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Gaspar Benavento: el poeta y maestro que habitó, en versos, el vínculo entre vida y paisaje

En “Benavento”, Mario Daniel Villagra presenta una compilación que permite un recorrido panorámico por la obra y la vida del destacado poeta entrerriano. El trabajo es resultado de una investigación que el autor –nacido en Villaguay y radicado en París- publicó a través del sello local Azogue libros.

 

Carlos Marín / coordinacion@eldiario.com.ar

 

Entre Ríos posee un patrimonio intangible valioso que, lamentablemente, es poco valorado. Este legado, de un valor simbólico relevante, ubica la producción cultural de la provincia en un lugar destacado en el concierto nacional e internacional. Se trata de una riqueza mucho mayor que la que habitualmente los entrerrianos concientes de esta situación, suponen.

Es notable constatar el interés que la producción cultural en distintos campos –particularmente en el literario- despiertan el trabajo de autores entrerrianos.

“Tenemos que hacernos cargo de una responsabilidad y trabajar para que ese patrimonio sea parte del horizonte de las generaciones presentes y las que vendrán, de manera que ese patrimonio sea reconocido y valorado aquí, como lo es en otros países”, explica Mario Daniel Villagra. Para este villaguayense nacido en 1987, y residente en París, donde cursa estudios de posgrado, las voces que han hablado sobre la provincia en distintos géneros y disciplinas artísticas, representan una cantera con una potencialidad enorme para hacer conocer la provincia.

Con la convicción que dan las palabras, pero también el hacer, tras graduarse en la Licenciatura en Comunicación Social, en la Facultad de Ciencias de la Educación, Villagra comenzó a recorrer un camino que ha transitado entre la investigación, la producción y la docencia.

Como resultado de esa determinación, y su empeño en promover y hacer conocer a poetas de la provincia, realizó documentales sobre dos poetas entrerrianos: Marta Zamarripa y Miguel Angel Federik. También publicó, en 2015, Poemas del principiante; concretó un trabajo sobre la cultura afro en Paraná; investigó sobre Alejandra Pizarnik, Juan José Saer, Julio Cortázar y Alfonso Sola González. El mes pasado estrenó en el país Arnaldo Calveyra, tras sus huellas, una película que permite seguir el derrotero en Francia del poeta oriundo de Mansilla.

En 2017, tras obtener una visa talento, a la que accedió tras presentar un proyecto cultural en la embajada de Francia en La Argentina, se radicó en Paris donde cursa un Master en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos en la Universidad Paris III – Sorbonne Nouvelle.

Regresó al país para presentar otra de sus producciones recientes: “Benavento”, trabajo publicado por Azogue Libros en el cual presenta una selección poética del autor victoriense. El trabajo incluye una cronología, fotografías y un estudio de la obra del autor de “De las siete colinas”. De ese modo, Villagra vuelve a hacer presente una voz fundamental de la provincia, para acercarla a nuevos lectores.

 

EJES

-¿Cómo nace este proyecto y cómo se enmarca dentro de la línea de trabajo –de rescatar poetas de la provincia- que venís trabajando desde 2006? ¿Por qué rescatar esta figura de las letras provincias sobre la cual, vale decirlo, no hay mucho publicado?

-Mientras hacía el trabajo sobre Marta Zamarripa, en Victoria, ví por primera vez un busto de Gaspar Lucilo Benavento en una plaza. Eso despertó mi curiosidad. El primer libro que me llegó de él, fue la reedición de “La de las siete colinas” que, en la Colección Homenaje, realizó la Editorial de Entre Ríos durante la gestión de Zamarripa como directora. Fue la quinta reedición de ese trabajo y conocer ese dato me llamó la atención. Que un libro de poesía se reedite tanto es un dato para tener en cuenta. A partir de allí comenzaron a sucederse acontecimientos que la vida fue encadenando. En ese momento, me invitaron a participar en un coloquio organizado por la UNER, “El país del sauce”. Allí ensayé una visión sobre lo fluvial en el poeta, partiendo de su poema “Río”, que está en ese libro. A ese encuentro asistió la bisnieta de Benavento. Luego conocí al hijo del poeta, que tiene 93 años y eso me brindó la posibilidad de acceder a material que la familia conservaba. Con esos libros, escritos, textos, comencé una indagación. Eso fue en 2015. Continué mi búsqueda en archivos provinciales y nacionales y pude completar una lista y registro de toda la obra de Benavento; las pedagógicas como Afán y Fe, Albricias, Martín Pescador, más la poesía, más los ensayos, y algo de dramaturgia.

 

-¿Qué criterios empleaste para hacer la selección que incluiste en el libro?

– Fue algo absolutamente subjetivo. En una primera selección elegí los poemas que me gustaron. En una segunda mirada traté de cuidar en cierto sentido a lo mejor del poeta. Pero no hay un criterio fijo, sino una cuestión de empatía con eso que leía.

 

-¿Qué aspectos de la obra del poeta despertaron tu atención?

-Arnaldo Calveyra se define como un escritor que llegó tarde a la división de géneros literarios. Eso en Benavento está presente, ya que trabajó en dramaturgia, escribió obras de títeres; hizo libros de cuentos para chicos y escolares; también incursionó en Ensayo. Incluso se desempeñó en el periodismo. Es interesante señalar en este punto que era Maestro Normal Rural, egresado de la Escuela Alberdi. En esos establecimientos los estudiantes se vinculaban con la escritura, con los textos, pero también enseñaban a trabajar la tierra. Allí aparece nuevamente esta idea de un autor ubicado en el `entre´ de dos culturas.

Por otro lado, Benavento y su poesía, ilustran al lector, como maestro, en el lenguaje con un registro `entrerriano´ pero no sólo, sino que también aparecen matices de las regiones en las que vivió.

Lo que me impacta, al realizar la relectura de sus trabajos y de mi propia producción sobre su obra, es que Benavento nunca dejó de buscar, de indagar para él mismo, qué era la poesía; y cómo vivirla; cómo se manifestaba esa relación suya, como sujeto histórico y literario, con la poesía.

 

-¿Qué elementos son centrales en sus poemas?

-Es interesante porque tiempo atrás hice un ejercicio. Tomé su primer libro, Sol de amanecer, y luego Soledad pensativa, que es el último y el universo vocabular es similar en ambos. Aparece en sus versos la primavera, los cantos, el paisaje. Pero no sólo de Entre Ríos, ya que vivió en Chubut, Chaco y Buenos Aires. Carlos Sforza, que dedicó estudios a la obra de Benavento, señala que el poeta vincula la ciudad y el campo, en un momento de cambios sociales y políticos importantes en el país. No olvidemos que Benavento publica su primer poemario en 1926, cuando el desarrollo de grandes urbes en el país estaba en ciernes.

Pero también, y creo importante remarcarlo, hay una profunda conciencia social en los textos, sin que esto signifique que la poesía se transforme en un panfleto.

 

 

PROYECCIÓN

– ¿Esto que trabajaste es el germen de futuros proyectos sobre Benavento?

– Ojalá. Ahora que empezó a circular este libro empiezo a cobrar dimensión del trabajo que he realizado y comienzan a llegar resonancias que me impulsan a trabajar. No puede pasar medio siglo sin que se conozca el trabajo de este poeta, sin que se reediten, al menos una vez, textos como Martín Pescador, que tuvo 27 reediciones. Para tener una idea de lo que quiero decir, de los autores que conozco puedo mencionar que Rayuela, de Cortázar tuvo ese número de reediciones. Por otro lado, sería un sueño hermoso que alguna vez puedan publicarse sus obras completas. Aunque, claro, hay que analizar muy bien qué circulación podría llegar a tener la edición de un trabajo de esas características. Por lo pronto, y gracias a la adquisición que se ha realizado desde el Consejo General de Educación, para destinar a bibliotecas escolares y desde la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos, ya pensamos en una segunda edición de mi trabajo. Con este enfoque, me gustaría que Benavento sea leído por la mayor cantidad de personas posible y que se comprenda el valor que tiene reeditar a este poeta.