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sábado, diciembre 7, 2019
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    La ciudad de Paraná, ante una estupenda chance de despegue

    Los problemas estructurales de la ciudad que es sede del Gobierno provincial son tan portentosos que sin un trabajo en equipo interjurisdiccional terminará frenando procesos de desarrollo múltiples vinculados al área metropolitana.

    REDACCIÓN EL DIARIO / coordinacion@eldiario.com.ar

    No es atinado plantear que la ciudad está en medio de una crisis, que se manifiesta en este almácigo de minibasurales y microvolcaderos en que ha sido convertida. La historia que se está escribiendo en tiempo real muestra que es el gobierno municipal el que -al colapsar como proyecto de acumulación y disfrute del poder- está pretendiendo llevarse consigo al abismo a la capital de la provincia. A los gobernantes no sólo les faltan medios de producción y han malgastado recursos económicos que garanticen un funcionamiento mínimo de la Administración: tampoco tienen la iniciativa política, ni la ascendencia sobre el personal, ni el respeto ciudadano ni siquiera la capacidad de organización para delinear un plan de contingencia, si no es bajo apercibimiento de sanción emitida por un árbitro, la Justicia por caso.

    De hecho, contra la voluntad autodestructiva de mandatarios, funcionarios y concejales complacientes, sostienen la paz social los vecinos solos, por su cuenta, logrando acuerdos elementales para una convivencia razonablea espaldas de las autoridades, que se mantienen impertérritos en sus calefaccionados despachos a cargo formal de responsabilidades a las que de hecho han renunciado.

    Sin dudas, un papel clave en la tarea de contener los ánimos e integrar los diagnósticos críticos a estrategias pacíficas ha sido desempeñado por la dirigencia vecinalista -de variopinta constitución doctrinal y política- a quienes el equipo que conduce Sergio Varisco ninguneó e ignoró de manera sistemática, con programática coherencia, negándole en la realidad la participación que enarbolaba como bandera discursiva en los spots publicitarios.

    Pero lo peor del asunto no es lo evidente, sino lo que navega sumergidocon enorme capacidad de daño: viven en islas separadas los vecinos y sus organizaciones, la institucionalidad municipal y los expertos (las universidades y colegios profesionales). En rigor, los que estudian la ciudad y los que la habitan como un ciudadano más buscan incidir y se encuentran con un modelo político institucional que les cierra el paso. Hasta que esa incubadora de ideas y mutuos contralores no sea puesta a andar sin miedos, sin que haya nada que esconder, sin trampas ni artilugios fraudulentos, continuará el atraso que se manifiesta naturalmente en el problema de la gestión de los residuos o el anómalo dispositivo de movilidad urbana que contiene entre otros al servicio de colectivos, pero también en la ineficiente producción y distribución de agua potable, en la falta de tratamiento de los líquidos cloacales que contaminan arroyos y, directa e indirectamente, las áreas que van encontrando a su paso y hasta el mismísimo río Paraná.

    AGENDA COMPARTIDA
    Aportemos otros elementos. Un parque automotor que ha crecido exponencialmente atraviesa como puede un espacio urbano cuya estructura vial es similar a la que existía antes de la inauguración del Túnel y pese a que las antiguas quintas de fin de semana, las vastas tierras productivas,las enormes superficies baldías y hasta minilatifundios han sido urbanizados o están camino a serlo, sus avenidas de penetración siguen siendo senderos asfaltados, repletos de problemas de todo tipo, que sólo se sufre o se los advierte si se las usa con alguna frecuencia.

    Derribar los muros imaginarios o reales que entabican la ciudad, transformar los arroyos en vínculos, mejorar incluso a la vista los accesos a los barrios y sectores es parte de una política de la convivencia que ayudará a que la ciudad no sea eso que hay que atravesar para llegar del trabajo a la casa, sino un espacio común que da gusto recorrer.

    En materia de áreas naturales, los grandes espacios verdes están cercanos al río; de hecho, hacia el “interior” de la trama (el sur y el este) prácticamente no hay sectores públicos donde tomar contacto con la flora y la fauna autóctona. Incluso, los ya existentes no están desarrollados desde una perspectiva de educación ambiental: hay que avanzar hacia la noción de reservas, para disfrute ocasional de las comunidades humanas y también como excusas para valorar el aporte de los entornos naturales a un mejor vivir.

    En fin, la opción de una ciudad como espacio del compartir o como enjambre de contribuyentes puede seguir siendo un combustible conceptual propicio para la reflexión y la práctica política.

    AL FUTURO
    Mientras grandes sectores de la ciudadanía seguían a la manada sin encontrar la salida al circular laberinto, algunos grupos se animaron a asaltar el cerco y soñaron en grande. El recientemente anunciado Distrito de Innovación Tecnológica Oro Verde es producto de todo ese proceso que, dicho sea de paso, no pudo haber sido desarrollado sin la persistencia, la dedicación, el rigor científico y la inversión constante y sonante de la universidad pública, sus docentes, investigadores y extensionistas.

    Al parecer la declamada sinergia entre los sectores público y privado se produjo y es probable que esa galaxia comience a producir buenos frutos ya en el corto plazo. La provincia, a través de una multiplicidad de reparticiones pero especialmente desde el vínculo operativo con la Secretaría de Modernización del Estado, Ciencia y Tecnología, articula con este programa que -nada más y nada menos- significa el sembrado de una semilla de desarrollo sustentable, en el sentido más amplio.

    Es, sin duda, un inmenso desafío para la región metropolitana que abarca a la capital provincial y a las localidades de Oro Verde, San Benito, Colonia Avellaneda y Sauce Montrull.

    Con variaciones conforme la especificidad del tema a tratar, la misma composición de referentes tendrá en sus manos la resolución de temas tales como la gestión de los residuos urbanos, el transporte de personas o la producción y distribución de agua potable.

    El rol de la provincia como armonizador y propiciador de acuerdos es fundamental, lo que seguramente demandará nuevos escenarios de participación y gestión.

    Así las cosas, es clave que el Estado provincial tenga un fuerte compromiso con la ciudad que es sede del Gobierno, en el sentido de aportar aquello que está por fuera de las posibilidades económico-financieras y jurisdiccionales del municipio.

    La idea del distrito de innovación tecnológica deja más en evidencia la paradoja, pero Paraná -cuyo crecimiento en todo sentido ayudó a consolidar las localidades vecinas- no puede seguir siendo el agujero negro que absorbe y aprisiona la energía de lo circundante.

    Como se ve, es fundamental el papel de la Provincia para seguir ayudando a convertir a Paraná en el nodo desde donde se potencie el desarrollo regional, para colaborar sobre todo en obras de gobierno que permitan dar un salto de calidad y superar los complejos de inferioridad de los que piensan que lo mejor es no cambiar demasiado, cuando lo que se necesita es dar vuelta una ciudad que produce y reproduce violencia en sus vínculos.

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