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martes, octubre 22, 2019
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    Reflexiones de un autor que confiesa que ha vivido

    En “Vivencias de un hombre mediocre”, Aldo Herrera comparte reflexiones surgidas de la experiencia de una vida.

     

    A modo de legado, en las 212 páginas del volumen publicado en edición de autor, profundiza una línea que había planteado en su trabajo anterior, “Arar con caballos”. Allí expresaba en versos un modo de transitar la existencia. Ese libro, confía el autor “me permitió desarrollar la contemplación, encontrar el tiempo para eso”.

    Ahora, en “Vivencias de un hombre mediocre”, se reconoce como “prudente” y con cierto orgullo de poder ser un “hombre mediocre”.

    “No escribo para agradar a nadie”, asevera. Pero aclara que “si a alguien le gusta lo que escribo, ¡por supuesto me causa satisfacción!”.

    El propósito con estas páginas es dejar testimonio. “Lo que yo he vivido, tiene que quedar escrito en algún lugar, no porque haya sido importante ni porque me sucedió a mí, sino porque ocurrió y otra persona no lo va a contar”.

    Y agrega: “Nos encontraremos en nuestra ubicación en el mundo reconociendo que el valor que tuvimos como transmisores de sabiduría ya no sirve. Necesitamos encontrar otros lugares donde ser útiles a la sociedad, y principalmente a nosotros mismos”.

     

    MADUREZ

    De ese modo, posicionado desde una “adolescencia de la ancianidad”, el momento del “Ser”, -tras haber atravesado las etapas del hacer y el tener- el autor rezuma entonces en estos textos breves su conocimiento de la vida a partir de asumir el lugar y la etapa de la vida que transita, y hacerlo en plenitud. Con luces y sombras. Sin idealizar lo pasado y disfrutando de la madurez.

    “Siempre tengo en cuenta que las personas somos como las carretas, que cuanto más vacías, mas ruido hacen”. Por eso, señala este entrerriano a carta cabal, en ocasiones “es con mi silencio cuando puedo demostrar cierta sabiduría”.

    Herrera adelanta que lo que encontrarán los lectores en los textos de “Vivencias de un hombre mediocre”, “es mi realidad”.

    Así, en este tenor Herrera despliega una variada paleta temática en sus textos, que comprenden –entre tantos otros aspectos- la prolongación de la vida y el sentido de la misma; los proyectos vitales; la jubilación y la edad `pasiva´; el trabajo como valor ordenador de la existencia; aparecen las memorias de la infancia, la crisis de la década del 1930, la familia, la cultura de los inmigrantes, la educación y la cultura en el sector rural, sin olvidar la filosofía y el placer de la lectura.

    El uso del tiempo, Los liderazgos, La felicidad y reflexiones sobre el ocio, el perdón, la generosidad, la autoestima y el agradecimiento

    En relación al agradecimiento reconoce especialmente a sus maestros de escuela primaria “Dolly Genolet y Eliseo Maín, que me introdujeron en la lectura de los buenos libros”.

     

    SENCILLEZ Y PROFUNDIDAD

    Adolfo Golz, autor del prólogo, discrepa con el autor en relación al título al expresar con sus palabras: “debo señalar que estas vivencias no son para nada las de un hombre mediocre. Todo el libro tiene una gran carga de un hombre que en forma innata posee una gran inteligencia emocional”.

    Para Golz, “Aldo posee el don de la reflexión, hay un poco de filosofía oriental que posee en forma idónea, tal vez fruto de sus lecturas”. Y sobre esta base construye su propuesta.

    Herrera, señala Golz, “posee una memoria activa a través de los años y con esa capacidad ha sabido plasmar sus recuerdos en escritos, de lectura sencilla, pero que poseen gran profundidad”.

    “Aldo –concluye Golz en el prólogo- aprendió joven a “Arar con caballos”, y ahora lo hace a través de la escritura, con la esperanza que la semilla germine en campo fértil”.

     

     

     

     

     

     

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