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martes, diciembre 10, 2019
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    Don Bosco, la avenida inconclusa

    Don Bosco es una de las avenidas al este del área central que necesita ser jerarquizada. Su papel es clave: nace en Ramírez, cruza Rondeau, Blas Parera, la Avenida de Circunvalación y llega hasta Gobernador Maya. Los esfuerzos por ampliarla o repavimentarla no son suficientes, porque esas inversiones no resuelven los problemas actuales ni prevén lo que vendrá.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO
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    La avenida Don Bosco, que se despliega desde avenida Ramírez hasta el límite este de Paraná (Gobernador Héctor Maya), es una metáfora de la ciudad y su visión de los proyectos trascendentales: nace vigorosa, con ímpetu, grandilocuente, de amplias miras, glamorosa, equilibrada tanto en residencias y comercios como en superficie edificada y áreas verdes; y, a medida que se suceden las cuadras, cunde la indiferencia, el descuido, el desgano y la falta de convicción en torno a que el esfuerzo debe ser sostenido; así, paso a paso, casi sin que el usuario habitual lo termine de advertir, la infraestructura urbana se deshilacha y las altas aspiraciones de todo comienzo se despavimentan, se embrozan y, en la endemia, se celebra que alguien tenga a bien desplegar un triste mejorado que al menos permita entrar y salir de las moradas.
    Junto a Almirante Brown y Churruarín, Don Bosco conforma una red de arterias de penetración a un sector de la ciudad (Ramírez al este, entre Antonio Crespo y Almafuerte) cuya trama urbana suele no tener continuidad con la existente de Ramírez al oeste (centro, micro y macro). La situación -que no es única- da cuenta de la notoria falta de planificación con que esta ciudad se ha expandido, no crecido: son numerosas las fronteras visibles e invisibles dispuestas por doquier (a veces naturales, otras erigidas por la acción humana), que evidencian que la municipalidad y sus intendentes (civiles y militares), desde tiempos inmemoriales, han ido extendiendo servicios detrás de las radicaciones habitacionales y loteos, no anticipándose a ellas, ni orientándolas.

    Foto: Sergio Ruiz. Inexplicable cuello de botella en el cruce con Circunvalación, una de las fronteras invisibles.

    UN TOQUE DE DISTINCIÓN.

    Don Bosco no es diferente a otras calles de su tipo: posee un ancho generoso, con circulación en doble sentido y veredas amplias con numerosos desniveles de una propiedad a la vecina, que se salvan de una manera muy poco eficaz para quienes deban transitarlas. Es una arteria troncal, rodeada de un sistema de calles que no la auxilia, por lo que las aglomeraciones son moneda corriente, en virtud de que un conductor sale de ella sólo cuando es estrictamente necesario. La falta de jerarquía vial de lo circundante y de una mejor organización, motiva maniobras altamente peligrosas como los giros a la izquierda sobre la avenida.
    Sólo por citar un ejemplo, el complejo Escuela Hogar, patrimonio histórico nacional, referencia formativa y recreativa para diversas barriadas de la zona, que aloja establecimientos educativos, el Hospital Pascual Palma, el coqueto Museo Evita recién inaugurado y una oficina del Registro Civil, sigue teniendo problemas de acceso a más de medio siglo de haber sido inaugurado.

    Foto: Sergio Ruiz. A metros de Gobernador Maya, un barrio del IAPV hace punta en una urbanización inminente.

    DOS MUNDOS.

    Don Bosco no es una avenida de planicie; tiene un suave ondulado que podría darle un relieve distintivo. Hasta Blas Parera, el tránsito es intenso, en toda la extensión del término. Luego, la infraestructura se desgrana pero no la importancia de la calle: establecimientos educativos, clubes y campos de deportes, grandes, medianos y pequeños comercios, campings y salones de reunión justifican que la avenida sea jerarquizada en toda su extensión.
    Téngase en cuenta que en el extremo este, Gobernador Maya une el Acceso Norte (que a esa altura tiene atractivos de toda clase, como el Parque Botánico Lisandro N. Alem) con Avenida Almafuerte, el Parque Industrial y la ruta 12, que conecta con San Benito y Colonia Avellaneda.
    El retroceso en la inversión pública se hace palmario sobre todo en cercanías del Seminario, donde conviven nuevos complejos habitacionales, quintas productivas con casas de descanso y residencias de alto valor constructivo, junto a grandes superficies libres de mejoras, que más temprano que tarde serán urbanizadas.
    Como soñar no cuesta nada, por qué no imaginar a Don Bosco con un cantero central entre Ramírez y Gobernador Maya desde donde surja una arboleda distinguida que la proteja de los intensos calores y los fríos extremos; que potencie la seguridad para los peatones que necesitan atravesarla (muchos de ellos, en edad escolar) y eventualmente ordene los giros a la izquierda, con carriles específicos. Ese bulevar embellecería las barriadas a las que sirve, capitalizaría las propiedades y anticiparía lo que será un escenario irremediable: la urbanización del tramo más cercano a Gobernador Maya.

    Foto: Sergio Ruiz. Al este de Blas Parera, predominan las tierras libre de mejoras, pero las construcciones avanzan lenta pero sostenidamente.

     

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