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domingo, diciembre 15, 2019
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    Huella dactilar complica a un acusado de violento robo a supermercado chino

    Dos hombres son juzgados por el violento robo a mano armada cometido en un supermercado chino, ubicado en Antonio Crespo, en la zona este. Las víctimas fueron reducidas y atadas con precintos. Uno de los dueños recibió golpes que le ocasionaron heridas en la cabeza.  

     

     

    Alejandro Valentín Cano, de 36 años, y Martín Orlando Ubiedo, de 25 años, comenzaron a ser juzgados ayer por el violento asalto al supermercado chino ubicado en calle Antonio Crespo 153, en el ingreso este a Paraná.

    Ambos enfrentan penas de diez años de prisión por los delitos de Robo agravado por el uso de armas y Lesiones graves, en calidad de coautores; y Ubiedo, también por el de Robo reiterado, por tres robos más.

    En la audiencia de este lunes, un intérprete chino tradujo a dos víctimas.

    En la audiencia que comenzó ayer declararon dos ciudadanos chinos, Liu Ming Hui y Zhan Jin Whan, que estuvieron en el supermercado el 29 de mayo de 2018, cuando alrededor de las 13, tres personas ingresaron haciéndose pasar por clientes y perpetraron el hecho. Ambos fueron asistidos por un intérprete de aquella nacionalidad que dificultosamente transmitió las preguntas que las fiscales Paola Farino y Melisa Saint Paul realizaron a los testigos víctimas, y tradujo las respuestas.

    También declararon trabajadores del local y efectivos de la Policía de Entre Ríos que realizaron el levantamiento de rastros papiloscópicos y el correspondiente análisis, del que surgió que una botella de gaseosa de plástico tenía una huella dactilar de Cano, que es defendido por Corina Beisel. Los defensores públicos Jorge Sueldo y Jorge Balbuena, representan a Ubiedo.

    Testigos

    Liu Ming Hui y Zhan Jin Whan, con mucha dificultad explicaron que aquella tarde ingresaron dos hombres, uno armado, que redujeron al personal y a ellos. Resaltaron que los asaltantes fueron muy violentos y que les exigían que les entregaran dinero.

    Asimismo sostuvieron que los ladrones huyeron del local alzándose con un botín de 400.000 pesos, un arma y una computadora con las filmaciones de las cámaras de seguridad, añadiendo que a otra computadora que tenía otras cámaras, la destruyeron.

    A su turno, dos empleados del supermercado relataron que alrededor de las 12.45 ingresaron tres personas con un carrito, como si fueran clientes y una vez adentro desplegaron un violento accionar para reducir a los presentes.

    Ambos sostuvieron que fueron reducidos e inmovilizados con precintos de seguridad. Ninguno pudo reconocer si los sospechosos estaban armados, no obstante uno recordó que le apoyaron un arma en la cabeza, pero no pudo asegurar que haya sido aquel instrumento porque no lo vio.

     

    Huella

    La huella que compromete a Cano fue levantada en el lugar del hecho de una botella de plástico con gaseosa que, según testigos, los imputados tomaron de la góndola instantes antes de comenzar el asalto, cuando simulaban ser clientes.

    La botella quedó en la línea de cajas. Tres efectivos de la Dirección Criminalística que prestan servicio en la División rastros brindaron precisiones del levantamiento de los rastros papiloscópicos y de cómo se arribó a la conclusión de que pertenecía a Cano. En este sentido, precisaron que se encontraron seis vestigios papilares, pero que al comenzar a analizarlos, sólo uno pudo ser utilizado.

    El intérprete

    Las defensas plantearon el rechazo a la constitución del intérprete. Se basaron en un error en el auto de remisión de la causa a juicio, en el que se invirtieron los roles: el traductor figuraba como testigo y viceversa.

    Las fiscales se opusieron fundamentando que el intérprete viene realizando la tarea desde el inicio de la Investigación Penal Preparatoria (IPP) y destacaron que las defensas no se opusieron nunca.

    El juez resolvió rechazar la oposición a la incorporación del intérprete al debate porque entendió que no vulneraba el derecho de defensa ni ninguna garantía constitucional de los imputados.

    No obstante, en el final de la declaración de uno de los ciudadanos chinos y ante una pregunta de la defensa, quedó en evidencia que los tres viven en la misma casa. Minutos antes, el intérprete había negado tener una relación de parentesco con uno de los testigos, puesto que tiene el mismo apellido.

     

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