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jueves, noviembre 21, 2019
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    Garrigó, un camino largo que se estrecha y se pierde

    Entre las avenidas que deben rejerarquizarse se encuentra, sin dudas, Garrigó. No sólo ha quedado detenida en el tiempo, sino que es avenida de penetración muy demandada tanto por antiguas residencias como por nuevos barrios que van modificando el carácter de aquella parte de la ciudad.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO
    coordinación@eldiario.com.ar

    Garrigó es una más de las tantas avenidas del sureste que, pese a los portentosos cambios producidos, a la caída del sol, si la tarde está linda, sale aún a la vereda a tomar mates en camisetín y ojotas, pone la pava sobre el asiento de una silla convertida en mesa ratona al lado del plato hondo con bizcochos, facturas o torta tapados con un repasador y le dedica el tiempo de charla que sea necesario a los vecinos que pasan para hacer mandados.
    Esa rutina vintage no le permite advertir las transformaciones formidables que han operado a su alrededor, lo que se materializa no sólo en la creciente ocupación de lotes próximos que antes fueron baldíos, vastos terrenos yermos o quintas, sino también en que todo ese sector ha quedado en medio de una trama urbana que sigue cobrando densidad edilicia más allá, hacia los límites con Oro Verde y San Benito.
    El nuevo cuadro de situación ha multiplicado de manera exponencial la circulación de vehículos de todo porte y también la presencia de rodados estacionados en ambas aceras, por lo que la mayor presión sobre la cinta asfáltica y la falta notoria de mantenimiento genera en muchos tramos la obligación de zigzaguear -internándose en el carril en sentido opuesto- para esquivar verdaderos cráteres que se despliegan en un pavimento avejentado.
    La antigua avenida de penetración de mano y contramano, con amplias veredas, generalmente mucho más altas que el nivel de la calle, con un arbolado tupido en el que predominan los fresnos, es una vestimenta que hoy le queda chica a Garrigó y la hace lucir desbordada e incómoda.

    A medida que se aleja de Almafuerte, Garrigó ofrece postales que no merece. FOTOS Sergio Ruiz.

    TRAZA CRUCIAL.

    La importancia de Garrigó no se funda sólo en que, junto a División Los Andes, Artigas, Zanni y, más allá, Caputto es parte de un grupo de arterias intensamente utilizado por vecinos para desplazarse desde y hacia el cuadrante sureste que forman las avenidas Ramírez y Almafuerte, sino porque es continuación de Rondeau que hacia el norte llega hasta el río, es decir, que trae un tráfico que puede originarse en Don Bosco, Almirante Brown o Churruarín.
    Garrigó se inicia en Almafuerte, cruza a arterias sumamente demandadas como Santos Domínguez, Provincias Unidas y O’Higgins. El tránsito es denso en esa parte (que parece haber sido el tramo original) y, entre tantos riesgos propios del ancho insuficiente de calzada, se agrega las maniobras de los vecinos para entrar con sus autos a cada casa. Es que si viven a la izquierda (vengan del norte o del sur), deben detenerse sobre la cinta asfáltica (lo que genera una fila a veces numerosa) y aguardar que del carril contrario no venga nadie para cruzar e ingresar al domicilio. En fin, son situaciones que no siempre se tienen en cuenta sobre una maqueta pero que en la vida real se presentan.
    Luego, desde O’Higgins hasta Miguel David, el cordón cuneta desaparece, la calle se angosta, los líquidos domiciliarios buscan terrenos más bajos y las veredas están discontinuadas. Más allá de las vías, en las primeras cuadras luego de Jorge Newbery las construcciones y la infraestructura vial retoman la característica inicial pero desde entonces sobrevienen barrios nuevos, de buena hechura, inmensos lotes vacíos, cañaverales y terrenos que están siendo intervenidos con apertura de calles, auspicio de una inminente urbanización.

    Son numerosos los barrios que están construyéndose a la vera de Garrigó.

    El asfalto en ese sector ya es de media calzada e irregular. La primera impresión es que el camino ha sido bombardeado y el encuentro de vehículos en sentido contrario es un duelo de imprevisible resultado.
    Se llega de este modo a un salón de fiestas, a ladrillerías, a quintas y al Camping del Sindicato de Empleados de Comercio, más allá de que a esas amplias instalaciones para el descanso y la recreación se puede arribar por Juan B. Justo que, con un mejorado, vincula Avenida de las Américas con Zanni y en su recorrido, se topa con Garrigó (donde se erige la entrada) y toma el predio sindical de costado.

    La falta de mantenimiento del asfalto es notorio.

    Garrigó muere cuando se encuentra con Lisandro de la Torre, una calle de tierra, curva, que sale a Avenida de las Américas a la altura de la Escuela Tabaré. En todas las cuadras –y hacia cada lado- es habitual encontrar albañiles trabajando en residencias de una y dos plantas, sólidamente construidas. Lo que se quiere indicar es que evidentemente hay un sector de la población, acaso no aquel para el que están dirigidas las políticas sociales, que está convirtiéndolo en el lugar de su nueva residencia, mientras la ciudad duda en darle a Garrigó el status que merece.

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