efectos contraproducentes. Al retirarse del cónclave, el mandatario entrerriano habló de que coincidieron en seguir trabajando para mejorar “la calidad del gasto”, aunque claramente hubo alusiones también a que debe profundizarse un tipo de análisis que derive en políticas que sirvan también para optimizarla “calidad de los ingresos”. Gradualidad es una noción que puede convertirse en recurrente.

    Dada la centralidad de este asunto para los tiempos por venir, nos detendremos un instante en estas consideraciones.

     

    PASADO PRESENTE

    Blindado por el sistema de medios dominantes que invisibiliza lo ocurrido entre 2015 y 2019 y disimula las responsabilidades de sus protagonistas, el período anterior es en el imaginario corriente una especie de vacío histórico de cuyas consecuencias nadie se termina de hacer cargo. En la operación se pierden entonces las pistas de lo que fue una devastación fenomenal del tejido productivo y social, una orquestada desarticulación de funciones básicas del Estado, una apropiación multimillonaria en pocas manos de la riqueza producida y el legado de una deuda imposible de pagaren un contexto en el quela economía ha estado en recesión durante tres de los cuatro últimos años.

    Es cierto que los problemas estructurales ya se habían manifestado en toda su plenitud en la segunda parte del último gobierno de Cristina Fernández, pero un frío análisis -cuantitativo y cualitativo- permite advertir la crueldad del daño infligido y la profundidad de sus consecuencias en los años recientes.

    Al mismo tiempo, puede que entre quienes resistieron al macrismo se haya instalado la idea de que el asunto central era sacarlo del centro del poder y que, al haberlo logrado, una entendible sensación de festejo se apoderó de los espíritus a tal punto que no terminan de advertirse las enormes dificultades que concurren sobre la actual coyuntura.
    Pero, durante el repaso de las decisiones tomadas en materia económica por el gobierno nacional, en la charla del jueves De Pedro le modeló a Bordet el cuadro de situación y la estrategia de Fernández y, como ante un espejo, el Gobernador pudo advertir los escenarios que deben configurarse desde Entre Ríos para darle contenido a la formulación discursiva suya que luego circuló por la red de medios, según la cual “para poner a la Argentina de pie necesitamos provincias de pie”.

    En este sentido, no sería de extrañar que desaparezcan del diccionario corriente expresiones tales como la actualización automática y universal de haberes y beneficios jubilatorios, en función de la inflación que se registrare. La cláusula gatillo aplicada de manera indiscriminada genera, más temprano que tarde, la profundización de la brecha entre los empleados de planta y contratados que se la rebuscan y los que cobran haberes exorbitantes, mientras desdibuja el papel del gobernante, aunque sospeche que la medida -simpática- lo deja bien parado ante todo el mundo.

     

    EN PUNTAS DE PIE

    Llamaría la atención detectar que el impacto más fuerte en el gasto público no lo genera “la política”, como suelen repetir los mal informados; no son los cargos electivos, ni los asesores ni el funcionariado los que producen el más fuerte sacudón, sino las liquidaciones de una serie de ciudadanos, jubilados o en actividad, que revistan en poderes del Estado o en empresas y entes descentralizados, que a total resguardo de toda sospecha, con el máximo nivel de anonimato y nula exposición pública, se alzan en un mes con lo que a un docente promedio le puede llevar más de un semestre juntarse.

    Un adelanto de esta nueva tesitura puede emerger apenas se reescenifique la paritaria nacional docente: habrá aumentos mayores y menores, pero probablemente se focalizarán en la parte de la grilla de sueldos que ha quedado más relegada. El resto deberá esperar que soplen mejores vientos.

    Corresponde reconocer que la gestión Bordet ha hecho su parte al congelar los ingresos a la Administración pública: los pases a planta se han producido ante vacancias, generalmente por jubilaciones. Al menos es lo que está instalado, sostenido por oficialistas y no desmentido por opositores. No es un dato cualquiera, dado que servicios como salud, educación y seguridad, por citar sólo algunos, guardan directa relación con la población, cuyo crecimiento vegetativo se calcula en un 1% anual. En la reunión con Bordet, De Pedro hizo expreso reconocimiento de estas decisiones, dicho sea de paso.

    Lo propio ocurrirá en materia impositiva, asunto con el que deberá lidiar la Legislatura. La idea del Presidente Fernández es que el Estado debe intervenir en la coyuntura en favor de los que menos tienen por cuestiones humanitarias. Pero la contracara de ese planteo es un aumento de la participación tributaria de los sectores más beneficiados, aunque generándoles lo espacios de participación intersectorial que habiliten la planificación de estrategias de desarrollo para que adviertan que el esfuerzo de hoy tiene la intención de superar la coyuntura y lograr una ecuación en la que todos ganen.

    Este es un desafío del gobierno de Bordet: conformar un espacio para discutir las claves del desarrollo productivo provincial y tener propuestas elaboradas y atractivas, realizables, que integren las disímiles realidades de las economías regionales, desde la perspectiva del agregado de valor local, en un contexto general en el que nadie puede darse el lujo de pensar en el futuro sin asignarle un lugar clave a las empresas del conocimiento.

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