Reconocimiento a un entrerriano sembrador de esperanzas

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Desde hace décadas el misionero paranaense trabaja para sembrar semillas de esperanza en África.

En la década del 60, Andrés Randisi dejó Paraná inspirado por su vocación de sembrador de esperanzas. Como misionero, integrante de la comunidad salesiana llegó años después a la Patagonia.

 

Allí dejó una huella imborrable, al punto que el mes pasado, en Puerto Deseado, le brindaron un significativo reconocimiento.

En esa pequeña ciudad del sur de Argentina, en la provincia de Santa Cruz, emplazaron una escultura que lo representa, como gesto de gratitud a este coadjutor salesiano nacido en Paraná.

Randisi –quien es misionero desde hace 30 años en Angola– llegó en los años 70 del siglo XX a Puerto Deseado y se empeñó a tal punto en hacer crecer a los jóvenes de la localidad, que marcó positivamente a una generación.

El religioso regresó a La Argentina a mitad de octubre pasado, invitado por el intendente de Puerto Deseado, Gustavo González, con motivo del homenaje que la ciudadanía de esa localidad quiso hacerle: una estatua de metal, obra del herrero y artesano Aldo Soto.

En la mañana del 15 de octubre, la Municipalidad de Puerto Deseado nombró a Andrés Randisi, SDB, como “Huésped de Honor”, y procedió en un acto público a descubrir el trabajo.

“Andrés Randisi, Maestro Salesiano – sembremos la esperanza” se lee en la placa situada en la base de la escultura, que fue colocada en la Plaza Ezequiel Ramos Mexía, y que al día siguiente fue declarada “de interés cultural” por el Consejo Municipal.

ENTREGA

De paso por Paraná, –donde residen familiares y amigos, y para celebrar los 99 años de su madre–, Randisi dialogó con periodistas y visitó EL DIARIO, al que habitualmente lee desde Angola a través de su edición en Internet.

Acompañado por el ingeniero Francisco Etchevers –quien espera viajar como voluntario a Angola para brindar cursos de capacitación en comunidades rurales de ese país– el misionero salesiano manifestó su optimismo pese a las condiciones en que vive la mayoría del pueblo angoleño.

Para el entrerriano “es posible generar cambios” en aquellas latitudes y destacó que “las escuelas salesianas en Angola, no dan abasto”. La matrícula comprende miles de alumnos en los distintos niveles (primario, secundario, terciario y universitario) “fundamentalmente de los sectores más desfavorecidos de la población”.

En la charla, el misionero entrerriano comentó aspectos de la vida cotidiana en Angola y destacó la impronta de Don Bosco como educador.

“Hay un solo instrumento que nosotros los salesianos utilizamos con los jóvenes de todo el mundo: se trata de acompañarlos… Esto significa hablarles de corazón a corazón, para corregirlos y ayudarlos a crecer”, señaló el misionero.

PUNTOS COMUNES

“La naturaleza del ser humano es la misma, no importa el color”, recordó en la charla Randisi. Y explicó que en Angola la sociedad “es muy tradicional”. Allí “trabajan las mujeres y el hombre ‘manda’”, un eufemismo que encubre una situación de dominación y sometimiento en una sociedad fuertemente estratificada y asentada en roles establecidos ancestralmente.

Inquietud profunda por la penetración del “flagelo de las drogas” entre los jóvenes, el misionero entrerriano revalorizó el trabajo que realiza junto a su comunidad que hace que la presencia salesiana sea “importante”.

Para aportar a generar cambios en aquel país y brindar perspectivas de futuro a los jóvenes “cada  casa salesiana trata de abrir centros profesionales para que los adolescentes y jóvenes aprendan un oficio, se desarrollen humana y laboralmente en una profesión”.

La estructura productiva de Angola se centra en la explotación intensiva de recursos naturales, en áreas como minería, energía y forestal. En los centros urbanos “existen algunas industrias mecánicas y hay un incipiente desarrollo de la informática”

Actualmente hay 12 misiones salesianas en ese país y las ofertas educativas comprenden desde el nivel básico de escolarización hasta la articulación con la universidad. “Nos planteamos formar a la muchachada en cuestiones que vemos venir, como informática, robótica y mecánica”, explica Randisi, que ha hecho del trabajo social con niños y jóvenes uno de los pilares de su acción vital.

Para este entrerriano del mundo que no pierde su carácter serenamente optimismo que lo impulsa a gestionar permanentemente a favor de los sectores vulnerables y desfavorecidos socialmente, “hay pasos esperanzadores, aunque (en Angola) el porcentaje de pobreza es alto, ya que alcanza, en una estadística casera, el 70 por ciento de la población”.

Una realidad que cotidianamente se empeñan en mejorar voluntarios de España, Portugal, Uruguay, Argentina, Brasil, Corea y Vietnam. A ellos espera sumarse en el futuro el ingeniero Francisco Etchevers.