Paraná, Sociedad

Viñeta Urbana: Selva de Montiel, columna vertebral del suroeste

Descuidada, olvidada, Selva de Montiel es un hormiguero de peatones y vehículos, a toda hora. Centro comercial y nodo articulador de la trama urbana del suroeste, la avenida es parte de un sistema que reclama una intervención a escala que le dé la significación que se le niega.

 

Redacción El Diario | coordinacion@eldiario.com.ar

 

La endiablada trama vial que se despliega desde el arroyo Antoñico hacia el suroeste, más allá del viejo Cementerio y del complejo 33 Orientales, encuentra una referencia fundamental en Selva de Montiel, una típica avenida de penetración que ha visto crecer a sus márgenes populosas barriadas más allá de la tradicional San Agustín.

Nace en calle Ituzaingó, cuya traza imita a la de las vías férreas, ícono de épocas pretéritas cuando Bajada Grande era un polo de desarrollo industrial. Desde allí, se despliega un nodo de desarrollo comercial y de servicios a partir del Centro de Salud “Ramón Carrillo”, cuya silenciosa labor diaria tiene un valor que es inversamente proporcional a los espacios disponibles para estacionar, restricción notoria que afecta tanto a los vehículos sanitarios, como a aquellos en los que se trasladan profesionales, trabajadores y usuarios de los servicios.

Si se tomara la avenida entre Ituzaingó y, por ejemplo, Virrey Vértiz, podrá advertirse que la ecuación entre firmas comerciales y viviendas residenciales va variando: si en las primeras cuadras se hallan empresas medianas, pequeñas y micro del rubro que se busque, sobre el final predominan las casas de familia y, cada tanto, un taller o gomería.

Frente al Centro de Salud Ramón Carrillo el tráfico es una madeja. Fotos: Sergio Ruiz

EN PARTES

Claramente un primer tramo de Selva de Montiel llega hasta Gutiérrez: el ancho de calzada y la presencia del hormigón pueden estar dando cuenta de que esa fue la etapa fundacional. Desde Ituzaingó se suceden los cruces con arterias de importancia como Don Segundo Sombra, General Galán y Casiano Calderón, que les hace de imaginaria hipotenusa.

En efecto, el amanzanamiento es caprichoso: el mapa nos devuelve un rompecabezas hecho de triángulos, cuadrados, rectángulos,  paralelogramos, trapecios irregulares y polígonos abiertos. Sin embargo, no hay un solo cartel que indique dónde nos encontramos, cuáles son las referencias claves (escuelas, centros de salud, destacamentos policiales, nombre de los barrios), por dónde pasan los colectivos y en general cómo circular, en qué dirección, para llegar a destino y para emprender el camino de regreso.

Por fuera de este aspecto, no hay dudas de que una jerarquización de calles claves y, eventualmente, la apertura de nuevas, permitiría aliviar los graves problemas que origina la discontinuidad de las vías circulatorias. Galán y Gutiérrez, sin ir más lejos, sirven tanto para conectar con el casco céntrico a través de Avenida Ejército y Monte Caseros como para esquivarlo en busca del sur y sureste, a través principalmente de calle Alvarado.

El tránsito de camiones, camionetas, autos, motos y bicicletas es desordenado: es curioso que no haya tantos accidentes. Foto Sergio Ruiz.

DAR UN ORDEN

La impresión es que por esos lares la ciudad se expandió como pudo y que se necesita ingenio, experticia, trabajo social y recursos económicos para organizar el sector.

En el caso de Selva de Montiel, al ancho de calle, generoso, se le suman las amplias veredas, por lo que hasta se puede imaginar un cantero central que le dé otro perfil, posibilidades de una mejor gestión del tránsito y mayor seguridad para los peatones.

En toda su extensión se advierte que la arboleda no ha sido introducida como producto de una planificación municipal sino a través de la iniciativa de cada frentista, lo que explica que en pleno invierno algunas ramas luzcan peladas mientras otros ejemplares mantengan sus copas intactas.

Luego de Gutiérrez, Selva de Montiel se angosta. La línea de edificación sigue suficientemente retirada del cordón, pero las casas están mucho más altas que en las primeras cuadras en relación al pavimento. Esto provoca un serio problema para los caminantes que, en general, van y vienen por la calle, con el peligro que ello implica.

Desde la intersección con Luis Palma, por donde se accede a Anacleto Medina, se advierten los anegadizos, un tesoro natural desaprovechado, deleite para los sentidos.

El descuido general se nota en el estado de las calles que confluyen en Selva de Montiel. Foto Sergio Ruiz,

Es cierto que a determinadas horas la atmósfera que se respira es algo más densa, pero es bueno preguntarse cuánta responsabilidad tiene en la consolidación del fenómeno de la inseguridad una urbanización anómala para, por lo menos, comenzar por allí a producir aportes sustantivos.

Más al sur de Virrey Vértiz, Selva de Montiel continúa, paralela a Avenida Ejército, hasta los límites municipales, pero las casas están más espaciadas, el camino se estrecha y se hace de suelo natural y los minibasurales se vuelven más frecuentes que los fresnos y los sauces llorones.

Más allá de Virrey Vértiz, Selva de Montiel es tierra de nadie. Foto Sergio Ruiz

 

 

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