Calderón: entrerriano formador de directores de orquesta

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Pedro Ignacio Calderón: impronta entrerriana en la formación de directores de orquesta.

Condujo la Filarmónica de Buenos Aires y la Orquesta Sinfónica Nacional por décadas y formó numerosos colegas, entre ellos el actual titular de la Sinfónica de Entre Ríos (OSER). Regresó a Paraná, donde nació, para dirigir, esta noche, un concierto organizado por el IAPSER en el marco de su 70º aniversario para recordar su debut como director, al frente de la OSER, en 1949.

 

Redacción El Diario / coordinación@eldiario.com.ar

 

Era una ciudad muy diferente, una gran aldea, cuando Pedro Ignacio Calderón partió de Paraná, a los 13 años, tras alcanzar el máximo nivel factible en cuanto a formación musical e interpretación musical como pianista. Luego se radicó en Buenos Aires para continuar sus estudios. Pocos años después viajó becado a Europa. Y luego, tras ganar un concurso internacional, se desempeñó en la Filarmónica de Nueva York, como asistente del célebre Leonard Bernstein. A su regreso fue designado director de la Filarmónica de Buenos Aires y durante más de 25 años dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional. Por su trayectoria, recibió numerosos reconocomientos, y en 2002, Buenos Aires lo distinguió como Ciudadano ilustre.

En unos meses espera celebrar su cumpleaños número 86. Durante las siete décadas que median entre su partida de la capital de Entre Ríos y el presente, ha regresado muy espaciadamente. Su anterior visita fue en 2008. Esta semana volvió para reencontrarse con un momento de su historia en un aniversario crucial: los 70 años de su primer concierto como director, que concretó al frente de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos. Fue en 1949 y de aquel momento, entre otras anécdotas, el maestro recuerda los ensayos, “en el hall de acceso del Teatro 3 de Febrero, con los músicos ubicados en las escaleras de ingreso, porque el escenario estaba ocupado”. Un año antes, había participado como solista en el primer concierto brindado por la OSER, ocasión en interpretó el Concierto para piano y orquesta de Edward Grieg.

Calderón llegó a Paraná invitado por su alumno Luis Gorelik –director de la OSER- para dirigir un concierto. La actividad, que se desarrollará esta noche desde las 20 en el CPC –con acceso libre y gratuito- forma parte del ciclo cultural organizado por el Instituto Autárquico Provincial del Seguro de Entre Ríos (IAPSER), para celebrar su 70º aniversario.

 

ACTIVIDAD PLENA

Amante de la buena cocina, el maestro disfruta de esos pequeños lujos “que nos ha regalado la vida”. Problemas personales relativos a la movilidad –fue intervenido recientemente en sus caderas, pero ya se encuentra “en franca recuperación”- lo han limitado en cuanto a sus desplazamientos. Pero no han hecho mella en sus facultades intelectuales, que continúan encendidas, tal como lo demuestra el énfasis en su voz y la chispa vital que destella tras sus ojos azules.

“Paraná ha sido una presencia permanente en mi vida y en mi recuerdo”, acepta Calderón. Y destaca que la formación musical que recibió aquí “fue muy completa”.

“Dejé la Sinfónica Nacional, pero sigo activo”, confía Calderón a EL DIARIO. “He estado dirigiendo agrupaciones juveniles, con actividades muy interesantes, en Chascomús, donde hay un excelente grupo de intérpretes muy formados; también la orquesta de jóvenes de Florencio Varela, con quien tuvimos que repetir un concierto de Brahms en la Facultad de Derecho de la UBA”. Y recientemente en Córdoba, al frente de la orquesta de esa universidad, “integrada por músicos de hasta 30 años de edad, con gente muy bien formada. Con ellos hicimos la 6ª Sinfonía de Tchaicovsky, una obra de mucho compromiso. Y nos fue muy bien”, completa satisfecho.

Mientras la mañana avanza, en un día espléndido, el maestro disfruta la charla frente al Parque Urquiza. Y remarca un detalle que lo ubica en sus orígenes. “Quiero destacar que la formación musical que recibí aquí, en Paraná; fue muy completa. Incluso yo mismo me sorprendí”, recuerda. “Cuando ingresé al Conservatorio Nacional, en Buenos Aires, en 1948, en las clases de composición y armonía me encontré con que las cosas que me presentaban, las sabía. Y las sabía bien. Me resultó fácil porque trabajaron sobre lo que ya había aprendido. Eso se lo debo a mi maestra Dona María Barreda de Vázquez, que me enseñó piano, y era muy buena didacta”.

De todas formas no desconoce que, con el maestro (Vincenzo) Scaramuzza, ya en la Capital Federal “las cosas fueron diferentes”. “Me tuvo `a pan y agua´ durante un año, y tuve que aprender nuevamente a mover los dedos sobre el teclado.  Pero progresé rápidamente. Fue él quien me peparó para el concierto para piano y orquesta de (Edward) Grieg, con quien me presenté en el primer concierto de la sinfónica de Entre Ríos, como solista de piano, en 1948”.

“La verdad es que Paraná ha sido una presencia permanente en mi vida y en  mi recuerdo”, acepta Calderón. Y asegura que lo sorprendió la invitación para dirigir en Paraná y en Concepción del Uruguay para recordar este aniversario de aquel concierto de 1949. “No me lo esperaba. No tenía en cuenta este acontecimiento que vamos a recordar con el concierto. Fue una idea de Luis Gorelik, que fue uno de mis alumnos. Y estoy encantado”.

 

AYER Y HOY

Al revisar las etapas en su propia formación como director, Calderón reconoce que fue “básicamente autodidacta”, y subraya que actualmente existe un proceso educativo formal para nuevos directores que se ha consolidado. “Se han dado pasos importantes que han modificado sustancialmente lo que pasaba en aquella época”, dice.

“Mi forma de aprender en ese momento fue asistir a los ensayos de los grandes directores europeos, de primera línea, que por aquella época llegaban a dar conciertos en el Teatro Colón. Esas eran mis clases”, rememora.

La formación formal la logró al viajar becado por el Fondo Nacional de las Artes, en 1963, a Europa. Allí –luego de una instancia introductoria muy breve que tuvo antes de partir, concretó el primer contacto “con la docencia real e importante a nivel de la dirección orquestal”, en la Academia Santa Cecilia, de Roma.

La otra gran instancia de formación importante fue cuando ganó un concurso que le posibilitó viajar becado a Nueva York y trabajar durante un año como asistente para trabajar en la Orquesta Filarmónica. “Allí pude entender el trabajo en una gran orquesta, de primera categoría y aprender junto a los grandes directores”.

 

VAIVENES

Inquieto por la Sinfónica Nacional, señala que “la orquesta no ha recibido el estímulo ni el apoyo que debiera, por parte de las autoridades en la actual gestión”. Y critica los vaivenes a los que se ha visto sometido el organismo a lo largo de su historia: “siempre estamos pendientes del interés, el humor y la sensibilidad que pueda tener el funcionario que esté al frente del área de la cual depende la orquesta”. Y recuerda el Vía Crucis “penoso, plagado de dificultades” para contar con un espacio para poder ensayar y desarrollar sus actividades. Ahora se trabaja en el CCK donde, acepta Calderón, hay un auditorio de excelente condiciones. Sin embargo “aún persiste el problema salarial, ya que los sueldos que perciben los músicos son bajos, menores a la remuneración de otras orquestas del país, como las del Teatro Argentino de La Plata y de la orquesta Sinfónica de Bahía Blanca”.

Pese a todo, concluye, “la Sinfónica Nacional ha sido distinguida recientemente con el Premio Konex como la mejor orquesta de los últimos diez años. Es decir ha mantenido un gran nivel en un panorama en que se carece de políticas de Estado, en cuanto a cultura. Lo que hay son fluctuaciones y discontinuidades. Por lo general, lo bueno que plantea una gestión, la que la sucede lo deja de lado; todavía no entiendo por qué. Tal vez ese sea nuestro destino como habitantes de este país, vivir permanentemente en crisis y recomenzar, como Sísifo, a subir la cuesta cada tanto”.

 

TRAYECTORIA

 

Pedro Calderón nació en Paraná, donde comenzó sus estudios musicales de piano. A los 15 años participó como solista en el primer concierto efectuado por la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos en el año 1948; y un año más tarde debutó como director al frente de dicho organismo. Continuó sus estudios en Buenos Aires y Roma. Algunos de sus maestros fueron Vincenzo Scaramuzza, Alberto Ginastera, Hermann Scherchen y Fernando Previtali.

En 1958, fue director titular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Tucumán y, en 1963, gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes estudió durante más de un año en Italia. En 1963, ganó junto con Claudio Abbado y Zdenek Kosler el primer premio del Concurso Internacional para Directores de Orquesta “Dimitri Mitropoulos”, organizado por la Orquesta Filarmónica de Nueva York, lo que le permitió trabajar durante un año como director asistente de Leonard Bernstein.

A su regreso fue designado para el cargo de director musical de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires que desempeñó por más de 25 años. Entre 1994 y 2015 se desempeñó como director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional, con la que realizó numerosas giras por la Argentina y el extranjero, incluyendo Japón y los Estados Unidos.

Recibió en la categoría de director de Orquesta de Música Clásica el diploma al mérito de la Fundación Konex en 1989; y el Premio Konex de Platino en 1999. Fue declarado ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en 2002.

La Sinfónica rendirá homenaje al maestro Pedro Calderón