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miércoles, noviembre 13, 2019
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    El Gobierno, en alerta por posibles contagios de la violencia en la región

    La posición oficial es la de no descartar teoría alguna, pero al mismo tiempo mantener el tono moderado. Las marchas, en la mira.

     

    Desde el Ministerio de Seguridad de la Nación siguen de cerca la radicalización de la protesta en Chile porque hubo convocatorias en la Argentina a manifestar solidaridad con las mismas.

    Altas fuentes consultadas no descartan ninguna de las teorías sobre un posible contagio en la región. La posición oficial además es la de no descartar teoría alguna, pero al mismo tiempo mantener el tono moderado.

    Algunos de los hechos que siguieron desde el Ministerio de Seguridad fueron la protesta de ayer en Diagonal Norte y San Martín, en Buenos Aires, que terminó con incidentes y otro llamado a reunirse que tuvo lugar el domingo en La Plata.

    Pero también siguen de cerca los movimientos de la Federación Anarquista de Rosario. Algunas convocatorias a cacerolear frente a la embajada chilena en Buenos Aires «contra el ajuste y la represión».

    Y el seguimiento de comunicaciones por Whatsapp en CABA como una que reza «Fuera Chadwick, #Fuera Piñera, #Huelga General». Hay un grupo de Whatsapp que se agrupa bajo el lema «Protesta en Apoyo a Chile».

    Para el caso, en la Rosada y en la Cancillería hablaban con cautela este lunes del duro comunicado que emitió el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, que escribió: «Las actuales corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana».

    Y además de adjudicarles la exportación de la polarización y las malas prácticas, la promoción y exportación del conflicto social, refirió a la reciente frase del hombre fuerte de Venezuela, Diosdado Cabello, en el sentido de que se ciernen nuevas «brisas boliviarianas» sobre Argentina, Ecuador y Perú.

    La otra traza que siguen de cerca es la que plantea el llamado Grupo de Puebla, que en su página oficial habló de la coordinación de treinta líderes de 10 países entre ellos ex presidentes como Lula da Silva, Dilma Rousseff, y representantes de distintos países.

    En una nota publicada recientemente en el sitio de Russia Today, daban cuenta de una supuesta coordinación de gobiernos del «Grupo de Puebla desde Montevideo -Buenos Aires- La Paz- Ciudad de México. Y destacaban el triunfo de Alberto Fernández, y la reelección de Evo Morales, para la concreción de este esquema.

    Con todo, hay que destacar que si bien el candidato del Frente de Todos ha confirmado que tiene intenciones de salirse del Grupo de Lima y mantenerse en un esquema de «neutralidad» frente a Venezuela como México y Uruguay, no hay referencia alguna en sus discursos a un nuevo tipo de realineamiento.

    En Santiago, largas colas en los comercios

    Extensas filas en supermercados y estaciones de servicio, un pobre esquema de transporte y la incipiente organización de vecinos para custodiar algunos barrios, con una nueva fuerza de “chalecos amarillos”, marcaron ayer la jornada en Santiago de Chile, donde persiste la tensión por las protestas de ciudadanos que cuestionan al gobierno chileno y las fuerzas de seguridad

    Aunque la ciudad había amanecido con cierta tranquilidad, después de la segunda noche con toque de queda, policías y Carabineros reforzaron la seguridad en grandes cadenas, algunas estaciones de servicio y en puntos claves de la capital, ante el temor de saqueos o ataques contra los comercios.

    Algunos supermercados organizaron un ingreso por turnos de compradores, pero la mayoría mantuvo sus puertas cerradas, lo que pareció acrecentar el nerviosismo de los vecinos.

    Un cuadro similar se dio en estaciones de servicio, donde se repitieron las imágenes de colas. Vecinos de la comuna de La Reina hicieron largas filas para comprar en el supermercado Jumbo de la avenida Francisco Bilbao, custodiado por personal militar que permitía el ingreso de 15 personas por turno.

    La fila alcanzó más de 150 metros y lo contaba, por ejemplo, a Carlos, que llegó desde la cercana comuna de Ñuñoa y esperaba «llegar a tiempo” a entrar. “Necesito comprar las cosas básicas de comida y pañales para mi hijo», relató.

    De fondo se escuchaba la queja de un niño que, con su madre, llevaba más de dos horas de espera. Un militar miraba desde un costado, sin decir nada.

    Las fuerzas de seguridad patrullan las calles de Santiago de Chile.

    Algunos de los que salían del supermercado buscaban transmitir algo de calma a los que esperaban: «Tranquilos, que no hay desabastecimiento; hay comida para todos; el problema es que son pocas cajeras y personal», explicaban.

    La preocupación era extendida en otros barrios. «Prefiero sobreabastecerme, porque no sé cuando terminará esto; nos tiene a toda la familia preocupados», reconoció Felipe, de Ñuñoa.

     

     

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