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“El taller de Collivadino” evoca el espacio de creación de un artista fundamental en el país

Publicado por la editorial de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), el libro organizado y editado por Carolina Vanegas Carrasco y Nora Altrudi evoca el espacio de creación de Collivadino.

Las más de 3.000 piezas -entre acuarelas, grabados, bocetos, cartas- que el pintor, docente, escenógrafo y muralista Pío Collivadino conservó en su taller han sido acondicionadas y catalogadas durante los últimos años por un equipo de conservadores, restauradores, químicos e historiadores del arte de la Universidad Nacional de San Martín, cuyos resultados han sido volcados en el libro “El taller de Collivadino”.

Este fundamental artista que vivió entre 1869 y 1945, quien retrató las nuevas formas de belleza de la metrópolis moderna, dirigió por treinta años la Academia Nacional de Bellas Artes y que fue el primer argentino en participar en la Bienal de Venecia.

La colección que dejó el artista en su taller, convertido hoy en el Museo Pío Collivadino de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, ha pasado por el escrutinio de expertos de TAREA-IIPC (Instituto de Investigaciones sobre el Patrimonio Cultural de la UNSAM), quienes profundizan en detalles sobre su técnica pictórica, su paleta o su rol como uno de los principales artífices de las decoraciones y los carros alegóricos de los festejos del carnaval a principios de siglo XX, al regreso de una estadía en Italia.

El libro es el resultado de más de una década de trabajo y entremezcla imágenes de óleos, bocetos, radiografías, gráficos, documentos, fotografías, reversos de obras y los textos de expertos como Catalina Fara, Damasia Gallegos, Carolina Vanegas Carrasco, Nora Altrudi, Néstor Barrio y varios más.

Multifácetico

Collivadino fue un artista multifacético, que manejó diversas disciplinas a lo largo de toda su carrera. Su faceta más destacada es la de pintor, especialmente porque fue uno de los primeros artistas en plasmar el paisaje de la ciudad de Buenos Aires a principios del siglo XX, con una mirada muy particular sobre sus calles y su vida cotidiana. Por otro lado, su exitosa carrera en Italia lo ubicó como un referente del arte latinoamericano. Es insoslayable su rol como docente y su labor institucional que sin dudas son un importantísimo legado. “Este libro lo que intenta justamente es poner de relieve las otras actividades que Collivadino realizaba a la par, y destacar los aspectos menos estudiados de su vasta producción”, explicó Catalina Fara.

Uno de los datos interesantes que surge de la investigación es el rol de Collivadino como artífice de las decoraciones y los carros alegóricos durante los festejos de carnaval en la ciudad.

El artista estuvo vinculado al mundo del teatro desde muy joven. Durante su estadía en Italia, desarrolló una amplia actividad como decorador y escenógrafo para las importantes fiestas que se realizaban en el Circolo Artistico de Roma, a las cuales acudía hasta el rey de Italia. Tras su regreso a Buenos Aires la municipalidad de la Ciudad lo convocó a ocuparse de las decoraciones para el Carnaval, y así formó parte de la Comisión organizadora del Corso Municipal de la Avenida de Mayo y estuvo al frente de su Dirección artística hasta 1928.

Las decoraciones que realizó constaban de luces, guirnaldas, discos pintados, banderas y paneles que se colocaban a lo largo de la Avenida de Mayo entre la Plaza de Mayo y la Plaza Congreso.

Estas decoraciones eran realizadas por un equipo conformado por sus alumnos del taller de escenografía de la Academia Nacional de Bellas Artes.

“La actividad era una de las muchas que llevaba a cabo Collivadino con la misma dedicación, así que no necesariamente era más o menos importante que otras que realizaba. Lo que es interesante destacar de estas actividades poco conocidas es cómo el arte puede llegar a cambiar y mejorar los más diversos aspectos de la vida cotidiana”, destacó la fotógrafa.

Dificultades

Pío Collivadino fue un pintor destacado, que conocía bien los detalles del oficio de pintor y esto se manifiesta en la elección de los materiales a la hora de trabajar no solo en sus grandes obras, sino también en sus bocetos. El artista adecuaba la técnica al óleo según los soportes que elegía, empleando gruesos empastes sobre soportes más rígidos como la tabla o el cartón o sutiles veladuras en las pinturas llevadas a cabo sobre el lienzo. Experimentó además con los nuevos materiales disponibles en el mercado artístico.

Este recorrido fue constatado por las investigadoras al realizar el libro. En ese sentido, al considerar las principales dificultades y sorpresas a las que tuvo que hacer frente durante su trabajo, Nora Altrudi –integrante del equipo investigador-  explicó que “desde el punto de vista de la conservación del material con soporte papel, el principal problema que se presentó en esta investigación estuvo ligado a la cantidad y diversidad de documentos, con las tecnologías de fabricación de los soportes y los medios y con la acción del hombre, principalmente en lo que hace a los sistemas de guarda y los enmarcados inadecuados”.