24 C
Paraná
jueves, noviembre 21, 2019
  • Entre Ríos
  • Cultura
  • Sociedad
Más

    Roger Koza: un programador que habilita nuevos modos de ver y relacionarse con el cine

    Nació en Córdoba, pero creció en Buenos Aires. De su padre conoció la pasión por el cine. Es investigador, crítico y programador en festivales internacionales. Participó en el FICER como invitado para brindar un Taller de formación de audiencias. En una entrevista con EL DIARIO reflexionó sobre el modo de ver cine y la relación del espectador con este arte como un modo de conocimiento.

     

    Carlos Marín

    cmarin@eldiario.com.ar

    “El apasionamiento con el cine tiene que ver mucho con mi padre”. Roger Koza regresa al inicio de su vinculación con lo que lo ha traído hasta Paraná, como invitado del Festival de Cine Independiente de Entre Ríos (FICER). Mientras la mañana despliega la luz plena de septiembre sobre las barrancas y el río, el crítico y programador hilvana impresiones y reflexiona sobre el `séptimo arte´ en una entrevista con EL DIARIO.
    “Somos bastante ignorantes en relación al cine”, asegura. Es que, como aclara de inmediato, “lo que accedemos a ver es, de acuerdo a ciertas estimaciones, entre 15 a 20 por ciento del total de lo que se produce anualmente en el mundo”.
    Por eso destaca la generación de iniciativas como el FICER que habilitan espacios para ese otro mundo, el de las producciones relegadas, marginadas, que quedan fuera de las carteleras en salas y el circuito de distribución que los grandes `tanques´ establecen.
    “En Argentina hay predominancia de cine estadounidense, de Europa cine francés, y más atrás italiano, pero no accedemos a mucho más. Algo llega de Corea y Rumania”, señala este investigador antes de remarcar la “menesterosidad estética de la cartelera” condicionada por el `mercado´. Para reforzar su afirmación brinda un dato contundente: “Japón tiene entre 300 y 400 directores y se estrenan en ese país más de 600 producciones anuales. ¿Cuánto conocemos de eso? Diría que nada”. Su trabajo como programador de cuatro festivales internacionales –en Austria, en Hamburgo (Alemania), en Buenos Aires y en Cosquín, le permiten “un constante encuentro con el cine contemporáneo”. Lo cual, aclara enseguida “no significa demasiado. La historia del cine es amplísima y siempre conocemos menos de lo que creemos”.
    Conductor de Filmoteca, junto a Fernando Peña –programa que se emite diariamente por la TV pública- este cordobés que pasó su infancia en Buenos Aires y actualmente vive repartido entre varios puntos del planeta por sus obligaciones laborales, estuvo en Paraná invitado para participar en una clase magistral del cineasta irakí Abbas Fadhel y también en un taller de formación de audiencias. En estos espacios se propone “vincular a las personas al cine no desde el lugar de la evasión o el entretenimiento, sino como un modo de conocimiento.

    AMPLIAR MIRADAS

    -¿Por qué es necesario formar al espectador de cine en un taller como el que brindó en el FICER?

    – Para responder, quiero en primer lugar aclarar un punto. Un taller de este tipo implica el reconocimiento de una asimetría molesta, de la cual ciertamente, en principio incluso yo mismo desconfiaría. ¿Quién soy yo para decirle a alguien cómo debe mirar el cine? No es el punto de encuentro sobre el cual trabajo. Pero, por otra parte, no puede ignorarse la distinción entre alguien que se dedica profesionalmente a una actividad y alguien a quien sólo le gusta y la realiza ocasionalmente. En ese sentido, creo factible que puede establecerse un intercambio entre unos y otros.
    En ese sentido, de lo que se trata en un taller de esta naturaleza es trabajar sobre los hábitos de percepción. Y estos hábitos tienen, en la actualidad, algunas normas dadas por un tipo de consumo audiovisual, de un tipo de configuración de una nueva experiencia de espectador, que denomino `fragmentado´, acostumbrado a tener una relación con imágenes y sonidos de entre 40 y 50 minutos. Lo cual explica en cierta medida el éxito de las series. Esa administración, presuntamente autónoma del tiempo por parte del espectador, lo conduce a una relación con el cine que se torna dificultosa. No sólo en cuanto a la experiencia temporal frente a la imagen, sino también en cuanto a relación de reconocimiento de formas del cine, porque a partir de esta estandarización, hay algunas que resultan más `naturales´ que otras.
    Existe un entramado bastante reglado que se reitera cada semana en las películas que pueden verse en salas y en las que hay no sólo una poética del cine dominante, sino que también se ha constituido una poética del espectador.

    – Nuestra mirada, entonces, de algún modo es formateada en un molde particular en cuanto a la forma de mirar y apreciar…

    Si. La percepción se constituye en el hábito. Y hay un tipo de régimen audiovisual, en relación a la percepción, que se ha establecido como hegemónico y que ha fijado un standard. En relación a esto, si no se trabaja para ser lo que Jacques Ranciére denominó un `espectador emancipado´, la experiencia de ver una película como la del director filipino Lav Díaz, que duran entre cinco y nueve horas, puede resultar intolerable.

    -En esto Hollywood tendrá una influencia absoluta…

    -En su mayor parte. Pero me gustaría agregar algo. Hollywood no es una entidad monolítica y cerrada. Existen en ese conglomerado industrial líneas de fuga. El caso más reciente es la última película de Quentin Tarantino. Se trata de un film sumamente anómalo para los estándares poéticos del cine hollywoodense porque no está sostenido en un argumento central y sí en una intuición central respecto a una mujer que ha sido asesinada que a la vez remite a un caso real que fue el de Sharon Tate. Es decir, en ese espacio concebido como homogéneo, pueden hallarse matices y diferencias. Si uno ve una película de, por ejemplo, Paul Thomas Anderson, como `El hilo fantasma´; o de Tarantino, podrá ver que los tiempos de las escenas, la organización dramática, incluso los movimientos de cámara, que los tiempos del film no corresponden a la regla generalizado. Y eso hace que la gente, en general, las vea `raras´.

    ¿PARADOJAS?

    -El tema del formato temporal parece una paradoja, porque muchas de las más recientes producciones de Hollywood, por ejemplo producciones de Súper Héroes o Star Wars, son cada vez más largas; se extienden varias horas y eso no condice con el formato de 50 minutos, planteado por la mirada fragmentada y las series. ¿Cómo podría explicarse esta situación?

    -Cierto. En ese aspecto hay que considerar dos elementos. Primero, se trata de películas con un diseño de producción altísimo. Pero si un ve cómo funcionan por dentro las películas de superhéroes, con una inversión gigantesca, lo que sale es que hay tanto dinero puesto en juego que las expectativas deben ser cumplidas. Y el tiempo funciona desde ese lugar. Y es cierto que parece una contradicción. Sin embargo la lógica interna de esas películas tiene relación con un gran vértigo y una gran velocidad narrativa; una cantidad de estímulos constantes que hacen que, en última instancia, el sentido del tiempo en la sala se diluya. Hablo de efectos especiales, de presentación de mundos desconocidos que se incorporan y se materializan frente a la mirada. Eso actúa como un conjuro, que disuelve la sensación del tiempo cronológico.
    Muy distinta es la experiencia sin duda con el cine de Lav Díaz, con planos que pueden durar de 10 a 15 minutos y donde el ritmo del relato es absolutamente distinto al caso anterior. Diría que en un film de este último tipo, la experiencia del espectador no sería muy diferente a la de un fumador en un avión cuando tiene que viajar entre nueve y 12 horas y está en una situación de ansiedad y angustia por no poder fumar. Se trata de películas de un ritmo y un tiempo que resultarían desesperantes para un espectador común.

    APORTE CLAVE

    – ¿Cómo colaboran con esta `cultura cinéfila´, los cineclubes, que en la ciudad han resurgido en los últimos diez años?

    Bueno, lo primero que hay que decir es que los cineclubes tienen, en países distintos, funciones diferentes. Hoy creo que su rol tiene que ver con romper una prohibición indirecta que existe para ver cine. Es decir, el `mercado´ dictamina, de alguna manera, lo que se ve y lo que no. En ese contexto, los cineclubs funcionan en algún aspecto como una `fuerza de choque´ para instituir una contracorriente a una línea general del cine que se difunde en las salas. Y esto comprende no sólo a cine estadounidense; también a cierto cine europeo e incluso argentino. Por ejemplo, `La odisea de los giles´ está en salas de todo el país. Pero producciones como `La deuda´, de Gustavo Fontán, o `Buenos Aires al Pacífico´, de Mariano Donoso –dos grandes producciones recientes del cine de nuestro país- prácticamente no han circulado ni circularán por las salas. De manera que son los cine clubes los espacios donde estas películas se cobijan y pueden encontrar un público. Y éste último acceder a otros regímenes estéticos y otras formas de poéticas. En esos encuentros el espectador puede volverse más exigente, expandir su mirada, su escucha. Incluso trabajar por otros carriles en que se ponga en juego la interpretación. En cada película hay una gran complejidad. Y eso es materia de interpretación. Por eso creer que un film emite un mensaje preciso que su director quiere transmitir, y que como espectadores debemos sólo esa lectura, es instaurar una relación casi religiosa con respecto a las películas. Desde mi punto de vista esto es peligroso porque es asignarle al cine y a los directores un lugar privilegiado de autoridad en la constitución de sentidos. El cine es muy abierto y democrático para caer en eso.

    PLURALIDAD

    – En relación a ámbitos como el FICER que permite habilitar esos otros mundos ¿Qué opinión tiene?

    – En particular en relación al FICER, en esta edición ha sentado sus bases. El año pasado lo central fue marcar que existía, su nacimiento. Este año el equipo de dirección artística, liderada por Celina Murga, junto a Maximiliano Schonfeld y Nicolás Herzog, en la programación, le ha dado un signo al festival. Y está claro que se trata de un festival que ha reunido un conjunto de películas muy diversas, con una clara preocupación por el tema `Género´. Por otra parte también se ha dado lugar a películas que no tienen un alto nivel de producción. Es decir hay lugar para el cine independiente.
    Como cualquier organismo vivo, la constitución de la identidad se da en el tiempo.
    Por otra parte, que uno de los invitados sea Abbas Fadhel, un cineasta irakí, señala un descentramiento del festival respecto a las leyes del mercado y de los gustos. Entonces ha habido una atención para el cine del mundo y para el cine argentino, que da cuenta de una ostensible pluralidad que el mercado y las salas de cine a veces retacean.

    EJES

    -¿Cuáles son los ejes principales con los que trabajó en taller de formación de espectadores?

    -El propósito fue reunir un conjunto de herramientas conceptuales que permitieran expandir la mirada y la escucha de las personas que asistieron al taller. Básicamente lo primero que planteamos es la relación con el cine no como evasión, sino como conocimiento. Luego el planteo que el cine es mitad imagen y mitad sonido, y que debe trabajarse sobre las formas sonoras que tiene, como detectar y reconocer esa dimensión. En el lenguaje con el que se escribe acerca del cine, el vocabulario auditivo es mínimo, porque es algo que no se ha aprendido a percibir. Y los grandes cineastas siempre han trabajado sobre la relación entre estos dos campos. Robert Bresson, Jacques Tati, Abbas Kiarostami, son cineastas que han comprendido que en el sonido puede jugarse algo mayor por momentos, al punto que en ciertas ocasioens le han dado mayor prioridad que a la imagen. El tercer punto fue abordar el concepto de política de los autores, que es una forma de entender la obra a través del tiempo de un director. Finalmente abordamos algunos conceptos claves del lenguaje del cine, en particular el `fuera de campo´, todo aquello que no está en el campo visual, pero que interfiere desde `fuera´ y que define, a veces, mucho más que lo que se ve.

    -¿Qué posibilidades ha abierto la realización del programa Filmoteca, en la TV Pública?

    -Es un espacio de absoluta libertad tanto desde el canal, que nos permite difundir lo que querramos, como desde el concepto de programación que destituye el concepto de un cine de alta calidad versus un cine menor o de entretenimiento. Para nosotros el cine es todo. Y en ese universo conviven grandes películas y otras que no. Con Fernando Peña, con quien conducimos el programa, nos sentimos hermanados con la figura de Henri Langlois, que fue creador de la cinemateca francesa en la década del `30. Él tenía el concepto de que había que ver todo lo que se había hecho. Coincidimos con eso. Esa es la intención. Obviamente hacemos una selección que apunta a difundir material de calidad, pero alguna que otra vez difundimos películas que no son muy buenas, y lo hacemos a sabienda. Para nosotros una película de zombies como una de vampiros, puede tener la misma importancia en nuestro `Panteón´ de grandes films de todos los tiempos que una producción de Bergman, de Cassavettes, de Felini o de cualquier nombre consagrado al que se le ha otorgado el estatuto de `cine serio´, como Tarkovski, a quien se invoca para denotar la distinción de lo que el cine debe ser. Para nosotros no hay un `deber ser´. El cine es muchas cosas al mismo tiempo. Y en todos los géneros puede haber hitos de genialidad, películas inolvidables, felices que nos llevan de algún modo a militar una democracia radical en el cine como una forma de ejercitar la cinefilia.
    Personalmente me permite seguir aprendiendo, porque la historia del cine es amplísima y siempre conocemos menos de lo que creemos. En ese sentido, hacer el programa me permite luchar contra mi propia ignorancia.

    Lo más leído