15.4 C
Paraná
jueves, julio 9, 2020
  • Paraná
  • Sociedad
  • Nosotros
Más

    La contaminación de un arroyo conspira contra el Thompson

    Ubicado en un apéndice privilegiado por la naturaleza, entre el Túnel Subfluvial y el paraje de pescadores de Puerto Sánchez, el Thompson es una de las áreas de descanso y esparcimiento tradicionales de la ciudad, junto a la Toma Vieja.

    Redacción El Diario | [email protected]

     

    El Thompson es un balcón excepcional al río Paraná, que ofrece un espectáculo deslumbrante: ya esté embravecido o calmo; siempre se muestra maravilloso y cambiante, por sí mismo, por el entorno y por lo que espeja.

    De los tiempos idos queda el sector de asadores y la tupida arboleda. Se le ha agregado, una pista de salud, un arenero de importantes dimensiones (con juegos infantiles y para practicar deportes playeros), un camino costanero, locales de servicio gastronómico y para fiestas y, hacia el río, el solarium, cuya extensión depende de la altura del Paraná.

     

    El sector tiene un vecino distinguido: el Club Náutico Paraná, que actualmente aprovecha la pronunciada bajante para ganar terreno y construir nuevas dársenas, lo que -se presume- es demandado por una mayor cantidad de embarcaciones en busca de amarre.

    Entre medio, urde su destino costero el arroyo Las Viejas, que recibe aportes de cursos de aguas tales como Culantrillo y Colorado, describiendo una trayectoria parecida a la de una “Y”. El aroma inconfundible, penetrante, que desprende el arroyo Las Viejas, la densidad de los líquidos y sólidos que por él llegan al río hablan a las claras de lo que todo el mundo sabe: la formidable contaminación que generan los vecinos de una amplia zona de la ciudad que usan estos canales naturales para tirar lo que ya no sirve y descargar de manera clandestina sus residuos cloacales.

    El arroyo Las Viejas vuelca su inmundicia al río Paraná. Foto Sergio Ruiz.

    Para que se tenga una idea del problema social que la situación conlleva, la subcuenca del Culantrillo pasa por detrás de la Escuela Hogar y la del Colorado nace en Avenida Almafuerte.

    En lugar de resolver el problema de fondo, en el Thompson la Municipalidad improvisó la extensión de un espigón que, en los hechos, sirve para que los desechos del arroyo sean arrojados más hacia el centro del río, lo que además los aleja de la zona de playa y balneario, ubicado inmediatamente después, aguas abajo.

    Tal vez para corroborar que no hay mal que por bien no venga, esa precaria intervención permite –a toda hora- disfrutar del Paraná y tener una panorámica especial del borde costero central. Es un punto recorrido y disfrutado por los paseantes, más allá de que tarde o temprano la cuestión ambiental del entorno próximo termina siendo motivo de comentarios.

    Los primeros metros de Bravard, con sus esculturas características. Foto Sergio Ruiz.

    No nos referiremos a aspectos propios de la ingeniería hidráulica, más allá de que en general estas construcciones no son rectas sino curvas, dispuestas en el sentido de la correntada. Por fuera de este tipo de detalles, ese apéndice se ha asfaltado, cuenta con bancos y está habilitado sólo para uso peatonal. Hay iluminación artificial, aunque no sea la indicada para un paseo. No cuenta con barandas de protección; de las laderas del terraplén emergen trozos de mampostería y hormigón, alambres y hierros varios, lo que significa un enorme riesgo por donde se lo mire.

    En fin, tanto para el saneamiento del arroyo Las Viejas como para la consolidación de ese espigón (que por otra parte está siendo replicado cerca de Puerto Sánchez) se precisan aportes técnicos, incorporados a un plan de corto y mediano plazo, que le dé sustentabilidad a una política de fortalecimiento de la infraestructura turística.

    El borde costero adquiere desde aquí un contorno distinguido. Foto Sergio Ruiz.

    INGRESOS. Al Thompson se ingresa por Ramírez norte que, desde Laurencena-Antonio Crespo, adquiere el carácter de un bulevar, con un cantero central amplio aunque algo desbordado de árboles (lo que incluye una nutrida hilera de palmeras) y pérgolas, más allá de que no todas tienen la correspondiente enredadera. Cuando se convierte en Bravard, se bifurca para constituir un circuito que abraza al Thompson.

    Entre las calles de entrada y salida, hay un espacio que se va angostando hacia el ingreso a Puerto Sánchez, pero que en su parte más generosa contiene un sector (con notorios desniveles del terreno) donde se han instalado juegos infantiles y, a su lado, otro espacio con esbeltas esculturas en madera, más allá de que estén descuidadas.

    Lo que no hay es un sendero para caminantes o corredores, lo que explica que deban bajar a la calle, con el peligro que ello implica.

    La otra entrada es desde Ambrosetti. Antes de llegar al distribuidor de la ruta 168, hay que doblar a la izquierda, por una calle que se llama Raúl Patricio Solanas, que recorre la cancha de softball de Patronato y espacios verdes sin aprovechar, zigzaguea luego para pasar por el frente del futuro complejo social del Túnel y la entrada al Náutico, para finalmente atravesar el puente sobre el arroyo Las Viejas y conectar con Bravard, a metros del espigón. Tampoco hay senderos ni veredas por este lado y la señalización es anómala. Como tantos lugares en la ciudad, parece hecho para quien es frecuente usuario; cualquier otro interesado dudaría en seguir camino sin lograr identificar hacia dónde conduce.

    Como se ve, hay mucho para hacer en este sector donde la naturaleza es particularmente prodigiosa.

    Viñeta Urbana: Selva de Montiel, columna vertebral del suroeste

     

    El arroyo Las Viejas, un basural sin remedio

    Video: contaminación del arroyo Las Viejas

     

     

    Lo más leído