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martes, octubre 22, 2019
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    “La culpa la tiene la actividad humana”

    La actividad humana que utiliza combustible fósil es la que produce el calentamiento global. Es la tesis que sostiene la Academia Pontifica y que el Papa Francisco ha hecho propia. “Asumir esta posición es meterse con todos los petroleros”, señaló monseñor Sánchez Sorondo en Paraná. El Canciller dela Academia sostuvo que “tenemos el imperativo moral de ocuparnos del clima”.

     

    Redacción El Diario

    Para participar de la Jornada Internacional de Protección del Medio Ambiente, llegó a Paraná el Canciller de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo. Arribó el jueves a la noche para el día viernes, además de cumplir con el motivo principal de su visita, ser recibido por los vocales del Superior Tribunal de Justicia y declarado Huésped de Honor por el gobierno provincial, lo que aconteció en una reunión encabezada por el Vicegobernador a cargo del Ejecutivo, Adán Bahl, ministros del gabinete y los funcionarios de la Secretaría de Ambiente.
    “Estamos contentísimos de estar acá. Que la Argentina esté en los temas que preocupan a la humanidad y más que nunca aquí, con el río Paraná, una cosa increíble” manifestó a EL DIARIO el obispo, en una breve expresión que dejó entrever preocupaciones e intereses que desarrolló en la ponencia, en el auditorio del STJ y en una entrevista con esta Hoja.
    “La Academia nace en 1603 con el príncipe Federico Cesi, un príncipe joven de Perugia, apoyado por el Papa Clemente VI. El líder fue inmediatamente Galileo Galilei que publicó todas sus obras como académico. Son las primeras publicaciones de la Academia que llevaban la firma Lincei, porque se llamaba Academia de los Linces, por el animal que ve lejos. Tenía como lema ´La perfección en lo pequeño´. Aparte de la obra de Galileo se publicaron estudios sobre la fauna y la flora de Méjico, dándole un carácter de ciencia natural”. Los inicios de la Academia que ya cuenta más de cuatro siglos de existencia fueron desandados por el Canciller Sánchez Sorondo, que en un interesante relato fue dando cuenta de datos históricos y anécdotas para concluir que “con muchas vicisitudes siguió la vida de la Academia, y cada Papa aportó algo”.
    Habló de “una forma de verdad, que no la da la Filosofía, que no da la Teología, que da la ciencia”, para subrayar después “la influencia enorme de la Academia”.
    Actualmente la integran 80 miembros, notables, muchos premios nobel, de carácter internacional. “Los 80 miembros son estables. Cuando llegan a los 80 años no son numerables, aunque siguen siendo totalmente activos” puntualizó.
    Consideró que la Academia Pontificia tiene la ventaja de no ser una academia nacional. “Con posterioridad, copiando la idea de la Academia del Vaticano, Francia hizo su academia y los ingleses, la propia. Y como dicen los papas siempre, esas academias fueron muy importantes y lo son, pero tienen el límite de ser nacionales, no tienen la misma autoridad ni capacidad de influir”. También destacó que “la Academia siempre conservó y las otras no tanto, estudiar temas y sacar una común opinión”.

    CAMBIO CLIMÁTICO. Sánchez Sorondo afirmó que la Academia empezó hace 30 años con los primeros debates sobre la crisis del clima, que después el Papa Francisco lo pone en su encíclica Laudato Si. “Es una idea que viene de la Academia, idea original en la cultura del mundo gracias a nuestra Academia. (Paul) Crutzen premio nobel irlandés, (José) Molina premio nobel mejicano, y Raman de la India, llegan a la misma conclusión que dice que ´la actividad humana que utiliza combustible fósil es la que produce el calentamiento global´. El Papa lo repite. Y además, (dice) que las consecuencias de eso la sufren los que no utilizan combustibles fósiles. No tienen petróleo y no contribuyen al calentamiento global sino indirectamente, porque malvenden los árboles que tienen porque deben sobrevivir o queman como ocurre en Brasil, pero ciertamente no gozan de los beneficios de esas explotaciones. Esas son las dos tesis de la academia. Son fundamentales”.
    Destacó “toda la contribución que ha hecho la Academia en el magisterio porque la mayor parte (de sus posiciones) son asumidos por el Papa, por ejemplo el tema de la muerte y otros de importancia. La Academia propone una tesis, por ejemplo, ´la actividad humana que utiliza combustible fósil es la que produce el calentamiento global´ y el Papa si quiere, la asume o no. El Papa Francisco ha tenido el coraje de asumirla”.

    -¿Por qué el coraje?
    -Porque no todos los papas tienen el coraje de seguir lo que dice la ciencia. Hay que decir que el Papa Francisco tiene una formación científica. Aunque él no lo dice, estudió química. Se ve en las descripciones que hace en la encíclica (Laudato Si). Asumir esta posición es meterse con todos los petroleros, que le hacen la guerra como la están haciendo ahora. Es mucha plata, evidentemente.

    -¿La academia acompaña esas definiciones con acciones tales como convocatorias, reuniones?
    -Pasa a la acción indirectamente. Es evidente que influye después en la política. Es una idea que irradia sobre la cual los científicos en muchos campos discuten, pero en este campo están todos de acuerdo. Al principio discutían, pero ahora están todos de acuerdo. El problema es que los gobernantes en alguna medida están de acuerdo, pero hay otros que no. Tenemos la gran ventaja en el sur, que Chile tiene una política de Estado respecto del clima y eso gracias a la Academia también. Apenas me hicieron académico había un embajador muy ilustre, Máximo Pacheco, y me invitó a acercar un grupo de la Academia para exponer en la Universidad Católica de Chile, que es muy importante. Fui con Carlo Rubbia, Premio Nobel de Física, y el presidente de la Academia de Ciencias Sociales. Ahí Rubbia dijo a todo el grupo de los economistas y políticos que participaron: ´¿Por qué van a seguir ustedes el sistema de energía que tiene Europa que está en crisis y que está produciendo un desastre ecológico?´. Y los chilenos no siguieron. Hoy los chilenos tienen una política que ojalá la tuviera Argentina. Es interesante porque (Michelle) Bachelet evidentemente no es lo mismo que el gobierno actual, este es un gobierno de empresarios, pero están convencidos. Hicimos un encuentro hará un mes, convocado por la Academia y el ministro de Finanzas de Chile a todos los ministros de Finanzas que son responsables de este tema, para preparar el G25 que se va a hacer en Santiago de Chile. Ellos pasan por ser un gobierno de derecha, pero están espantados con el tema del clima.

    -Al capitalismo se lo señala incompatible con el cuidado del ambiente. ¿Su experiencia no lo confirmaría?
    -El capitalismo es un sistema que pone al capital para la producción. Cuando el capital va a la producción para el bien común está muy bien; ahora, si el capitalismo se dedica a hacer juego financiero, evidentemente no. Eso ya lo dice Aristóteles, cuando crearon la moneda. Dice es la cosa más genial que se hizo en la humanidad, pero si la moneda después sirve para hacer juego con la moneda misma, esa es la corrupción de la moneda. La moneda debe servir como instrumento de producción.

    -Alude a Chile como un modelo. Del otro lado de la cordillera, en nuestro país se pone toda la expectativa en el desarrollo de un yacimiento de gas y petróleo no convencional.
    -Yo no me quiero meter en la política argentina. El problema de esta explotación todavía es más complicado porque no solamente produce recalentamiento sino también terremoto. Como no tienen los medios para hacerla bien, es peligroso. Sólo el nombre que tiene, Vaca Muerta…Yo no me metería. Sobre todo, como dijo Rubbia a los chilenos, la Argentina tiene mil posibilidades de energía solar, eólica, hídrica, y de todas las combinaciones. Con el problema del clima está el problema del agua. Se están reduciendo los llamados glaciares eternos.

    -¿Cuánto considera que hay de puesta en escena y cuánto de real toma de conciencia y compromiso por revertir o prevenir estas situaciones de parte de los gobiernos?
    -Hay mayor conciencia, pero todavía no se ha cambiado la tendencia. Hay ya algunas importantes decisiones, incluso de firmas que trabajaban con el petróleo y por razones económicas están buscando otras soluciones. Algunas, otras no. Lo mismo pasa con el carbón. Hay pueblos que están alarmados. Algunos pueblos que viven en islas que van a desaparecer. Cualquiera que tenga algo de edad nota el cambio climático. Ahora decimos que los aborígenes son los que mejor perciben el cambio climático, y es verdad, pero no saben cuál es la causa. Eso viene de la Academia. Si uno explica que la causa es el petróleo tampoco llega mucho. Lo interesante es que esa causa, es justo lo que no todos quieren creer. Dicen fundamentalmente que se atribuye al movimiento solar, y es verdad. La Academia misma dice que el movimiento solar tiende a aumentar por momentos y a disminuir en otros su influencia de calor, pero esos son movimientos que duran milenios. Cuando se trata de un movimiento que coincide con el gran desarrollo y extensión de la actividad de los combustibles fósiles, es clarísimo que se junta al recalentamiento que viene del sol, pero la concreta influencia, es la actividad humana. Esa es la tesis. La culpa la tienen los hombres, no el sol.

    -¿Qué rol considera que tiene la sociedad en la generación de los cambios?
    -Hay sociedad más alarmada y otra más dopada porque tienen otros problemas y no ven este. Por ejemplo, los europeos están muy asustados, especialmente los alemanes. Los que tienen formación científica y creen en la ciencia, tienen un poco de temor. Ahora, sin formación científica, incluso viven en la naturaleza, como los aborígenes. Se dan cuenta que toda cambia pero no se sabe cómo salir. En Estados Unidos, tengo amigos en Luisiana, un lugar precioso. Tienen el Misisipi, ahí tuvieron el famoso huracán Katrina, que destruyó todo y mostró aspectos de la desigualdad en Estados Unidos. Ellos tienen petróleo y sobre todo refinerías y muchísimo dinero. Han reconstruido todas las casas. Al principio lo atribuían todo al cambio climático, ahora dicen que no es por el petróleo porque viven de eso. Reconstruyeron las casas, pero están destruyendo el planeta. Este es el problema. Los petroleros no quieren creerlo porque se les arruina el negocio. Esa es la ventaja de hablar, sin un compromiso concreto, de lo que dice la ciencia: La verdad.

    Imperativo moral

    Monseñor Sánchez Sorondo afirmó que “tenemos el imperativo moral de ocuparnos del clima y de ir en contra de todas las formas de esclavitud humana”, entre las que mencionó el tráfico de órganos, la prostitución y el trabajo forzado, a los que caracterizó como crímenes de lesa humanidad. La afirmación fue compartida ante los miembros del Superior Tribunal de Justicia, encabezados por el presidente del cuerpo, Emilio Castrillón.
    En su ponencia, interpeló a la audiencia a trabajar en el cuidado del medio ambiente y a impulsar la transición hacia las energías renovables “para ayudar en la solución del planeta”. Y, al referirse a Paraná, destacó las condiciones geográficas de la provincia y sus característicos ríos Paraná y Uruguay. “Con el agua y el sol que tienen, el deber es pensar cómo ir hacia las energías renovables”, propuso al tiempo que llamó a proteger el Acuífero Guaraní.
    Sánchez Sorondo advirtió además sobre la creciente vulnerabilidad del ser humano y las nuevas formas de la esclavitud “porque el ser humano utiliza a otros seres humanos para su conveniencia”.

    Castrillón: “Proteger al medio ambiente sin excedernos”

    El presidente del Superior Tribunal de Justicia, Emilio Castrillón, sostuvo que para el cuidado del medioambiente es necesaria “la participación de la ciencia, de la técnica y del juez. Si no cuidamos el medio ambiente, entendemos las consecuencias”, indicó.
    Al abrir la Jornada exhortó a proteger el medioambiente y precisó que “el desafío es encontrar la protección al medioambiente sin excedernos y para que sigamos viviendo en sociedad y con producción. Es lógico proteger el medio ambiente, porque es nuestra casa común y tiene que ser viva y productiva, cuidada y entendida porque debe arropar a todos y es en definitiva el techo de todos”, definió. El magistrado dijo que para el cuidado del medio ambiente es necesaria “la participación de la ciencia, la técnica y del juez. Sino cuidamos el medio ambiente, entendemos las consecuencias”, indicó.
    “Hay que establecer reglas cumplibles y claras”, sugirió Castrillón, y pidió que para hacerlo “no exista un juez temerario que parta desde el punto de extremo de protección, sino un juez racional que sepa decidir con la consulta científica y la racionalidad lógica del Derecho para asegurar el techo de todos que es la casa común”.

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