Aconsejan volver a lo natural para combatir la obesidad

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La nutricionista María Laura Larrateguy asegura que “la obesidad es responsabilidad de toda la sociedad”.

Nuestro país tiene la segunda tasa más alta de sobrepeso en menores de 5 años de América Latina y el Caribe. La responsabilidad es de todos como sociedad, así lo considera la licenciada en Nutrición, María Laura Larrateguy.

 

Redacción El Diario | coordinacion@eldiario.com.ar

 

En diálogo con EL DIARIO, María Laura Larrateguy aseguró que “estamos atravesando una situación en la cual la industria alimentaria nos ofrece alimentos de muy mala calidad, lo que se suma a que somos sedentarios. Esa combinación hace que nuestro cuerpo tenga más reservas de grasa y no las consuma”.

La profesional hace hincapié en que las industrias alimenticias tienen mucho que ver con lo que está sucediendo.

“A nosotros nos forman en la universidad diciéndonos que enseñemos al paciente a comer, a medir las porciones, a regular la ansiedad, el apetito, pero es muy difícil cuando del otro lado tenés una industria alimenticia muy fuerte. Por ejemplo, si vos abrís un paquete de papas fritas y yo te digo ‘cerrá los ojos’, te va a invadir el olor y el sonido del paquete, todo está pensado, no se elige al azar que el paquete haga o no ruido. Se sabe que lo que es crocante estimula mucho más el apetito y está relacionado con el placer y todos esos olores que se sienten desde niño, porque no se pueden comer dos o tres galletitas como es la porción que se indica porque tienen un montón de químicos, que muchas veces no están explícitos en los ingredientes y están enmascarados. Entonces, la persona sabe que tiene que comer menos y regular las cantidades, y químicamente, no puede dejar de hacerlo”.

DESDE EL EMBARAZO

“Nadie elige estar en sobrepeso y cuesta un montón volver para atrás. Por eso hay que insistir en estas medidas de prevención, empecemos a hablar desde el embarazo, sigamos con la lactancia, con la alimentación en los primeros meses y después con hábitos alimentarios saludables”, expresó Larrateguy.

La profesional destaca que se debe reeducar el paladar y enseñar a comer sano a las generaciones futuras, principalmente desde el embarazo.

“Hay que empezar a educar mejor a las generaciones futuras, hoy está comprobadísimo que esto empieza desde el embarazo porque todo atraviesa la placenta, se forma gracias a la alimentación materna. Esto va a condicionar el estado nutricional del bebé y del adulto futuro”. Inmediatamente, agregó que “los estudios indican que, si se quiere hacer prevención de la salud, se debe empezar a cuidar a las embarazadas para evitar que haya factores externos que incidan en la salud del bebé, con acompañamiento. Se le debe indicar si está apta para hacer actividad física”.

La profesional también se refirió a la importancia de la lactancia materna. “Hoy en Argentina todavía quedan muchas mamás que no llegan a amamantar y la mayoría de las veces es por falta de acompañamiento, no es por falta de deseo, a muchas en las primeras horas de vida del bebé se les indicó alguna fórmula láctea por parte de un profesional de la salud. La lactancia materna está aconsejada hasta los seis meses, que es lo mínimo que pide la Organización Mundial de la Salud para que la lactancia cumpla su rol protector”, remarcó.

QUÉ ESTAMOS COMIENDO

Los datos son alarmantes, 60% de adultos obesos y 40% de niños con sobrepeso. Larrateguy analiza “qué hicimos que hoy tenemos estos datos, qué ha pasado”.

Luego insiste en la importancia de leer las etiquetas de los productos que compramos, galletitas, lácteos, jugos, dulces, lo que sea. Para enseñar esta práctica, en su consultorio hay etiquetas y envases de distintos alimentos.

“Empezar a leer los ingredientes de los alimentos, usemos una lupa porque a veces están en letras muy chicas y en lugares incómodos, donde se abre el envase”, afirmó.

“Se está hablando mucho de la revolución alimentaria, de saber nosotros qué estamos comiendo, de decidir nosotros qué queremos introducir en nuestro cuerpo, que no nos impongan de afuera cómo alimentarnos”, indicó.

La entrevistada dice que hay que rever algunas listas de alimentación, como la de los primeros meses para el bebé. “Los primeros ingredientes del ‘nestum’ son harina de trigo, azúcar y harina de arroz o de maíz, según el sabor, se le está dando harina y azúcar al bebé, cuando se le podría dar una banana. Esto junto con leche de fórmula, vainillas, galletitas que son industrializadas y ultra procesadas. El queso untable que se le agrega al puré tiene proteínas, carbohidratos, grasas totales, sodio, pero también tiene estabilizantes que no sabemos qué son, goma exántica que es para que sea más espeso, ins 415 –conservantes-, acidulantes, dióxido de titanio, el cultivo de bacterias y el cuajo microbiano están en los últimos lugares, cuando deberían ser la base del queso. Esto se come todos los días porque con esto nos acostumbraron a desayunar”.

Entre lo que se advierte en muchas etiquetas, la nutricionista señaló que “también está el jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF) que tampoco está estudiado el efecto que tiene en los seres humanos y lo tienen casi todos los productos, las sopas, el pan lactal, las hamburguesas porque da un dulzor mucho más económico que el azúcar y más adictivo. Entonces te hace consumir más, y cuando se metaboliza no se metaboliza como el azúcar, sino que va directo a reservas de grasas, provoca más resistencia a la insulina, hígado graso porque está sobreexigido tratando de metabolizar esa fructosa y se satura. Lo mismo pasa con los edulcorantes”.

Larrateguy aseguró que “hay conflictos de interés no declarados. Si uno dice la Sociedad Argentina de Nutrición y va a un congreso y te reciben promotoras de una gran marca láctea, y te entregan un muestrario, está financiada”. Por lo tanto, aconsejó que “hay que tratar de comer lo más natural posible”.

EN EL CONSULTORIO

La nutricionista narró qué sucede cuando llega una familia al consultorio y la importancia de inculcar hábitos saludables desde niños. “Hoy llegan familias a la consulta, y vienen por uno de los chicos, y uno sabe que al que está flaquito visualmente tampoco le hace bien comerse las galletitas dulces rellenas, las papas fritas o la gaseosa. Los cambios que se deben hacer deben ser familiares, y el hermano también va a comer lo mismo, no se puede tener a una criatura dándole un budín casero y al otro una galletita de marca, llena de grasa y chocolate”.

“Cuando los hábitos se hacen desde chiquitos es más difícil que caigas en malos hábitos, no imposible por el bombardeo desde los dibujitos con un montón de publicidades engañosas de alimentos que prometen fuerza y energía en un producto ultra procesado”.

MEDIDAS

Algunas medidas y acciones oficiales pueden contribuir a prevenir y revertir el sobrepeso y la obesidad, principalmente en los niños.

“A nivel del Ministerio de Salud de la Provincia se viene trabajando constantemente, en la concientización con capacitación en las escuelas”.

Pero remarcó que, “como sociedad tenemos que actuar, con un 40% de niños con obesidad, somos todos, si no te toca con tu hijo, te toca con tu sobrino, tu vecino o tu alumno”.

Con respecto a los kioscos saludables, Larrateguy dijo que “se armó un listado de alimentos para vender en los kioscos, pero aún no está implementada y reglamentada la ley, incluso habría que reverla. El 16 de octubre se conformó una mesa para terminar con la obesidad infantil, se llamó a universidades, organismos del Estado, la idea es trabajar en acciones concretas para terminar con este problema”.

Entre las medidas estaba el impuesto a las bebidas azucaradas. “Se sigue exigiendo con el impuesto a las bebidas azucaradas porque Argentina es uno de los más altos consumidores de gaseosas y juguitos, que antes aconsejábamos en el mismo nivel que una fruta. Se quería implementar pero es tan fuerte el lobby como pasó con las tabacaleras, que se ‘compran’ profesionales con eso de la porción justa, salió en Arcor. Eso no puede estar permitido, debería estar sancionado que un profesional matriculado salga a hablar de esto”.

Larrateguy confió que se está trabajando en el etiquetado frontal de los alimentos, lo que permitiría decidir la compra sabiendo qué contiene lo que se va a consumir. “Por ejemplo, un queso (untable) diría que es alto en grasas, alto en sodio y alto en calorías, entonces lo verías a simple vista y si lo llevás, sabés qué es lo que estás comprando. Lo mismo con los productos para chicos que no podrían tener personajes ni juguetes, y el yogur diría alto en azúcares, lo mismo que un chocolate. Hoy es como que vamos a comprar con los ojos vendados”.

Recomendaciones

La especialista aconsejó volver a lo natural. Comer frutas, verduras, carnes, pescado, pollo y cocinar un poco más en casa. “Si no hay tiempo, el fin de semana podemos hacer una torta o dos, y las guardamos en porciones en el freezer, o galletitas caseras. Si un niño pide fumar, no lo vas a dejar, entonces esto tenemos que compararlo con eso. Como adulto decidir, no comprar y no tener disponibles las galletitas en casa, harán berrinches unos días, pero después se van a acostumbrar y van a comer otra cosa”.

“Dijo que por ahí orientamos mucho la mirada contra las cadenas de comidas rápidas y no nos damos cuenta que la hamburguesa no se come todos los días, pero sí las galletitas ultra procesadas que mandamos de merienda a la escuela junto con la gaseosa o el juguito”.

Los adultos deben influir con su ejemplo para que los más chicos tengan una nutrición saludable.

“Hay que tomar agua. La mamadera de los bebés con agua y no con gaseosa, la botellita de agua para la escuela, dejar de lado las bebidas azucaradas y las light también porque el edulcorante termina siendo malo. Empezar a poner jarras con agua en la mesa, no les gusta el agua se le agregan rodajas de limón o de naranja.

Y dejar de última, la gaseosa para alguna juntada”.

ACTIVIDAD FÍSICA. “Hay obesidad porque estamos comiendo mal y no nos movemos. Si el niño ve un adulto sedentario, va a ser sedentario. El niño debería moverse en forma espontánea y hoy la tecnología los está aplacando. Hay que ir a la plaza, tenemos que tentarlos con otras cosas porque por ahí es más cómodo que estén con el celular”.

La escuela, los clubes, las instituciones intermedias pueden hacer mucho por una mejor cultura alimentaria.

QUÉ TENEMOS Y QUÉ COMPRAR. “Hay que abrir la heladera y la alacena y anotar qué es lo que tiene, ahí está la respuesta. Si mi heladera tiene fiambres, masas de tartas, leche entera, no hay verduras para cocinar algo rápido, o una fruta por si tengo hambre. Si en la alacena hay alfajores, paquetes de galletitas. El tema de la compra mayorista, nosotros no vivimos en una comunidad que esté aislada. Y una vez que se termine, la nueva compra sería de más legumbres, garbanzos, porotos, porotos negros, las harinas de esas legumbres que sirven para hacer panqueques, tortas, avena, arroz yamaní, semillas, coco rallado, harina integral para empezar a mezclar porque hay que reeducar el paladar, fideos integrales”, aconsejó la nutricionista.

Enfermedades asociadas

La obesidad es el paso inicial para otras patologías, entre ellas de diabetes tipo 2. Larrateguy explicó que “la diabetes tipo 2 llega después de una insulinoresistencia, el cuerpo va dando avisos, hay obesidad, tenés tanta azúcar dando vuelta en sangre que el páncreas produce mucha insulina, pero están saturadas las células y se empieza a convertir en grasa. El hígado trabaja el doble, se vuelve graso y tenemos la glucemia alta y la insulina alta en sangre, ahí empieza la diabetes, que si no se puede con el tratamiento nutricional y con la actividad física se va a tener que recurrir a la medicación”.

Hay otras patologías asociadas. “Las osteomusculares, de rodilla, huesos. Pensemos en una persona adulta que nos cuesta movernos, imaginemos un niño que quiere hacer cosas como los demás niños y no puede, le cuesta la movilidad, eso es una exclusión, se sienten marginados y trae complicaciones psicológicas”.

La obesidad también puede desencadenar hipertensión arterial y apneas del sueño. “Niños que no descansan, no oxigenan el cerebro y se duermen en la escuela, el adulto se duerme manejando o en el trabajo monótono. El niño no tiene interés por aprender, por jugar”.