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El Dúo Enarmonía, hábiles orfebres de poesía y música

Con la excusa de presentar el disco “Dos trazos”, el Dúo Enarmonía montó un espectáculo poético musical de valía, en el Teatro “3 de Febrero”. Caja de resonancia de las culturas latinoamericanas, la obra -recomendable, por cierto- recrea una atmósfera en la que conviven Sampayo, Heinze, Martínez, Amor y Yupanqui, Chaparro y Tonina.

 

Víctor Fleitas | coordinacion@eldiario.com.ar

Uno de los aciertos de “Dos trazos”, el último espectáculo del Dúo Enarmonía, es que sus integrantes, Haydeé Chaparro y Guido Tonina, han encontrado una puesta en escena que traslade a una propuesta artística profesional la naturalidad y simpleza con que ellos mismos afrontan la vida cotidiana y el compartido arte.

La fórmula integró música, canto y poesía, con detalles refinados como números de danza, que ayudaron a darle movimiento a la propuesta. Las subunidades expresivas fueron siendo hilvanadas con la presencia de un maestro de ceremonia que en base a anécdotas que ayudaban a recorrer los 35 años de carrera del dueto, fue permitiéndole a los presentes -arriba y abajo del escenario- entrelazarse desde un área emotiva, de sencillez y calidez humana, en la que los artistas se mostraban como lo que son habitualmente: personas comunes y corrientes, con capacidades artísticas excepcionales, pacientemente pulidas. Poder transformar esos valores en un metamensaje ha sido un mérito, que vale la pena destacar.

El espectáculo como tal estuvo dividido en dos. En una primera parte, se produjo el estreno de la obra para violoncello y oboe titulada “Fantasía ribereña”, de Tonina, ejecutada por Javier Benítez y Orlando Salazar. Esta pieza, pese a estar más cercana a la música de salón o de academia, se mostró en sintonía con el carácter general de la obra del dúo, con fuerte identidad latinoamericana, pero desde una clara pertenencia a la entrerrianía, tal como lo evidencian la presencia de aromas musicales que remiten a la guarania y el chamamé, al valseado y la chamarrita. Se trata de una obra exigente que los instrumentistas resolvieron satisfactoriamente, en general. En los cuatro movimientos se luce Tonina como compositor, en la amalgama de melodías únicas con arreglos complejos y armonías arriesgadas, en el estilo de las logradas en los dúos con Chaparro a la hora de cantar.

 

EL DISCO

En la segunda parte, se presentó el disco “Dos trazos”. Lo primero que debe admitirse es que sobre el escenario, la formación de guitarrón y tres guitarras sonó de maravillas y fue una compañía elegante para el canto. Los músicos se dispusieron en rueda, ante una escenografía sencilla pero muy prolija, con personalidad, recatada. Ya sea como solistas o a dos voces, Tonina y Chaparro dieron una clase de interpretación y dominio de la técnica vocal puesta al servicio de la comunicación de un mensaje. Ha sido sumamente placentero poderlos escuchar, maduros, expertos, resolviendo con solvencia situaciones de fuerte exigencia expresiva.

En el plano instrumental, bajo la dirección de Tonina, se lucieron Mauro Leyes (primera guitarra), Gastón Lell (segunda guitarra) y Santiago Weber (guitarrón). El sonido del conjunto de cuerdas fue siempre refinado, con autoridad y moderada brillantez, equilibrado. Las posibilidades armónicas de la formación son amplias y las aprovecha al máximo la habilidad de Tonina en los arreglos.

Una de las gratas sorpresas de la velada fue la mini presentación de Cecilia Tonina, que ejecutó tangos en su bandoneón y dijo poemas de su autoría. Fue un momento emotivo para su papá y su mamá, es verdad; pero también es cierto que la hija estuvo a la altura de las circunstancias: ejecutó sin enredarse en firuletes de grandilocuencia y recitó los versos como quien disfruta del ritual. De pronto, los asistentes pasaron a estar en el living de los Tonina-Chaparro, en medio de un clima de confraternal cofradía. La actuación de Cecilia Tonina fue circunspecta, respetuosa del lugar de invitada especial.

Luego de despedirse, la joven artista iba a volver al escenario: esta vez como bailarina, junto a Joaquín Dappen, mientras sus progenitores desarrollaban el repertorio.

Haydeé Chaparro y Guido Tonina, integrante del Dúo Enarmonía.

DESGRANADOS

Los grupos de canciones fueron siendo hilvanados por los aportes de Leandro Bogado, un maestro de ceremonia particular que aparecía en escena a veces para presentar o despedir, otras para narrar o para oficiar de entrevistador. Los intercambios logrados con Haydeé Chaparro y Guido Tonina permitieron que emergiera su condición de seres humanos, alejados de toda egocéntrica vanidad, ese deporte tan practicado. Sin autorreferencias ni autoelogios, los artistas propusieron un espectáculo de altísima calidad profesional, de primera línea, cuidado en todos los detalles y, sin embargo, cotidiano como el pan recién salido del horno.

El disco “Dos trazos” contiene catorce canciones, de distinguida factura, en la que se rescatan formas de la cultura popular que resisten con hidalga entereza la pertinaz llovizna de una política global que tiende a uniformizar estándares, gustos y sensibilidades, empobreciéndolas. A contrapelo de las modas, bien arraigados en compromisos de liberación e independencia, abrazados a creadores de valía, el Dúo Enarmonía interpreta y compone como vive. No se trata sólo de hábiles constructores de repertorios, lo que ya sería meritorio; sus obras manifiestan la presencia de un gusto por la contemplación de lo bello, la palabra trabajada en busca de su más alto sentido ético, estético y político y un tipo de música de raíz folklórica que la academia ha enriquecido sin enrarecerlo, sino que potencia su riqueza ancestral. Lo que se genera, entonces, es un encadenamiento sereno de gemas poético-musicales y, en el oficio que se manifiesta en la conformación del collar, emerge nítido ese afán por el disfrute de un tipo de cultura que los hace locales y cósmicos donde reluce el conocimiento y el respeto por los poetas y músicos nuestros.

Si enarmonía es aquello que se aplica a la relación entre dos o más sonidos que, a pesar de poseer cualidades distintas, se aproximan hasta parecer idénticos en su entonación; si, además de llamativo nombre esas nueve letras encierran un propósito, deberá reconocerse que para Haydeé Chaparro y Guido Tonina la tarea está cumplida en “Dos trazos” y que, por otra parte, la meta ha sido alcanzada con la misma solvencia demostrada en los cinco discos anteriores.

 

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