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“El equilibrista”, una historia singular que “redignifica” la vocación teatral de Mauricio Dayub

El artista regresa a Paraná para presentar “El equilibrista”, en el Teatro 3 de Febrero. La obra, escrita por el actor y dramaturgo junto a Patricio Abadi y Mariano Saba, propone una historia que por su temática y contenido interpela al público por su humanidad y su planteo estético y poético.

 

Carlos Marín | coordinacion@eldiario.com.ar

Mauricio Dayub vuelve a la ciudad en la que mantiene sus raíces, aunque haya partido hace más de tres décadas. Y cada retorno resulta, para el público y los afectos de la capital provincial, una experiencia renovada, que renueva un contrato no escrito de afecto y fidelidad.

Esta vez Dayub se reencuentra con Paraná el jueves en su rol de autor y actor de “El Equilibrista”, unipersonal que presenta en su sala porteña, el Chacarerean Teatre y que aquí podrá verse en el Teatro Municipal 3 de Febrero.  Desde su estreno el trabajo resultó un éxito, agotando las localidades incluso una semana antes de cada función.

Con dirección de César Brie, el espectáculo se gestó a partir de la necesidad de resignificar o “redignificar” su vocación por el teatro. “Quise hacer un espectáculo donde la historia se la imaginara el espectador; ese fue el desafío que me propuse. Para eso aprendí a manejar unos 35 y 40 objetos, a tocar el acordeón, a hacer equilibrio casi por encima de la cabeza de los espectadores. Por supuesto, conté con un equipo extraordinario, un director como César Brie, y el resultado final me conmueve, porque se parece mucho a lo que me propuse antes, y eso no siempre pasa”, confió el artista a EL DIARIO.

En esta nueva experiencia, el dramaturgo que brilló con “El amateur” y su papel en “Toc-Toc”, comparte autoría de la obra con Patricio Abadi y Mariano Saba. “Cuando llegué a ser adulto me di cuenta de que estaba en un problema: no me gusta la vida de los adultos. No me gustan la resignación, los cumplidos, los bancos, ni los remedios. Me gustan la ilusión, la euforia, la expectativa, la posibilidad. En eso ando. Por eso este espectáculo”, aclara.

 

SATISFACCIÓN

-¿Cómo resultó el proceso de escritura “a seis manos”, junto a otros dos autores?

-Fue una experiencia muy buena. A mi me gustaba mucho como ambos, con  muy poco texto pintaban un personaje y también hacían que su universo se hiciera presente. La idea inicial que combiné fue que escribiéramos seis monólogos; dos cada uno. Después sentí que mi escritura difería de la de ellos. Y empecé a trabajar solo con todos los monólogos. Encontré la vuelta a partir de evocar una situación familiar que no había contado nunca y que viví hace más de 25 años en Europa, cuando fui a rodar una película a Yugoeslavia. Por una casualidad pude conocer el pueblo del que vino mi madre, en Italia. Y eso quedó incorporado en el proceso de escritura y después al elaborar la puesta, ya sobre el escenario.

 

-¿Cuál fue la premisa inicial sobre la que comenzó a estructurar la obra?

-En primer lugar definí que lo que quería presentar sobre el escenario no era teatro si no lograba hacer imaginar al espectador parte de la historia en su cabeza y en su corazón. De  manera que si bien lo que cuento inicialmente forma parte de la historia de mi familia, también –por ese mecanismo ligado a la imaginación y a la identificación- fuese a la vez la de cada uno de los espectadores.

 

-¿Cómo trabajó concretamente ese enfoque?

-No se trataba de mostrar todo en escena. Fue un desafío complejo concretarlo y poder resolverlo bien. Y para eso empecé a trabajar con objetos que fui incorporando por lo que actualmente manipulo en el transcurso de la obra más de treinta y cinco. Este tema fue un desafío. Y quiero mencionar que Alfredo Godoy Wilson diseñó y construyó varios de los objetos. No hay muchas personas capaces de resolver estos pedidos.

Además  tuve la suerte de encontrarme con César Brie. El me asistió y potenció el trabajo con los objetos en un proceso que transitamos juntos.

 

VUELTA A LAS FUENTES

-¿Por qué plantea que en esta obra hay una resignificación de su trabajo?

-En el proceso de construir el espectáculo, hice una suerte de resignificación de mi vida, de mi vocación, de tantos años de profesión. Tená una especie de vacío porque hacía nueve años que hacía el mismo rol en “Toc-Toc”. Nunca soñé perpetuarme en un mismo papel. Creo que ningún actor sueña con eso. De ahí que me pregunté qué teatro quería ver. Hace tiempo que considero que estaba siendo adulterado. Pasa que comenzaron a subir al escenario muchas otras profesiones, que no eran las del actor, específicamente: modelos; `galancitos´ –que fueron muy criticados pero que terminaron siendo los mejores actores argentinos-; periodistas (Lanata, Polino); humoristas de radio –imitadores como Tarico-; quienes contaban chistes y llegaron desde el stand up. También accedieron Felipe Pigna, el historiador; Darío Zeta, el filósofo; y también economistas como Javier Milei y psicólogos como Gabriel Rolón y Pilar Sordo. Aclaro que no me opongo a qué eso suceda, porque también en algún punto, es parte de este fenómeno por el cual nos consideran una de las cuatro plazas teatrales más importantes del mundo; Buenos Aires está vista al mismo nivel de París, Londres, Nueva York. Pero sí empecé a notar que por lo anterior se desdibujaba aquel teatro por el que me había apasionado; ese teatro que en su momento me había hecho dejar mi casa; y que tiene relación con esa constancia por la cual desde hace 40 años me levante todas las mañanas buscando escenas. Ese teatro no aparecía plenamente y quería que no desapareciera aquello que a mí me había llevado a ser actor. Que realmente existiera. Así me propuse un espectáculo en el cual yo pusiera mi granito de arena en cuanto a lo que creo qué es el teatro.

 

-Parece que la respuesta del público confirmó que su intuición era acertada.

-Lo increíble es que cuando empecé con “El equilibrista”, que aún no se llamaba así, pensaba que estaba haciendo un espectáculo para mí, para darme un gusto. Y que luego del suceso de Toc-Toc –con nueve años en cartel- sería lindo concretar una producción sin pensar en clave de éxito o fracaso. Y dije: `voy a hacer lo que a mí me gusta. Quiero morir con las botas puestas´. Y salté. Lo mágico es que lo que pude producir conectó de inmediato con la gente. Y sin proponérmelo lo que quería compartir volvió a ser un éxito.

 

¿Qué explicación tiene para la repercusión que ha generado “El equilibrista”?

Creo que va por el lado de `pinta tu aldea y pintaras el mundo´.  En el medio percibo que hay una necesidad –compartida con muchos- de no tenerle miedo a la emoción, de conectar con los otros. Es que el mundo se ha transformado en algo muy hipócrita, alejado de lo que necesitamos. Nos vamos acostumbrando a eso y pareciera que no nos damos cuenta de lo que realmente nos hace falta. Esto me hizo pensar que también, en un contexto actual, hay mucho público que quiere verse reflejado y que trata de redefinirse para seguir adelante, como tuve que hacer yo mismo.

 

“Me conmueve la conexión que hemos logrado con la gente a partir de esta historia. Eso es una sorpresa y me produce una alegría enorme”, asegura el actor y dramaturgo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UN ÉXITO A SALA LLENA

 

 

“Desde que hicimos el estreno, la temporada la planteamos los días en que habitualmente la gente no va al teatro, porque las salas están cerradas. Fue un desafío. Y de inmediato el público respondió. Hasta ahora, todas las funciones de “El equilibrista” se hicieron con el cartel `Localidades agotadas´. Y hacemos más de 20 por mes en el Chacarerean, el teatro en el que trabajo los lunes, martes y viernes. Es cierto, algo tuvo que ver con la repercusión una campaña que hicimos por algunas emisoras de radio que proponía al espectador que éste era un espectáculo `con garantía´. Si alguien no quedaba conforme con la obra, podía pedir al salir que se le devolviera el importe de la entrada. Desde el estreno y hasta ahora, nadie pidió que se le reintegre ese valor. Y lo que pasó es que luego comenzó a correr el comentario y la recomendación entre la gente. La campaña se viralizó y la tomaron los grandes medios, lo cual fue también un impacto enorme. Pero en realidad lo más importante es la conexión que hemos logrado con la gente. Eso es una sorpresa y me produce una alegría enorme.

 

“Me conmueve la conexión que hemos logrado con la gente a partir de esta historia. Eso es una sorpresa y me produce una alegría enorme”, asegura el actor y dramaturgo.