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La planta que les cambió la vida

Mamá cultiva. Una asociación por el uso medicinal del cannabis.

Son mujeres con hijos que sufren diversas patologías. Después de años de verlos convulsionar y sufrir tuvieron conocimiento de una forma natural, económica y sin efectos adversos de mejorarles notablemente la calidad de vida.

Ellas llegaron seguras, orgullosas, dispuestas a mostrar al mundo sus remeras estampadas con la leyenda “Mamá cultiva”.

Jessica Heinze, Carola Olavarría, Susana Vivas, Yolanda Toobe, Dora Avilé y María Torrentes, integrantes de Mamá Cultiva Entre Ríos.

Luego de ver sufrir y convulsionar a sus hijos, o de padecer dolores invalidantes, unas pocas gotas por día de aceite de cannabis lograron trocar todo ese sufrimiento en vida y esperanza. Hay una vida antes y después de la planta, afirman.

Ellas, contra los prejuicios, los intereses económicos y las viejas recetas se informaron primero y, sin dudarlo, apostaron por esa posibilidad que les prometía una mejor calidad de vida para sus hijos.

La unión. “Somos mamás que nos reunimos por una necesidad de encontrar una mejor calidad de vida para nuestros hijos y lo conseguimos con la planta. Nos seguimos reuniendo cuando se sancionó la ley a nivel nacional y necesitábamos que la provincia adhiera, seguimos con ese trabajo, nos reunimos con diputados después con senadores y lo logramos. Estamos más que felices por eso”, arranca diciendo Carola Olavarría, presidenta y alma mater del grupo paranaense de Mamá Cultiva.

Cuenta además que el uso medicinal del cannabis trajo alivio a personas con diferentes problemáticas, que van desde epilepsia refractaria, fibromialgia, pacientes oncológicos, Alzheimer, pánico o migraña.

Pero, ¿cuáles son los beneficios concretos que aporta esta planta, asociada con la clandestinidad y condenada de antemano?

“En nuestros hijos logra detener las crisis convulsivas y por lo tanto reducir la medicación. Por ejemplo: un chico que tomaba 35 pastillas diarias pasa a tomar tres. Se evitan muchos de los efectos adversos de las pastillas. Teníamos hijos desconectados, babeándose y convulsionando. Cuando conocimos el cannabis medicinal todo eso quedó atrás. Bajamos la cantidad de pastillas. Nuestros hijos dejaron de convulsionar o lo hacen con menos frecuencia e intensidad. Teníamos hijos que no nos miraban a los ojos, que no sabían que estábamos ahí. Hoy están interactuando con nosotros y socialmente. No sólo mejora la calidad de vida de ellos sino también de toda la familia”, describe Carola con precisión y entusiasmo, ante la consulta de EL DIARIO.

Plantas. Ellas cultivan sus plantas para poder extraer el aceite salvador. Y eso no es fácil. No sólo porque requiere pericia y conocimiento sino también porque cultivar plantas de marihuana (sea con el fin que fuere) es ilegal en Argentina.

“El problema mayor es el miedo al allanamiento por la denuncia de un vecino. Es el miedo a que irrumpan en nuestras casas y nos lleven las plantas que necesitamos para hacer el aceite que necesitan nuestros hijos”, coinciden todas.

Una dice: “Un vecino me trata distinto desde que vio la planta en mi balcón”.

Otra: “En mi trabajo están los que aprueban y los que desaprueban”.

También: “Mis compañeros me bautizaron ‘Mari’, por marihuana”.

Hay familiares que se oponen, que se escandalizan. Pero quienes han visto de cerca el antes y después, las convulsiones, los ahogos y las lesiones producidas en cada ataque, y luego la vida más pausada, distendida, no pueden dejar de alegrarse y celebrar ese descubrimiento.

Pero Carola aclara: “El miedo no está permanentemente. Esto se consiguió por hablar, expresándonos. Así logramos que diputados y senadores nos escucharan”.

Proceso. ¿Es difícil cultivar cannabis? Las respuestas son variadas y luego acuerdan que va mucho en la mano de quien lo hace.

Asesoradas por cultivadores locales que solidariamente aportaron datos, semillas y experiencias, las Mamá Cultiva arrancaron en sus casas con paciencia y tesón.

“A veces vos estás encima de la planta y es como que se estresa y no crece. Pero si le das su espacio, se pone bien”, aseguran.

El aceite se extrae de la flor, que se macera en alcohol de cereal. Luego se filtra y a través de un baño María se logra evaporar los restos de alcohol existentes. La resina que queda es lo que se utiliza.

Ellas se enteraron del uso medicinal del cannabis a través de algunas charlas e información que circulaba por Internet. Pero el acceso al aceite era costoso y difícil. Comprarlo sale caro y nadie asegura que el producto sea puro y de buena calidad.

Cultivadores locales –para uso personal- las asesoraron y proporcionaron las semillas y así comenzaron, compartiendo logros y fracasos.

“Generalmente, un laboratorio elabora un medicamento, se lo da al médico y el médico nos lo daba a nosotros. Esto fue al revés. Nosotros descubrimos el medicamento, fuimos al médico y ahí nos quedamos. Sin ningún laboratorio de por medio”, reflexiona Carola.

Una de las mamás cuenta que uno de los medicamentos que tomaba su hijo cuesta 5.000 pesos. Otra, debía invertir 11.000 pesos en jarabes y píldoras. Ahora, con una planta sustituyen gran parte de esas medicinas.

Pero los beneficios no sólo consisten en el ahorro. También, y en especial, en evitar los efectos adversos que provocaban las drogas.

En primera persona

Si bien el grupo se llama Mamá Cultiva, no todas sus integrantes se acercaron para buscar soluciones a los problemas de sus hijos. Hay integrantes que son quienes padecen algún tipo de enfermedad.

Dora Avilé, María Torrentes y Yolanda Toobe sufren fibromialgia, que se caracteriza por dolor musculoesquelético generalizado y sensación dolorosa a la presión en unos puntos específicos del cuerpo. Ese dolor se parece al originado en las articulaciones, pero no es una enfermedad articular.

“En el aceite de cannabis encontré la solución a mi vida. Hoy estoy en pie gracias al cannabis y no tomo ningún medicamento. Antes tomaba 16 pastillas por día”, dice María. Antes, debían inyectarle analgésicos o hasta morfina para poder sobrellevar los aterradores dolores en todo el cuerpo.

“En mi caso particular, llego al cannabis después de tomar 30 pastillas diarias entre analgésicos, vitaminas. Tengo una fibromialgia en un estado muy avanzado. Debía tomar medicamentos para dormir, para despertar, para andar. Me dijeron que tengo una mutación en el hígado por toda la medicación que he tomado. Llego al cannabis por una mamá de la escuela de mi hija que también sufre lo mismo y me sugirió que probáramos. Así me comuniqué con Carola y bajé de 30 pastillas a tres. En mi caso, los efectos se vieron en forma rápida y progresiva”, relata Dora.

 ¿Por qué el autocultivo?

En 2017, el Congreso Nacional sancionó la Ley de Uso Medicinal de Cannabis. La norma estableció la legalidad de su uso y creó un registro de usuarios pero solamente para pacientes de epilepsia refractaria. El cultivo de la planta y elaboración del aceite quedó restringido al INTA y al Conicet.

Lo que se advierte desde Mamá Cultiva es que ese proceso de producción y distribución del aceite a un año de sanción de la ley todavía no ha comenzado y que puede llevar mucho tiempo.

Además, resaltan que con el autocultivo pueden variar las cepas con las que producen el aceite y así evitar el acostumbramiento en los pacientes.

La semana pasada, el Senado Provincial sancionó una ley que adhiere a la norma nacional y además crea en el ámbito de Entre Ríos un registro de pacientes usuarios de aceite de cannabis. Esta semana, las Mamá Cultiva se reunirán con la ministra de Salud, Sonia Velázquez, para comenzar con ese trámite.

 Al margen

Todos los meses, Mamá Cultiva dicta talleres de germinación y cultivo en la sede del Rectorado de la UADER.

Quienes quieran comunicarse con la asociación pueden hacerlo a través de su Facebook: Mamá Cultiva Entre Ríos.