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viernes, noviembre 22, 2019
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    Testimonios de productoras con fuertes convicciones

    Mujeres de campo, protagonistas de la producción y defensoras de la agroecología.

     

    A raíz de haberse conmemorado este mes a nivel mundial los días de la Mujer Rural, el 15, de la Alimentación, el 16, y de la Protección de la Naturaleza, el 18, la Fundación Cauce difundió testimonios de tres mujeres que son protagonistas en la producción agropecuaria y de la defensa de la agroecología. Tal los casos de Cina Citera, de Sauce Montrull;  Amelia Uzín, de Tabossi; y de Delicia Centeno, de Santa Fe.

     

    Redacción El Diario | coordinacion@eldiario.com.ar

     

    Amelia Uzín, socia del emprendimiento agroecológico Minhoca, se define como mujer de campo “por decisión”. Sus experiencias de vida están fuertemente ancladas en sus convicciones personales. “La agroecología, además de ser mi trabajo, es una militancia. Yo vengo de la generación que quiso hacer la revolución en los ‘70 y no nos fue bien, para mí la revolución ahora pasa por el ambiente y el cuidado de la salud. Yo estoy en este lugar que es el campo y tengo la oportunidad de hacer las cosas como creo que todos necesitamos, que el planeta necesita”.


    Amelia Uzín es actriz, directora de teatro y mujer de campo en Tabossi donde reside desde 1993 tras vivir 16 años en San Pablo.

    Amelia es actriz, directora de teatro y mujer de campo donde vive desde 1993, año en que decidió volver a la Argentina después de vivir 16 años en San Pablo, Brasil. En Tabossi, continuó la actividad de ganadería, con vacas de cría, y hace un par de años, con su hijo Germán Rearte Uzín, empezaron a hacer agricultura.

    “Cuando lo conocimos a Nicolás Indelángelo, ingeniero agrónomo, referente de la agroecología en la zona, se nos abrió una luz. Poder hacer las cosas mejor, con fundamentos, él enseguida nos habló de redes, de otra gente que hace, y eso fue un alivio porque había una sensación de soledad muy grande”, contó la mujer.

    Minhoca es un proyecto lanzado formalmente el 1 de enero de 2019 y no usa agroquímicos, ni fertilizantes y preparan sus bioles (abonos orgánicos). “Sembramos cereales, soja, maíz, sorgo y hacemos nuestras harinas. La molemos nosotros mismos y las vendemos a grupos de consumo, como almacenes naturales, dietéticas, panaderos, y la verdad es que es hermosa la devolución. Nosotros nos hemos puesto como meta hacer las cosas con amor, con placer. Creo que cuando uno hace las cosas así recibe lo mismo”, aseguró.

    Respecto a la transformación que plantea la agroecología, Amelia explicó:  “La agroecología te lleva a cuestionar todo, porque no es sólo la ecología, es la parte social, que el trabajo se haga de determinada manera, sin explotar a nadie, que se pueda disfrutar lo que se hace. También tiene una mano cooperativa, solidaria, de redes, de compartir. Está basada en la confianza, recupera una manera de relacionarse desde la confianza y eso es muy valioso”, completó la productora.

    Un modo de vida

    Cina Citera comenzó hace más de 20 años la búsqueda por un modelo de producción que sea coherente con su manera de vivir. “Al hacerme vegetariana compré seis hectáreas en Sauce Montrull y cuando empiezo a querer producir sin agroquímicos me encuentro con un déficit en mi formación como ingeniera agrónoma. Nunca vimos nada orgánico, el primer curso que hice al ingresar en la facultad fue sobre plaguicidas. Entonces así fue apareciendo la agroecología en mi vida, después la biodinamia y ahora la agrohomeopatía”, comentó la mujer.

    Delicia Centeno es productora y delegada regional de la Unión de Trabajadores de la Tierra, de Santa Fe.

    De conciencia y conexión con el universo, de eso habla Cina cuando resalta la importancia de cambiar este modelo productivo por uno anclado en la ética y el cuidado. “Entre Ríos tiene más de 7700 arroyos, si hubiésemos cumplido con nuestra ley vieja de plaguicidas, que establece 50 metros de límite entre un curso de agua de los dos lados, o sea 100 metros de cada río o arroyo, nosotros tendríamos toda la provincia atravesada por corredores biológicos, ¿y por qué no los tenemos? porque mi vecino al sur de mi casa pulveriza hasta el borde del arroyo. No estamos guardando ese corredor biológico, no estamos haciendo un corredor biológico de cuidado planetario, de cuidado de las especies y de los insectos”, criticó.

    Para la fundadora de la Granja Agroecológica La vaca rumbera, se trata de una gran irresponsabilidad pensar que por tener la propiedad de un campo se puede hacer lo que se quiera.

    Como ingeniera agrónoma sostiene que la producción debe estar diseñada para cada lugar y productor. “Tiene que ser un traje a medida”, que considere al sistema de manera holística, que vea al dueño del campo, a las familias, que conozca sus deseos y objetivos y que, con todo ese material, elabore un proyecto que estén dispuestos a seguir”, completó.

    Cuestión de salud

    “Por cosas de la vida siempre volví a la quinta”, confiesa Delicia Verónica Centeno, productora y delegada regional de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), de Santa Fe.

    “A mí no me gustan las injusticias”, aseguró y luego dio cuenta su lucha por cambiar una historia de abandono a los productores y productoras rurales por parte del Estado, por recuperar derechos y visibilizar la vida de las personas de campo.

    En la actualidad, ella y su compañero alquilan dos hectáreas que destinan a la agroecología. Respecto a este modelo de producir Delicia sostiene que se trata, en primer lugar, de una cuestión de salud. “Los que están usando fitosanitarios están matando a todos, causan enfermedades. A las mujeres abortos espontáneos, a los varones alergias en la piel, entre otras cosas”, advirtió. Además, apunta a la dimensión económica.“La agroecología tiene un costo menor para los productores, lo convencional está a precio dólar, nosotros usamos nuestros propios preparados y aromáticas entre las verduras para espantar bichos”, aseguró.

    Resistencias comunes

     Delicia, Amelia y Cina, comparten experiencias de rechazo y violencia por parte de sectores que no comprenden la urgencia de modificar la manera de producir alimentos. Las tres mujeres relatan cómo el miedo a lo nuevo opera en sus compañeros, vecinos y en la sociedad en general.

    “Ha sido un trabajo muy duro el rechazo de mis colegas, de mis amistades sobre todo de la facultad, dentro del Colegio, con profesionales, porque realmente estamos todos formateados, trabajando para un modelo productivo que rompe el límite planetario”, cuenta Citera, ingeniera agrónoma de profesión. En este sentido agrega que “la pérdida de biodiversidad está fuera de control” y menciona la contaminación con nitrógeno y fósforo que produce la fertilización industrial.

    Para Amelia, los fallos judiciales que establecen límites para las fumigaciones han generado mucha bronca que se dirige a los que están en el camino de la agroecología. “A todos nos genera miedo lo nuevo, entonces te parás en lo viejo porque es lo que tenés, lo que conocés. La gente de campo es muy tradicional, estructurada, toda la vida hizo eso y de repente que se empiece a decir que lo que hace no sólo que está mal sino que mata, es duro. Yo creo que hay que darles un tiempo y el Estado tiene que estar presente, acompañando a la gente que decida hacer la transición, con capacitación, subsidios, estimulando eso. Yo creo que esto va a venir de la mano de los jóvenes”, aseguró la productora.

    Delicia Centeno es productora y delegada regional de la Unión de Trabajadores de la Tierra, de Santa Fe.

     

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