Creatividad e innovación en la escuela secundaria

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Uno de los productos robóticos fabricados por los alumnos de la Juan XXIII.

Sin proponérselo, un grupo de estudiantes demostró que con inteligencia, organización y trabajo colectivo se pueden encontrar soluciones a problemas concretos, mientras exploran en el mundo de la tecnología y comprueban que el trabajo sistemático es el que da los mejores resultados.

 

Redacción El Diario | [email protected]

Como parte de las propuestas de la materia Laboratorio 3 a cargo del ingeniero electrónico Fabricio Taborda, un grupo de estudiantes se hizo cargo de un modo creativo de una consigna según la cual debían producir una innovación, lo que los llevó a explorar en técnicas, en materiales, en dispositivos y en programas, con consultas a manuales tradicionales o libros en papel, tutoriales de internet, y distintas personas que el docente sugirió como idóneos.

El encuentro con  El Diario se produjo en una calurosa siesta. El

Instituto  Superior Juan XXlll está ubicado en Los Ceibos y Los Zorzales. Si bien el docente prefirió que los protagonistas de la entrevista sean los estudiantes – tal como ocurrió en el proceso de aprendizaje- compartió algunos criterios que vale la pena incorporar.

“Estos trabajos, con los que obtienen la Tecnicatura en Electrónica, forman parte de la propuesta académica de Laboratorio 3” dijo , al informar que “cada proyecto fue elegido libremente por los alumnos, con la orientación nuestra”. A lo que el docente se refiere es que las consignas de trabajo contemplan la aplicación de tecnologías a iniciativas novedosas. En ese sentido,  agregó que “estos trabajos comenzaron a ser diseñados en marzo” y que  “han trabajado todo el año”.

La idea es que sobre el producto confluyan los saberes compartidos a lo largo de la carrera. “Esta materia reúne los conocimientos que han aprendido desde el primer año hasta el último, por ejemplo: sistema de control, automatización, cálculos de costos, y hasta las prácticas profesionalizantes”.

Ante una consulta, Taborda destacó el empeño de los alumnos al decir que “hubo muchos aspectos que tuvieron que  investigar antes y durante el desarrollo del proyecto, más allá, incluso, de los contenidos curriculares”. Más allá del producto final en sí, a los alumnos se les pidió una carpeta técnica, otra para el usuario, y una gerencial (ejercicio que sirve para buscar hipotéticos interesados)”.

Lo que EL DIARIO advirtió durante su visita es que entusiasmo y capacidad tienen de sobra, y que acaso, con una inversión adecuada los resultados podrían ser mejores aún.

Movilidad

A la hora de la entrevista, los alumnos se enfocaron en aspectos técnicos de los proyectos. Por ejemplo, Marcelo Yacopetti, Martin Donda, y Juan Manuel Palacios, que crearon una silla de ruedas, explicaron que “el aporte de nuestro proyecto es que le agregamos a la silla convencional el reconocimiento por voz”.

Ante una pregunta detallaron que “en el taller de la escuela hicimos las placas, las diseñamos, y programamos con una placa de programación que se llama Arduino en su modelo 1. El funcionamiento se hizo a través del modelo joystick, con dos potenciómetros. Según la dirección en que se gire, le envía datos a la placa, que capta esa información y opera en consecuencia” señalaron los entrevistados para luego completar que “la otra forma de operar la silla es a través del sistema bluetooth: se le envía una información que el módulo interpreta”. En ese sentido, explicaron que  “el dispositivo tiene la capacidad de reconocer voces a través de órdenes sencillas, del tipo adelante, atrás, izquierda, derecha, parar, y luces”. Para el diseño se tuvieron en cuenta aspectos vinculados a lo estético y a la comodidad del usuario.

Autoservicio

Hay casos en que la complejidad no está a la vista sino en los mecanismos que lo animan. Es el caso del proyecto de Marcelo Noguera, Francisco Atencio y Luis Yang,  quienes crearon una expendedora de alimentos. “Quisimos hacer un desarrollo poco común en nuestro país: un máquina expendedora de alimentos; y para ello resolvimos hacerlo lo más barato posible” le dijeron a EL DIARIO antes de explicar que “funciona con dos motores que sirven para realizar movimientos de forma horizontal y vertical”. Al resto del trabajo lo hacen  los  servos y los espirales  sin fin.

Ante una consulta referida a cómo se opera para lograr el servicio señalaron que  “para detectar la moneda o el billete tiene un sistema con sensor”. Además, explicaron que “se trata de un prototipo casero, hecho con maderas; las máquinas expendedoras grandes que se venden en el país son muy caras, y son muy pocas las que hay en la calle. Es un producto poco comercializado, dado que son importados”.

Autómatas

Una de las cuestiones que apareció en las charlas informales es cómo lograron la inversión para los insumos utilizados en los distintos modelos hasta llegar al definitivo. Para ello, vendieron pastas y huevos de pascua.

Pero también recolectaron materiales de sus casas, y otros fueron donados. Hay que tener en cuenta que para materializar estos proyectos se precisan elementos no siempre corrientes. Por ejemplo, motores de distintos tamaños, cables, fichas, recipientes,  placas, tornillos, mangueras, bulones, pintura, madera, y plásticos.

Algo de eso les pasó a Lautaro Revilla,  Leandro Almarante,

Marcos Della Ghelfa, Valentin Walpert  y Mariano Frank, que integran dos equipos diferentes, con productos robóticos. “Los dos tiene motores; la diferencia es que uno está erguido y el otro está en cuatro patas. En ambos casos le podemos ordenar movimientos específicos, por ejemplo al robot que camine, y al cuadrúpedo que se mueva como si fuese una araña”. Luego  agregaron que “al esqueleto lo hicimos en una impresora 3D.Una vez que tuvimos las partes, unimos y programamos”.

En respuesta a un interrogante, explicaron que “las partes azules son los motores. Se necesitó un motor por articulación para generar el movimiento; por ejemplo, en el caso de la araña, se utilizaron 12 dispositivos de este tipo”.

Bajo agua

El prototipo de submarino tiene una historia que cuenta del desafío que implicó. El último intento  en la escuela tuvo lugar al final del Siglo XX. Ahora los alumnos Leandro Sanchez y Juan Pablo Cabrol retomaron el proyecto y los resultados fueron satisfactorios.

“El corazón del diseño es un tubo de PVC de gran dimensión. Internamente  tiene un comando central, que es un mecanismo Arduino 1que se activa por bluetooth. Además, dos servomotores de 13 kilos cada uno para mover tanto el timón como las aletas. Pero no solo eso: un motor de 24 volt, y una bomba para extraer agua” indicaron los entrevistados. Luego añadieron que “ una serie de cálculos matemáticos nos permitió determinar cuánto peso teníamos que agregarle para compensar todo el aire del tubo principal”. Por último, consignaron que ”para resolver problemas puntuales de comunicación nos inclinamos por el sistema bluetooth, que cumplía con lo que el prototipo necesitaba”.