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jueves, octubre 6, 2022
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    “Mujeres entrerrianas”, paraíso sumido en un franco deterioro

    Sin baños ni bebederos, con juegos rotos, infraestructura mínima y áreas desaprovechadas, la plaza “Mujeres entrerrianas” ha sido apropiada por una amplia comunidad del este de la ciudad de un modo notorio, como pista de salud, espacio de recreación, entretenimiento y sobre todo de encuentro, de socialización.

     

    Redacción El Diario | [email protected]

     

    A toda hora la plaza “Mujeres entrerrianas” es ocupada por vecinos de distintas edades y condición que, solos, en grupo o en familia, la usan como pista de salud, centro de entrenamiento, espacio de esparcimiento o simplemente como área para distraerse, tomando mates, conversando, viendo a los chicos jugar.

    Ubicada entre las calles Susana Acevedo, José Lambarri, Carmen Germano y José María Cocuzza, es un pulmón verde, por cierto a medio hacer, porque la vegetación arbórea interior está desordenada y la circundante, la que acompaña a una ancha bicisenda de asfalto flexible por donde se camina o trota, cuenta con ejemplares que no han alcanzado aún su madurez.

    Entre lo plantado hace tiempo y lo más reciente se obtiene una población peculiar, que puede estar integrada por galerías de tupidos arbustos, aislados árboles de nutrido follaje y a su lado un grupo de palmeras, sobreelevadas, como en una especie de isla rodeada de tierra plana, lo que no deja de darle un aspecto disonante al paisaje.

    El “factor humano” jerarquiza un predio que luce descuidado por la Municipalidad. Foto Sergio Ruiz.

    La vegetación está concentrada en el cuadrante sureste mientras el resto luce más bien ralo. En ese amplio espacio se encuentran juegos infantiles rotos, aparatos para gimnasia, una pista de bicicross y un sector libre en el que los sábados o domingos -cuando no entra un alfiler- puede armarse un escenario o eventualmente instalarse una carpa de circo.

    Las marcas del abandono municipal son notorias porque, ya se sabe, no alcanza con mantener corta la gramilla. Eso sí, el disfrute del aire libre, del sol, del viento, la propia postal verde que se despliega ante la vista, constituye un recurso absolutamente saludable.

     

    DE AYER A HOY

    Del viejo Hipódromo Almafuerte, para uso público ha quedado esta plaza y la manzana de lo que fuera el casco hípico. Allí, desde el norte, se distingue la majestuosa belleza del palco techado, con sus cuatro hileras de bancos dispuestos en plano inclinado, sus escaleras de mármol y sus rejas señoriales. Está cercado por una oxidada malla sima dado que existe riesgo de derrumbe. En rigor, en la nueva disposición esta construcción quedó separada de la plaza “Mujeres entrerrianas” por una calle interna (José Lambarri). Está ahí, se puede ver, pero no tocar y mucho menos recorrerla.

    Detrás de las tribunas, sobre Maciá, sigue en pie el distinguido portón de rejas de la entrada principal. Pese a los riesgos ya descriptos, funciona allí un área municipal dedicada al mantenimiento de espacios verdes y, a un costado, un sector donde pastan los caballos que son recuperados del maltrato humano. Pese al esfuerzo de los empleados por mantener el predio barrido y ordenado, el aspecto general es el de una construcción en ruinas, con escalinatas y lozas de acceso descalzadas por la presión de las fornidas tipas que, a cambio, regalan una sombra refrescante.

    El resto de esa manzana -que es ocupada por la Comuna- no tiene vereda: la vegetación crece donde quiere y los caminantes pasan por donde pueden. Se asegura, en cambio, que las manzanas vecinas, a la izquierda y a la derecha de la plaza “Mujeres entrerrianas”, pertenecen a privados y, siendo tristes baldíos, no falta quienes lo aprovechan, sobre todo del lado oeste, donde se plantaron los arcos que configuran -esquemáticamente- una cancha de fútbol.

    La apertura de calles, que de alguna manera, ayudó a disolver la barrera arquitectónica que significó durante décadas la presencia del hipódromo, permite ingresar a la plaza “Mujeres entrerrianas” desde Almafuerte, desde José María Cocuzza (que surge paralela a la avenida cuando Enrique Carbó se convierte en su carril sur) y desde Maciá, desdichada, breve y ancha avenida, en cuyo cantero central se implantó una bicisenda que nadie usa y una hilera doble de parantes para la seguridad vial que atentan contra el más elemental sentido de la estética.

    Qué magnífico espacio verde tendría toda esa comunidad, de un lado y del otro de Almafuerte, si la ciudad interviniera de manera sostenida en estas dos manzanas, resolviera qué uso darle a las instalaciones sobre Maciá, organizara mejor todo el área, potenciara la población vegetal, incorporara senderos interiores, sumara baños y bebederos, arreglara los bancos y sistematizara una serie de actividades culturales, recreativas y de entretenimiento para grandes, jóvenes y chicos.

     

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