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La inseguridad se termina con ética y política

La inseguridad ha sido y es una variable política. Es un concepto de características difíciles de delimitar. Ha sido y es usado para marcarle el tiempo político a una gestión o directamente para desestabilizarla. No importa que las estadísticas indiquen que determinados delitos no tienen la “presencia” que los multimedios de desinformación dicen que tienen. El ciudadano promedio no tiene defensas contra un hecho repetido innumerables veces por distintos medios y soportes. Con una estructura así detrás, la excepción se transforma en la regla. Una abstracción, como lo es el concepto de inseguridad, “es” la realidad concreta.

 

Néstor Belini | coordinación@eldiario.com.ar

 

Si bien el ciudadano de a pie, que soporta con estoicismo programas económicos que “le roban el futuro” no tiene defensa contra aquella descomunal estructura mediática e ideológica que le “mete en la cabeza” que el que le “roba lo que tanto sacrificio le costó conseguir” es un “delincuente” que “eligió robar” o un “choriplanero” que decidió “vivir de los planes”, quienes se dedican a la Política deberían tener posiciones fundamentadas ante tan compleja problemática.

Está empíricamente comprobado –el paquete de las denominadas leyes Blumberg es una demostración palmaria- que se puede llevar de las narices a la sociedad detrás de aventuras legislativas que terminan obrando en contra de la sociedad o generando “cambios” que nada cambian.

Ese tipo de movimiento que nada cambia y perpetúa el statu quo se llama gatopardismo. Los legisladores y “políticos” se comportan como ciudadanos “indignados”, cuando deberían generar, con las leyes que sancionan, las condiciones para vivir en una sociedad mejor y organizada dentro de parámetros de convivencia inclusivos y pacíficos.

El sábado alrededor de las 14 una niña de 9 años fue brutalmente atacada por un joven para robarle el celular. El episodio fue presenciado por la madre y la hermana de 5 años. La niña resistió el robo y por eso fue prácticamente ahorcada por el ladrón.

La inseguridad sigue en el centro del debate.

 

El hecho ocurrió en calle De la Torre y Vera, en inmediaciones de Laurencena. Es investigado por personal de comisaría octava, donde se radicó la denuncia. El padre de la niña es un militante del Partido Justicialista, dirigente que encabezó la lista Fuerza Justicialista que presentó una lista de concejales en las PASO. Jorge Vázquez, conocido por su apodo Kinoto, posteó en su perfil de Facebook la reflexión que le generó el violento hecho del que fue víctima principal su hija y tuvo como “daños colaterales” a su esposa y su otra hija.

“Que pena me da lo que vive mi gente, miseria, falta de horizontes, jóvenes con la cabeza quemada por la maldita falopa con la que se fulmina el futuro en los barrios más humildes donde la gente honesta es amplia mayoría, también hay otros que un día para otro dejan de serlo renunciando inclusive a su lado más humano con tal de apropiarse de un botín que lejos esta de devolverles esa misma dignidad que les arrebató el sistema. Ser pobre no es un crimen… Hoy me toco vivir un hecho desagradable, no por lo material sino por lo humano, en la puerta de mi domicilio golpearon y arrastraron a una de mis pequeñas niñas para sustraer el celular de su madre… Estoy decepcionado conmigo mismo por no encontrar alguna de las respuestas que le aporten valor a una sociedad individualista…”.

El breve posteo es una demostración del posicionamiento ético de un militante y dirigente político. Exhibe la claridad y la empatía indispensables para “entender” las causas de la “inseguridad”. Empatía para ponerse en el lugar del otro y mostrarse “decepcionado” por “no encontrar alguna de las respuestas” para hacer frente “a una sociedad individualista”. Quien escribe estas líneas se considera amigo de Vázquez. Lo conocí por su militancia sindical en la Asociación Trabajadores del Estado (ATE).

Sé de su profunda preocupación por la clase trabajadora –tanto ocupados como desocupados- y por los más vulnerables de la sociedad. No me sorprendió su claro y humano posicionamiento ante un hecho de inseguridad que en el contexto social que vivimos habilita a que se pida “sangre y muerte” para los que estragados por la miseria, se ven impedidos de advertir que están atacando a una niña.

Vázquez hizo lo que todo hombre o mujer que se dedica a lo Política debe hacer: sortear el laberinto por arriba, privilegiar el interés colectivo por sobre el personal, comprender la “realidad” para poder modificarla a favor de las mayorías siempre postergadas. Así la Política, como única herramienta de transformación que tiene la clase trabajadora, tiene futuro. Más allá de la decepción personal que hoy angustia a Vázquez.