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Dimensión universal de la tragedia, a través del prisma de un conflicto civil

“Incendios”, obra teatral del libanés Wajdi Mouawad, propone una relectura del género clásico a partir de un relato que toma como eje una historia familiar atravesada por un conflicto civil en Medio Oriente. Con dirección de Desiderio Penza, la puesta se presenta los sábados a las 21 en la sala Loa Agm, en Santa Fe.

 

Carlos Marín | coordinacion@eldiario.com.ar

 

“¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tú posees el secreto: ¡revélanoslo!”

Con estas palabras Domingo Faustino Sarmiento comenzaba su célebre “Facundo”. El párrafo, en el cual implora al espectro del caudillo fallecido trágicamente conocer la resolución a un enigma cuya respuesta se le escapa, resulta apropiado para acercarse al sentido profundo de “Incendios”, obra del libanés Wajdi Mouawad que se presenta los sábados a las 21 en Sala Loa Agm, en Santa Fe.

La puesta, sobre traducción de Humberto Pérez Mortera y dirección de Desiderio Angel Penza propone, durante tres horas, vivir una muy intensa experiencia dramática.

Llevada a escena por un elenco concertado por el director, la obra presenta una tragedia ligada a las características que hicieron de ese género uno de los pilares del teatro universal.

“Incendios” habla de la guerra. Y de los seres humanos. Y de los insondables misterios que estructuran a éstos y a aquella. Y que llevan a que los hilos del destino se entrelacen más allá del limitado razonamiento de los mortales. Desde éste último enfoque, la historia del autor libanés habla del universo y de su complejidad, tal como él mismo lo plantea en una serie de desarrollos matemáticos que incluye en la obra a modo de claves para iluminar oscuros aspectos de la trama que involucra la historia de una familia.

El núcleo del asunto puede sintetizarse así: la búsqueda que tras la muerte de su madre emprenden dos hermanos por conocer sus orígenes y despejar algunos puntos poco claros sobre su identidad.

Como en la Divina Comedia, la trama les hará recorrer distintos caminos y los llevará, por diversos círculos, del paraíso al infierno para afrontar, luego de transitar el camino del héroe, situaciones que llevan a plantear nuevos interrogantes y ¿hallar?, finalmente, la redención. Pero ¿Será eso posible cuando en boca de uno de los personajes el autor sostiene que “la infancia es un puñal clavado en la garganta”?

Probablemente una clave para responder la pregunta que plantea la Esfinge se halle en parte en una serie de videos que se proyectan para recibir al espectador en la sala y dar un marco audiovisual y musical a los minutos previos al inicio de la función.

BÚSQUEDA

“Busca a tu padre y dale este sobre. Busca a tu hermano y dale este sobre”. Este mandato póstumo de una madre -que rompe un pertinaz silencio autoimpuesto para decir a los que la acompañan “ahora que estamos juntos, todo estará bien”- es la chispa para encender una dinámica vertiginosa que se intensificará en el transcurso de la acción que se extiende por 180 minutos -con un intervalo entre medio- para estallar en el final con la potencia de la verdad incontrastable entregada por las respuestas que dan los hechos acontecidos durante un conflicto fratricida en el seno de una misma Nación.

Hutus enfrentados a tutsies, en Ruanda; bosnios contra servios; el `problema´ rohingya; en última instancia semejantes destruyendo a semejantes son ecos del contexto en el cual Wajdi Mouawad sitúa su obra: el conflicto civil que azotó el Libano entre 1975 y 1990. En esa geografía –y otra de un lejano país que aparece como refugio de los sobrevivientes- se desarrolla la tragedia que enfoca “Incendios” y que resuena hasta el presente como advertencia para las sociedades que quieran oir el mensaje. Una cruda realidad que en dos décadas de conflicto dejó el luctuoso saldo de 120 mil muertes y desapariciones.

PILARES ESCÉNICOS

El sostén central de esta puesta –resultado de un proyecto que Desiderio Penza- soñó y concretó con un criterio profesional de producción a lo largo de más de dos años de arduo trabajo- es la historia que relata Wajdi Mouawad. En ella el novelista y dramaturgo residente en Canadá propone un viaje a lo más oscuro y también lo más luminoso de la condición humana. A sus aspectos más sublimes y también los más abyectos.

Cabe señalarlo: “Incendios” es teatro de autor, con monólogos y parlamentos extensos, que recuperan el rol del actor en el decir y lo exponen a dar lo mejor de sí –en recursos y entrenamiento- para convencer al espectador. Es un trabajo muy exigente que implica una gran inversión en tiempo y energía. El resultado se aprecia en esta puesta en el enorme compromiso expuesto en escena por el equipo que trabaja en la obra y que incluye la asistencia de un entrenador de boxeo, una psicóloga social y preparador de canto vocal.

En el proceso previo al estreno, el director santafesino trabajó durante más de un año y medio con sus actores. A la vez concibió el modo de resolver una compleja narración con las limitaciones que plantea el espacio escénico en la sala. La consecuencia es una estructura –que funciona aceitadamente- en que el grupo de 10 actores se multiplica para encarnar a los más de 20 personajes.

Para contribuir a la dinámica de la acción, Penza recurrió a la yuxtaposición de situaciones que acontecen en distintos momentos cronológicos. Sumó asimismo recursos tecnológicos (proyección de imágenes, videos, y una banda musical que complementa adecuadamente la acción) y escenográficos que a través de elementos pensados modularmente aportan a las cuadros y situaciones que se suceden en el transcurso de la obra.

En la puesta, el segmento más arduo se plantea al inicio de la segunda parte, tras el intervalo, momento en el cual por las características del texto el dramaturgo propone abundar en lo obvio, alejándose de los instantes más poéticos, que los hay y muy profundos, tanto en el inicio como en el final. Es que al promediar la obra, Mouawad elige presentar situaciones con crudeza. Casi no hay lugar para que el espectador complete lo que los parlamentos de los actores explican con un didactismo que refleja la realidad pura y dura, los hechos sin filtro; la vivencia expuesta sin eufemismos en la descripción que hace la palabra. Allí es donde se ve claramente una posición política del autor.

Es dable suponer que Mouawad, escogió este camino para que un público ajeno o ignorante a la tragedia de un pueblo -el libanés-, conozca sucesos tal como ocurrieron. Una apuesta ciertamente riesgosa ya que se roza con el panfleto. Pero que sirve para plantear también los dilemas a los que se enfrentan los personajes centrales. En este sentido, por momentos lo obvio resta complejidad a una trama que, si algo tiene, es precisamente eso: la complejidad de la personalidad de los protagonistas, modelados por historias en las cuales el adjetivo `implacable´ puede resultar adecuado. Infancias destrozadas, familias destruidas, comunidades devastadas, cuerpos y psiquis con marcas indelebles de la depredación. Consecuencias de desencuentros y conflictos que tras la escalada, concluyen en la guerra -materialización del mal-, que como se sabe a partir de la síntesis de León Gieco, “es un monstruo grande y pisa fuerte, toda la pobre inocencia de la gente”.

APRENDIZAJES

Perdón, resentimiento; amor, odio; calma, furia; opresión, liberación; todos estados opuestos que conviven en seres sacudidos por el destino y por circunstancias que van más allá de su entendimiento. Como en la versión clásica de la tragedia, los dioses tejen los hilos del destino de los héroes con una lógica que –como en el absurdo- escapa a la comprensión de los mortales. El resultado es una trama con un desenlace y tres monólogos memorables por parte del personaje central que remite a preguntas ancestrales, pasibles de ser formuladas en singular o en plural. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy?

Entonces si el espectador decide acompañar la historia hasta su desenlace, el producto final cumple su cometido: conmover. Advertencia: deberá llegar a la sala decidido a vivir una intensa experiencia teatral en la cual el espanto estará presente. Ni más, ni menos: una tragedia en el sentido clásico. Y que por lo tanto desembocará en un proceso catártico que, si es tramitado como corresponde, dejará una impronta indeleble y balizará el porvenir.

Sin duda Wajdi Mouawad cuenta una gigantesca historia, que confirma una vez más aquello de que la realidad siempre supera la ficción. Una historia que el director Desiderio Penza, junto a su elenco y equipo, narran de un modo digno de semejante relato.

“Incendios”, cabe reiterarlo, es una producción que no dejará indiferente a quien la conozca. De eso se trata, asegura Penza: de conmover, de movilizar. Toda buena historia tiene esa condición. Permite pensar el presente en clave personal y social. Y de ese modo iluminar las decisiones que, en cada momento, hacen a la vida de las personas. Y de los pueblos.

 

FICHA TÉCNICA

Incendios.

El elenco: Ana Paula Borré, Fausto Daffner, Emiliano Demarco, Patricia Leguizamón, Marcos Martínez, Exequiel Maya, Adriana Rodríguez, Mariano Rubiolo, Karen Temperini, María José De La Torre.

Autor: Wajdi Mouawad. Traducción: Humberto Pérez Mortera. Música original: Julian De Brahí. Asistentes de dirección: Maximiliano Bonín, Carina Cammarato. Dirección: Desiderio Angel Penza.

Sala: LOA AGM (San Martín 1867 – Santa Fe). Sábados a las 21 (puntual).

Ana Paula Borré y Fausto Daffner, en el rol de los personajes que dan inicio a una historia tan intensa como conmovedora.