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domingo, diciembre 15, 2019
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    La ciudad como inanimada playa de estacionamiento

    Todos los días hábiles sin excepción, desde temprano y hasta pasado el mediodía, la actividad de la Casa de Gobierno convierte a un sector singular de la ciudad en su playa de estacionamiento. Ya es el momento de pensar en una solución a la medida del serio problema que se provoca.

     

    Redacción El Diario | coordinacion@eldiario.com.ar

     

    Además de ser uno de los monumentos históricos nacionales con que cuenta Entre Ríos, una referencia recurrente para la actividad turística por su imponencia arquitectónica y valor histórico y un punto de encuentro ineludible para los movimientos sociales y políticos de la ciudad, la Casa de Gobierno –en tanto eje ordenador del llamado centro cívico- genera un enorme trastorno que afecta de manera notable el desenvolvimiento dinámico y armonioso de una amplia zona del micro y macrocentro de la capital provincial.

    La Casa de Gobierno es una referencia arquitectónica, pero también un verdadero trastorno para el tránsito en el centro. Foto Sergio Ruiz.

    Hay un enorme manchón de anómala influencia que ejerce ese nodo concentrador de espacios estatales provinciales y nacionales, mientras por otro lado genera tantas fuentes de trabajo, dicho sea de paso. Lo que sucede es sencillo de representar: los días hábiles, especialmente un rato antes de las 7 y bastante después de las 13, el Centro Cívico toma porciones importantes del centro para transformarlas en una playa de estacionamiento hecha a su propia medida.

    En algún momento se evaluó la alternativa de que haya una playa de estacionamiento soterrada en la Plaza Mansilla. Foto Sergio Ruiz.

    Hablamos de un amplio sector, que llega hasta la Costanera alta y, en los horarios pico, suele alcanzar a las calles Catamarca e incluso Mendoza, en el oeste, y, al sur, Bavio y hasta Paraguay. Los que consideren que se exagera, deberían hacer una encuesta entre quienes trabajan en esos amplios sectores y se encontrarían con datos que los llenarían de sorpresa.

    Es cierto que allí mismo o a unas cuadras más hacia el centro, cerca de la plaza 1 de Mayo, hay lugares donde se puede dejar el auto o la camioneta, con un costo que suele estar expresado en relación a medidas de tiempo. También algunos colegios tienen playas para asociados, como el de Abogados, con entrada por Santa Fe. Pero está claro que no son suficientes. Y que pueden servir para hacer un trámite, pero no para no para incorporar un gasto fijo que -en el caso de los empleados, funcionarios, magistrados y mandatarios- debe multiplicarse al menos por las seis horas de cada jornada, unas veinte veces al mes, todos los santos meses y años mientras dure el vínculo laboral.

    EXALTADOS. Salvo por el movimiento circunscripto que generan algunos locales nocturnos, cuando cae el sol la trama urbana en cuestión es un estanque quieto. El silencio se apodera del espacio, sólo interrumpido por una alarma que se dispara o la picada impetuosa de un auto o una moto en la madrugada. A esas horas, un conductor atento puede caer en la cuenta de que hasta el cambio de luces de un semáforo produce una serie de sonidos, imposibles de registrar en otros momentos.

    Pero cuando “febo asoma”, e incluso antes, una piedra imaginaria produce una serpenteante exaltación en ese cuadriculado tapiz ciudadano. Se manifiesta en una onda expansiva de la ocupación territorial que van generando los vehículos particulares y que responden a cierta lógica: los madrugadores ocupan las parcelas más cercanas al centro cívico, incluso siempre la misma; y, a medida que el reloj avanza, los que van llegando buscan su lugar en el mundo. Si no conocen la dinámica, pueden dar vueltas un largo rato a la espera de un golpe de suerte o de una semiprueba de la existencia del caprichoso dios del tránsito, hasta que dan con un espacio libre. Si saben las leyes que dominan esa dimensión, van a lo seguro y, conforme un plan que nadie escribió, terminan dejando el auto incluso a diez cuadras del destino real.

    Por fuera de los aspectos anecdóticos, visto el enclave en perspectiva transversal, no cabe duda de que la aglomeración de oficinas y públicos despachos produce un grave inconveniente del que la Administración Pública se desentiende.

     

    MULTIHABITADO. Hay que tener en cuenta que en cinco o seis manzanas funcionan la Gobernación y las sedes centrales de los ministerios de Salud, de Gobierno, de Economía y de Planeamiento; la Fiscalía de Estado; el sector administrativo, los bloques y los recintos de Diputados y Senadores de la provincia; espacios de legisladores nacionales; el Consejo General de Educación; el Ministerio de Desarrollo Social; la jefatura de Policía; el Edificio principal de Tribunales, sin contar una multiplicidad de casonas aledañas que también cobijan dependencias judiciales y de gobierno, como el Instituto Autárquico Provincial de la Vivienda, por calle Laprida.

    Al listado pueden agregarse las delegaciones de Gendarmería y la Policía Federal y la sede del Rectorado de la UNER, sobre calle Córdoba. Pero también, sobre Alameda de la Federación, el Archivo General, y las bibliotecas Provincial y de la Legislatura. En áreas adyacentes, en torno a la plaza Alvear, se despliegan los museos Histórico, de Bellas Artes y de Ciencias Naturales, la Facultad de Ciencias de la Educación, la Iglesia San Miguel y dependencias de la Secretaría de Turismo y Cultura, por citar acaso los puntos de encuentro más destacados. Todos estos espacios aportan al pandemonium.

    Hace unos años, hubo un plan para reordenar el centro cívico, que incluyó la construcción de áreas soterradas para estacionar, tanto en la Plaza Mansilla como en la Plaza Carbó. Y, también de manera subterránea, en el proyectado edificio de la nueva Legislatura, sobre la vereda norte de Alameda de la Federación, respetando los actuales frentes de valor arquitectónico que existen entre las esquinas de Santa Fe y Córdoba.

    Si esa planificación es realizable o debe ser modificada es un asunto que un equipo de trabajo puede resolver con cierta agilidad. De lo que no hay dudas es que la Casa de Gobierno -a través de sus principales ocupantes- debe pensar en resolver de una vez el grave problema que origina la concentración vehicular de la que hemos estado dando cuenta.

     

     

     

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