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Fumigaciones: cuando el negocio vale más que la vida

El nuevo Decreto Nº 2239/19 establece sólo 50 metros la distancia de las viviendas rurales para las aplicaciones de plaguicidas. La familia Lovera, de Colonia Celina, en el departamento Paraná, vive un calvario con este sistema de producir granos que requiere aplicaciones que son perjudiciales para la salud. El pasado 5 de julio 12 policías tuvieron que intervenir para que un productor pueda fumigar debido a los reclamos.

 

Mauricio Garín

 

La familia Lovera resiste, le cortan la calle al arrendatario que trabaja el campo de enfrente a su domicilio para que pare de fumigar. Entienden que la salud y que su vida está primero antes que el modo de producir granos.

La familia Lovera, que vive en Colonia Celina, ubicada a 30 kilómetros al norte de la capital provincial, se podría tomar como un caso testigo en cientos de familias entrerrianas que viven en zona rurales y sufren las consecuencias del gran éxito agropecuario, apoyado en herbicidas para que los rindes sean mayores.

Los Lovera tienen la valentía para seguir luchando por algo indispensable: vivir sanos, aunque las consecuencias de los agroquímicos ya los afectó. Piden respeto a la vida. El derecho a que no los enfermen más.

Carlos Lovera, de 46 años, el hijo, pide “humanidad” por su mamá Marta Isabel Tossolini, de 75 años, y por su papá, Justo Bernardo, de 83. Este último dejó sentado “de palabra” en la Comisaría de Villa Urquiza, el pasado jueves 4 de julio, que si el fumigador volvía él se iba a encargar de “tirarle con su escopeta”.

 

EL PIQUETE

Justo Bernardo está de brazos cruzados, se lo nota cansado pero decidido a dar su vida por su compañera, Marta Isabel. La llegada a la Comisaría de Villa Urquiza se dio porque ese día había sido insultado por el productor y su hijo. Es que Isabel, cuando vio venir el fumigador, caminó 50 pasos, llevó una silla y se sentó en el camino para no dejarlo pasar. Eso ocurrió durante tres días. Al cuarto, el viernes 5 de julio, el productor vino con 12 policías, ingresaron a la casa de los Lovera y con la excusa de “prevenir” controlaron a la familia. Mientras el mosquito fumigador hacía su trabajo, una camioneta de la Policía de Entre Ríos lo protegía.

“Esto ya no es vida para ella”, son las únicas palabras que dijo Justo Bernardo, en una entrevista ante varios periodistas que llegamos a Colonia Celina para escuchar el calvario que vienen pasando.

 

 

La vida de Isabel es un martirio. Según como esté el viento el olor penetrante del herbicida llega hasta la casa. Cierran todo. Pero el olor sigue, traspasa, no respeta su propiedad. La mujer de 75 años empieza a hincharse y a cerrársele el pecho. Se le llena de llagas la lengua y si el viento sigue por varias horas se le brotan los labios.

“Me he levantado a la madrugada y me encuentro con mi mamá y mi papá despiertos, y tenemos que salir a buscar un Centro de Salud abierto”, cuenta Carlos indignado.

Sumado a que el nuevo Decreto 2239/19 del gobierno provincial establece sólo 50 metros la distancia prohibida desde las viviendas rurales para realizar aplicaciones, la geografía en la zona hace que frente a la casa de la familia se forme una laguna que acumula los restos de los pesticidas que se tiran. Ante un cambio de viento que apunta hacia la casa de la familia se empieza a sentir el olor y aparecen las consecuencias.

El destino los cruzó con la Asamblea de Vecinos

Ese mismo de los reclamos, el viernes 5 de julio, llegaron a media tarde al Centro de Salud de Sauce Montrull Arturo Meroi. “De acá no nos vamos mas”, protestó Carlos Lovera al ver que había más de 25 personas en la sala de espera. Pero a los minutos se dieron cuenta que lo se estaba desarrollando allí era un charla organizada por la Asamblea de Vecinos por la Salud y el Ambiente de la Cuencas Las Conchas, donde un ingeniero, los productores y los vecinos trataban el tema de los agroquímicos.

Allí la vida les dio un mimo, un alivio, porque desde la Asamblea se organizó el viernes 6 de agosto en la Junta de Gobierno de Celina una reunión donde participó la familia, la Policía, el Presidente de la Junta de Gobierno, José Maccarrone, el subsecretario de Ambiente de la provincia, Lucio Amavet, y el coordinador de la Dirección de Juntas de Gobierno, José Bantar. Allí la familia y la Policía contaron los detalles de lo que sucedió ese día viernes 5 de Julio.

“Los presentes en esa reunión nos volvimos con las lágrimas contenidas”, declara con impotencia en los ojos, pero con el dato de que hay un caso puntual para contar y visibilizar. El modelo más exitoso para producir granos afecta a la salud de la personas, y los priva de derecho a gozar de su casa, que además de su propiedad es parte de su vida.