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sábado, enero 18, 2020
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    Un tabique monumental fragmenta a La Floresta

    A los problemas de conectividad vial propios de un amanzanamiento irregular y discontinuo, La Floresta agrega un elemento que complica aún más el panorama: las improductivas instalaciones del ex frigorífico municipal, convertido en un serio obstáculo.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO

    coordinacion@eldiario.com.ar

    Entre instituciones socialesy educativas donde se cuece a fuego lento un guiso de esperanzado presente y el Volcadero-como realidad y metáfora- que se empecina en degradarlos, en La Floresta la paradoja teje una telaraña de colores vivaces con ansias de progreso y las mezcla con hebras de un desteñido desencanto y tentacionesdemacradas de prosperidad exprés.

    Incorporando a San Agustín a las consideraciones, se trata de un sector que ha quedado encajonado entre invisibles barreras espaciales. Es lo que está detrás del Cementerio, después del arroyo Antoñico y de las vías del ferrocarril; y más acá del gigante basural a cielo abierto, el río ancho de magníficos atardeceres y los terrenos del Ejército.

    En una ciudad con muy pocos espacios verdes de volumen, el vasto terreno del ex frigorífico genera sólo trastornos. Foto Sergio Ruiz.

    Si Selva de Montiel y Galán exhiben sus credenciales para convertirse en enclaves de desarrollo comercial y de servicios e Ituzaingó amaga con ser un salvoconducto que permita deshacer distancias con el resto de la ciudad a través de calles y puentes desbordados por el tránsito, Ameghino parece haber marchado a paso más lento aún. Con sus almas diversas, en colectivo o en autos que resisten el paso del tiempo, montados a ruidosos corceles mecánicos, en bicicletas que han guerreado en mil batallas o subidos a carros armados con restos de automóviles, Ameghino empieza en el cementerio, abraza al Puente Blanco y quiebra su traza luego de las vías, lo que ostentosamente se ha dado en llamar Paseo Ituzaingó aunque la dotación de infraestructura urbana por allí haya sido poco generosa.

    UN LUGAR CON HISTORIA

    Yendo hacia el oeste, después de la Comisaría Quinta y antes del Club Sportivo Urquiza, una mole de ladrillo, cañerías, hormigón y estructuras de metal ha quedado como mudo testigo del atraso que produjo en la zona el cambio de matriz productiva de la ciudad. Son las ruinas del viejo frigorífico municipal que, junto con el Corralón y el Vivero, fue la punta de lanza de la parcelación de las antiguas quintas que allí existían. El loteo aquel buscó resolver el problema que significó el desplazamiento obligado de residentes de otras zonas de la ciudad donde se ejecutaron proyectos de urbanización.

    En un par de décadas se cumplirá un siglo de cuando empezó a cobrar forma el matadero, cuya producción se destinaba al consumo local. El establecimiento fabril se quedó con 6 de las 52 hectáreas de La Floresta: el resto debía destinarse a un plan general de urbanización. El nombre de la calle del frente del Matadero Modelo Frigorífico Municipal (Enrique Acebal) rinde honores al intendente bajo cuya gestión de inauguró la planta, el 28 de diciembre de 1941.

    Pero luego la industria de la carne entró en un proceso de transformación y, al día de hoy, ya sin ninguna actividad desde hace añares, ese bloque atapialado constituye un deslucidoentabicamiento.

    Varios problemas confluyen al considerar una eventual reasignación de sentido y funciones para esta superficie que, a ojo de buen cubero, podría estimarse en al menos un par de manzanas grandes. En primer lugar, se trata de un terreno cuya escritura está en poder de un particular. Ha habido una ley que dispuso su expropiación, pero luego los trámites administrativos no se continuaron y, dado que ya pasaron los dos años fijados para que el proceso se complete, sería necesario insistir con una iniciativa similar, tal como por otra parte ha ocurrido en numerosos casos.

    El aspecto ajado de toda la barriada es un reflejo de lo abandonada de toda atención oficial que está la zona. Foto: Sergio Ruiz.

    UN PLAN

    Luego viene otro asunto crucial: qué destino darle a ese predio una vez que el Estado provincial tome posesión. Naturalmente la Municipalidad debe ser convocada, en procura de armonizar criterios, en base a un planeamiento urbano que vincule lo particular a un diseño general, de corto, mediano y largo plazo.

    Es cierto que faltan tierras libres para construir viviendas (aquí se incorporarían a un área que cuenta con los servicios fundamentales, de paso);y es verdad también que, en todo ese sector (La Floresta, San Agustín y barriadas vecinas), vendría muy bien un descentrado centro cívico que reúna e integre dependencias municipales y provinciales que jerarquicen los servicios existentes (seguridad, salud, registro civil y otros), desbordados y disgregados.

    Desde este lugar, sostenemos lo ya señalado en notas anteriores. La ciudad carece de espacios verdes de respetable dimensión, con predominio vegetal y áreas para el esparcimiento y el encuentro ciudadano. De hecho, salvo algún terreno yermo o una desprovista placita, en torno al ex frigorífico las casas están apiñadas; esa combinación de ladrillo, baldosas, cemento, chapa y veredas angostas parece reclamar un parque urbano. Después de todo, lotes sueltos es mucho más sencillo de conseguir que tierras indivisas, como la del predio que nos ocupa.

     

     

     

     

     

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