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domingo, julio 12, 2020
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    Carlos Aguirre presenta su CD «Calma»

    El multiinstrumentista y compositor entrerriano presenta el trabajo que grabó junto a Fernando Silva y Luciano Cuviello, y fue seleccionado entre los diez mejores álbumes del 2017; antes del concierto que brindará el jueves, en el Centro Cultural La Vieja Usina, el músico mantuvo una entrevista con EL DIARIO para compartir aspectos de esta producción.

     

    Carlos Marín | [email protected]

     

    Calma. Es necesario tener calma en estos tiempos turbulentos en que cunde el desamparo de la intemperie y el frío de un invierno atroz reparte navajazos a diestra y siniestra.

    Mientras eso acontece, hay quienes trabajan para ganarle a ese panorama. Y lo hacen generando precisamente lo opuesto: espacios de calidez y tibieza en los cuales arracimarse para soportar la tormenta.

    En algo de eso anda el “Negro”, que se las arregla para generar un lugarcito de cobijo, un oasis en el cual detenerse y tomar un respiro en un contexto de impiedad;  de vértigo cotidiano que intoxica.

    Con talento y trabajo, el artista entrerriano propone un refugio contra el salvajismo impiadoso de una jungla social que camina por la cornisa y por momentos parece a punto de despeñarse. Pero que, a la vez, brinda motivos para encender la esperanza.

    Calma. Hace falta calma en tiempos turbulentos. Y desde esa posición, a través la música, Carlos Aguirre hace su aporte para un presente que se mueve con una dinámica acelerada de montaña rusa.

    Como es habitual en él lo hace con generosidad que lo desborda. Y con la hospitalidad que ha caracterizado su producción, destinada a cualquier ser humano, por el sólo hecho de serlo. Producción a la que se accede sólo con la voluntad de detenerse y escuchar. Y escucharnos.

    En eso anda Aguirre. En colaborar para devolvernos algo, quizá mucho, de la humanidad que como especie hemos perdido. Y para ello toma como su herramienta de trabajo: la música; la esencial, la que supera barreras, que anula distancias, que conecta en profundidad al ser con el absoluto. Por ese camino transita.

    Y en esa búsqueda, entrega su nuevo disco, que bautizó, precisamente, “Calma” y que presentará, tras una prudente espera, el jueves a las 21, en el Centro Cultural La Vieja Usina (Gregoria Matorras de San Martín 861). Será el encuentro con la gente de Paraná, ciudad que eligió para vivir junto al río; y el momento para dar a conocer el CD que oficialmente mostró por primera a fines del año pasado, con un concierto en Buenos Aires, en el Centro Cultural, Kirchner.

     

    Traductor del presente

    Todo artista tiene algo de catalizador, de traductor, de lector sensible y atento del imaginario y la coyuntura de su época. Y uno de sus logros es poder reflejar esa impresión, sus intuiciones, en una producción concreta, que capture esa realidad en una síntesis. Y luego ponerla a circular entre sus semejantes. Compartirla, como pan elemental, como el agua, para nutrir a esos otros que, junto a él, afrontan la aventura desafiante de transcurrir la existencia.

    Con su nuevo disco, Aguirre se expone y entrega su contribución a sus contemporáneos para éste momento.

    No lo hace solo. Para concretar este proyecto que comenzó a concebir más de cuatro años atrás, convidó –con sabiduría- a un histórico compañero de ruta, Fernando Silva, que se suma en el contrabajo y el cello, y al baterista Luciano Cuviello.

    Con esta formación –que potencia las ideas iniciales- el músico nacido en Seguí registró las siete composiciones que incluyó en el CD, en las cuales deja testimonio de una etapa en la que demuestra su intención de continuar elevando su vuelo hacia alturas mayores. Algo de eso pudo saborearse en su trabajo en colaboración con Yotam Silberstein –israelí radicado en Nueva York- que presentó entre 2017 y este año.

    Con esta placa, el Negro toma una corriente ascendente que lo lleva a volar por rumbos nuevos, despegándose de la raíz folclórica. Va al diálogo de las músicas del mundo, entre ellas el jazz, la música de Brasil y la música `Académica´, de las que toma elementos para incorporarlos en su decir que deviene universal.

    Formalmente el contenido del disco está integrado por siete temas en los que el autor rompe el formato tradicionalmente instituido por la industria para entregar composiciones que, tras una presentación, se ahondan en el tránsito hacia la improvisación, reflejando climas, impresiones, estados.

    Con Calma, Aguirre sostiene su brillo como referente en el firmamento musical latinoamericano.

     

    En el disco, el músico trabaja dos conceptos estéticos: “una intención de austeridad por un lado y otorgar prioridad a la melodía, por otro”.

     

    Prioridades y etapas

     

    Desde Porto Alegre, donde se presentó el viernes, el compositor mantuvo una entrevista con EL DIARIO en la cual explicó aspectos del proceso de trabajo y de las decisiones que tomó para elaborar y concretar el proyecto.

     

    – `Calma´, el título del disco, da una pista para pensar un aspecto conceptual ligada a un trabajo personal de búsqueda. En ese sentido ¿te propusiste algún objetivo conciente al plantearte el proyecto o solo dejaste fluir lo que ibas concibiendo?

    – Desde el momento en que un grupo de composiciones fue dando lugar al deseo de constituir un trío que las hiciera sonar se manifestó claramente en mí la intención de trabajar sobre un par conceptos que iban a regir toda nuestra experimentación y en base a ellos pensé en quienes podrían ser mis compañeros de ese camino.  Las músicas que ya nacieron, en varios de los casos, antes de conformar el grupo traían esa orientación que tiene que ver con una intención de austeridad por un lado y por otro con una prioridad en la melodía. Fue así que emprendimos los ensayos con Fernando (Silva) y Luciano (Cuviello) dejándonos improvisar sobre los temas pero con esas premisas muy claras. Tratando de tocar lo menos posible de tal manera que los típicos artilugios de los instrumentos no pasaran por encima de la esencia de cada tema.  Desde ese lugar es que trabajamos la austeridad que te mencionaba y fue un proceso muy hermoso el que atravesamos juntos.

    – ¿Qué representa para vos haber terminado el disco en términos de culminar una etapa en lo personal y profesional?

    El componer representa un viaje que uno disfruta intensamente hasta el momento en que siente que algo ha tomado una forma que,  aunque difícilmente la veamos como definitiva, se acerca a un resultado que ya nos animamos a mostrar.

    Cuando toda esa alquimia, y su tiempo de idas y venidas con los embriones de la gestación musical, da sus frutos estamos ante una nueva canción o una nueva pieza instrumental. Es para mí un momento de celebración plena pero inmediatamente surge una especie de deuda con eso que acaba de nacer. La deuda de plasmarlo o dejarlo sentado en algún registro sonoro.

    Entonces desde ese momento al momento de poder cerrar un disco hay todo un camino lleno de alegrías pero también de dificultades que aparecen a modo de pruebas para constatar una vez más si nuestro deseo es tan fuerte que puede sostenerse aún cuando los escollos son difíciles de superar.  Me refiero con esto a cada etapa de la producción de una idea musical y luego a las dificultades económicas hasta llegar a editar un trabajo discográfico.

    Es por todo esto que poder cerrar un disco es una enorme alegría y un enorme alivio.

     

    Exploraciones

    – ¿Porqué convocaste a los músicos que te acompañan?  ¿Qué suma cada uno desde su lado al concepto musical y estético que vos tenías en la cabeza? Por otra parte ¿Cómo planteaste la metodología de trabajo?¿Cómo planteaste los arreglos y el proceso de grabación?

     

    -Convoqué en el contrabajo a Fernando Silva -compañero ya de muchos años en la música y en la amistad-  y a Luciano Cuviello en la batería -a quien conocí un tiempo antes de comenzar a trabajar juntos- porque encontré en ambos la resonancia a una manera de hacer música y una manera afín de entender la estética en esta disciplina del arte.

    Si bien podríamos decir que fui quien trajo las composiciones al marco de los ensayos, estás se vieron enriquecidas por las ideas que cada uno aportó en lo conceptual y ya desde el momento en que estas músicas pasaron por su forma de tocar.  Siento un profundo agradecimiento por el crecimiento que cada tema experimentó por los aportes de mis compañeros.

    En esos ensayos hubo también mucha improvisación buscando así encontrar una manera de construir un sonido del trío más allá de cada composición. Esa práctica fue también parte del disco en el que dejamos algunos momentos para dialogar libremente mediante algunos solos individuales y en algunos casos a manera de diálogos libres de todo el grupo. Creo que eso quedó reflejado en las sesiones de grabación que concretamos en el Teatro Independencia, de Mendoza, en dos noches inolvidables de febrero de 2017. Luego trabajamos en estudios de Rosario, Villa María, Buenos Aires y Paraná

     

    Resonancias

     

    – El disco tiene una resonancia muy universal en cuanto a ritmo y armonías, se escapa del cerco comarcano para dialogar con la música de todo el mundo. ¿Cuánto hay del jazz, la música clásica y de otras músicas, como Brasil, en este conjunto de siete temas?

     

    – La instrumentación indudablemente nos remite al jazz ya que es una formación típica de esa música. Alguien podría decir que el permiso de la improvisación también pero en este caso y sobre todo en mi caso particular podría decirte que no me siento un pianista con un bagaje tan definidamente jazzero.  Siempre me ha gustado escucharlo pero nunca lo estudié con el detenimiento que implicaría el hacer de ese género el lenguaje por el cual  decido expresarme.

    La improvisación felizmente tuvo y tiene actualmente ejemplos en nuestra música. Por citar sólo algunos nombres que nos han influido podría mencionar al pianista Eduardo Lagos, el bandoneonista Dino Saluzzi y el guitarrista Juan Falú.  Egberto Gismonti,  Hermeto Pascual entre otros en Brasil, Félix Vilches y José Luis Madueño en Perú, y tantos en Latinoamérica que partiendo de la música de cada país abren un espacio a colores armónicos más arriesgados pero conservando un fuerte tinte local.

    Considero que cada género nos ha brindado  a los músicos herramientas y abordajes diferentes y a muchos nos ha gustado acercarnos a tomar esa paleta expandida de recursos que si bien se originan  en diferentes lugares del mundo se integran con mucha fluidez con los lenguajes locales

     

    – Calma, la palabra elegida para el título tiene una resonancia significativa. ¿Qué implica para vos? ¿Volver a conectarse con algo de lo esencial?

    -Nos gustó la palabra Calma por lo que ella representa y porque además contiene dentro de sus letras la palabra alma.

    Es, como vos decís, una intención, al menos, de hurgar en nuestra esencia a través de una manera despojada de tocar. Coincidentemente con una búsqueda espiritual cuyo norte es precisamente callar la mente para dar lugar a un sentir más profundo que se expresa sin estridencias. No puedo asegurar que lo hemos logrado (risas) pero al menos está presente desde los primeros ensayos y conversaciones que hemos tenido con el trío cuatro años atrás cuando nos disponíamos a ese aprendizaje de sonar juntos.

    Tal vez,  representa también el deseo de contagiar humildemente esa práctica del detener la mente y hacer de nuestro cotidiano vivir un espacio de amor.

     

     

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