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Aprender a producir, pero del lado de la naturaleza

La Escuela Almafuerte cumplió 57 años.

 

En medio del monte nativo, en La Picada, una escuela rural desarrolla una función clave como formadora de las nuevas generaciones. Allí se aprende a producir sin agredir al entorno natural ni afectar la salud de la comunidad educativa ni la de los vecinos.

 

Redacción El Diario / coordinacion@eldiario.com.ar

 

Para cualquier citadino, habitar aunque sea por un rato el espacio natural en el que desarrolla sus actividades la Escuela Normal Rural nº 8 Almafuerte es una experiencia maravillosamente intimidante.

Para poner la caracterización en su justo lugar, téngase en cuenta que cuando el equipo periodístico montó el hermético vehículo en el que se trasladó hasta La Picada, llevaba en sus oídos la obertura impaciente de bocinas improductivas, aceleradas innecesarias y frenadas a destiempo; y, al llegar a destino y descender, lo recibió la naturaleza con magnificencia que parecía tararear acaso “El invierno”, de Vivaldi, pero con chamarritera cadencia.

En efecto, a 23 kilómetros de la capital, en medio del área protegida del parque escolar rural Enrique Berduc, el establecimiento -conformado en torno a lo que alguna vez fue una colonia de vacaciones- genera un movimiento de personas y unidades productivas que se funde con el canto de las aves y el sonido del viento cuando atraviesa las peladas ramas de los árboles. Esa integración de la actividad humana -aprender produciendo, producir aprendiendo- al entorno agreste no se cita al pasar: es una marca identitaria de la propuesta pedagógica.

La excusa para la recorrida fue que, con motivo del 57º de la creación de la escuela, se inauguró la nueva panadería. Fue la directora, Patricia Cabrera, la que salió al encuentro de los recién llegados. “La reinauguración de la panadería ocurrió el 31 de mayo, pero su historia se empezó a escribir en 2001”, prologó. “En ese momento, la institución se planteó de qué modo podía asegurarse la provisión de pan para el comedor, porque la crisis nos estaba golpeando fuerte”, describió. “Ya habían quitado el postre y estaban en peligro las raciones de pan”, agregó.

 

LAZOS

Cabrera es un emergente del campo popular, criada en el campo, formada en la ciudad. Desde ese sentido de pertenencia, se ha desarrollado como mujer, trabajadora, estudiante y docente. En la Escuela Almafuerte se encontró con exponentes del campo popular rural: gente activa, enfocada en el placer de trabajar, laboriosa, de los que si se detienen en el problema es para buscarle una mejor solución. La sinergia fue natural. “La directora de ese momento, Elena Margarita Kohner de Tomas, tomó la decisión apenas se enteró que acá cerca había una panadería que se había fundido, por la situación reinante”, comentó, al añadir que de esa manera “se buscó la forma de comprar las máquinas y se montó la panadería”. Ya era el 2002.

A esa hora del día el parloteo de los loros dominaba la escena sonora. Por la noche se acallarán y, con mayor nitidez, se advertirá la presencia vigilante de la lechuza, el reclamo taciturno de un ternero, algún relincho perdiéndose en el monte. Entre uno y otro momento, la escuela respira profundo, los adolescentes sueñan, los docentes se esmeran. “Las instalaciones de la panadería de los primeros tiempos fueron pequeñas y prácticamente de emergencia; pero la experiencia fue tan buena que, entre todos, como se hacen las cosas en esta escuela, emprendimos la aventura de construir un edificio desde los cimientos asegurándonos que estén contempladas todas las exigencias en materia arquitectónica y bromatológica”.

 

–Quedó claro que es un proveedor del comedor pero, además, ¿es un centro de formación?

–Aquella panadería que la escuela adoptó vino con su panadero. A poco de andar se constituyó también en un espacio de aprendizaje, a tal punto que hoy forma parte del plan de estudios: en el tercer año, por la materia Producción de alimentos, la mitad del ciclo los secundarios participan de un taller donde aprender a hacer pan, prepizzas, facturas, bizcochos y palmeritas. El otro medio año, pasan a la industria y producen dulce de leche, pickles, caramelos y helados.

Las maquinarias que se adquirieron en la crisis de 2001 fueron reemplazadas en 2015, en virtud de un programa de reorientación del crédito fiscal, patrocinados por la Fundación del Nuevo Banco de Entre Ríos.

Ahora se dio un paso más y, con el propio producido de la escuela, se ejecutaron estas nuevas instalaciones. Además, íntegramente fue realizado por personal de la institución. Eso nos enorgullece doblemente.

Las nuevas generaciones producen una energía especial: se aprende con alegría. Foto Sergio Ruiz.

 

FUNCIONES

–El objetivo primario es abastecer al comedor…

–En principio, sí. Pan, fideos, prepizzas, discos para empanadas, tapas de tarta van derecho al comedor. Hay un excedente, es verdad, pero el circuito de comercialización está circunscripto al personal, los alumnos y sus familias.

Lo más importante es que la panadería se integra a otros sectores productivos de la Escuela y que, todos, aportan a una formación integral y diferente, rica.

 

–¿Cómo está pensada la formación, justamente?

–A los estudiantes se les ofrece un ciclo básico y otro orientado. En el ciclo básico los alumnos conocen los distintos ámbitos didáctico-productivos y, en el orientado, tienen la posibilidad de elegir el bachillerato en Humanidades, con formación complementaria en producción audiovisual, o la tecnicatura agropecuaria, que refuerzan el trabajo que realizan en los espacios didáctico-productivos que conforman los sectores industrial, vegetal y animal. Y cada uno cuenta con subsectores. Los talleres que cursan son el de Jardinería y el de Cunicultura en 1° año, el Taller de Huerta y el de Avicultura en 2° año y en 3° cursan el Taller de Manejo, Conservación de Monte Nativo, Crianza de Terneros en Estaca y los Talleres de Elaboración de Productos Alimenticios en donde se incluye el Taller de Panadería y el de Industria.

 

–Repasemos los sectores y subsectores…

–En el sector animal conviven los subsectores Granja, Aves (avicultura y pollos parrilleros), Producción de cerdos y el Tambo, que es donde se produce el insumo que se procesará en el sector Industrias: leche líquida, dulce de leche y quesos Holanda, Cremoso y Sardo. El subsector Panadería también es parte del sector Industrias.

En cuanto a la producción vegetal, tenemos la parte de agricultura, que provee las pasturas y forrajes para la cría de animales. Estos insumos están libres de agrotóxicos, lo que resulta central porque nos asegura que los que producimos es sano, no solamente inocuo. Se completa la oferta con la Huerta orgánica y el Vivero de plantas nativas, lo que es valioso porque la Escuela está dentro de una reserva natural, el Parque Escolar “Enrique Berduc”. La idea es que, desde la Escuela, produzcamos los ejemplares de las especies del bosque nativo que permitan recuperar el antiguo vergel.

 

–¿Cómo se puede conocer mejor la oferta educativa?

–Detalles de las propuestas se pueden encontrar en https://escuelanormalruralalmafuerte.edu.ar/wp/contacto/. Nuestro correo institucional es direccionalmafuerte@fhaycs.uader.edu.ar. También pueden comunicarse telefónicamente (0343 4994062 y 4994140) si la idea es darse una vuelta y conocer mejor.

 

–¿Visitas guiadas?

–No las tenemos instrumentadas como una acción sostenida, pero cuando los contingentes escolares la solicitan de hecho las emprendemos. Muchas escuelas nos visitan, sobre todo los sextos grados que están pensando en que van a seguir estudiando; pero también chiquitos del Jardín de Infantes que se enloquecen al ver los animales tan cerca.

A las visitas las llevan adelante los propios estudiantes, acompañados por sus instructores. Es también un desafío porque los alumnos deben organizar en la oralidad sus conocimientos aplicándolos a un acto de comunicación.

 

IDENTIDADES

–La Escuela parece tener una dinámica más compleja que la de un establecimiento tradicional…

–Es el hermoso desafío que significa trabajar en Almafuerte. Pero también aprender en estos entornos es una experiencia diferente. Los estudiantes tienen un horario extendido, entre las 7 y las 15. Es ese horario se desarrolla una propuesta educativa muy rica, completa.

Además, la escuela como tal está en muy buenas condiciones para que lo que se desarrolla teóricamente pueda desplegarse en prácticas dentro de los sectores productivos de la escuela fortaleciendo un saber hacer que integra teoría y práctica.

En todos los sectores podemos ver progresos tanto en las instalaciones como en el equipamiento. Hoy la noticia es la inauguración de la panadería que la consideramos un espacio modelo. El año pasado ampliamos y renovamos totalmente la industria láctea e inauguramos el vivero de plantas nativas, único por sus características en cuanto a sus dimensiones y a su automatización.

La Escuela cuenta con instalaciones acorde a la oferta académica. Foto Sergio Ruiz.

–¿Y quienes no pueden ir y venir?

– Se suma a nuestra propuesta educativa la dinámica del funcionamiento de la residencia estudiantil destinada a los estudiantes del Nivel Secundario y del Nivel Superior. Después del receso invernal a las comodidades agregaremos 4 casas a estrenar, lo que mejorará el bienestar y la autonomía de la convivencia de los estudiantes que se forman como Profesores del Nivel Primario e Inicial con orientación Rural.

La residencia estudiantil acompaña en su función educadora a través de las Horas de Estudio, Talleres de Deportes, Folclore Argentino, Radio, Artesanías, Salidas Didácticas y de Esparcimiento.

Es oportuno subrayar que desde sus inicios Almafuerte fue una escuela orientada a la educación de los jóvenes de origen rural de toda la provincia. Paulatinamente fue abriéndose a la convivencia de mujeres y varones y también fue incorporando alumnos que provienen de zonas urbanas y suburbanas, de localidades grandes y pequeñas.

 

–Al pasar mencionó la radio…

–Así es. Funciona una radio, la FM Almafuerte, en el 89.3Mhz, que tiene un transmisor que cubre un área de 5 kilómetros, que es lo admitido para una emisora escolar. Allí, los estudiantes investigan, producen y sacan al aire pequeñas piezas comunicacionales (spots, informes, entrevistas), además de que aprenden a reconocerse en su propia voz. El material se hace en los espacios curriculares, de manera que son acompañados por los docentes.

 

MATRICES

–Las escuelas rurales fueron concebidas con un objetivo político, vinculado a un tipo determinado de desarrollo del país. ¿Cómo se manifiesta ese compromiso en la actualidad?

–Cuando el modelo de producción intensiva parece ser el único camino posible, de la mano de la soja y los feedlot, nosotros apuntamos a una mayor diversificación y un modo de producción que agreda lo menos posible al entorno natural.

La experiencia de los estudiantes que siguieron la carrera de agronomía es múltiple: están agradecidos porque lo aprehendido aquí les sirve y mucho desde el punto de vista disciplinar, pero al mismo tiempo destacan que la perspectiva nuestra genera debates, porque claramente el paradigma es otro.

Propiciamos un modelo amigable con el ambiente. Lo hacemos por una posición política, ética, filosófica, que se potencia porque somos parte de una reserva natural de usos múltiples y eso nos impone formas específicas de realizar el manejo territorial.

 

–Es más fácil decirlo que materializarlo…

–Es cierto. Tanto desde la Facultad de Humanidades, Artes, Ciencias Sociales y de la Uader, como desde la Escuela, se inspira una toma de posición en este sentido. No obstante, el plantel docente ha ido asumiendo en distintas instancias que esto es lo que corresponde. A veces la discusión ha sido fuerte, pero el consenso surgió y eso es lo importante. Y así lo hemos ido inculcando entre los profesores que se van incorporando.

Hoy, el debate está planteado en cómo llevar adelante esa declaración de principios. Vea: con el simple hecho de montar con nuestro propio producido una panadería, en cumplimiento de todas y cada una de las normativas que rigen para un establecimiento de este tipo, Almafuerte está demostrando que no hace falta cerrar una escuela para producir. Y que se puede sembrar y cultivar sin agrotóxicos.

Es probable que los resultados de las prácticas intensivas muestren una mayor efectividad, pero preferimos ser acaso menos rentables pero que los alimentos sean saludables y no afectemos de manera tan radical el ecosistema. Estamos seguros de que todo lo que producimos no tiene veneno y de que no estamos generando ningún riesgo para nuestros alumnos ni vecinos. Y eso no es un dato menor.

 

Ser de la universidad

–¿Qué particularidad genera el hecho de que una escuela media dependa de una universidad?

–Es cierto, Almafuerte, la Alberdi (en Oro Verde) y la Normal de Paraná somos de las escuelas secundarias de la costa del Paraná que dependen de Uader.

La dinámica de nuestras escuelas es diferente a las que pertenecen al Consejo General de Educación. Una de las características que más la diferencia es la modalidad de acceso a los cargos y horas docentes, dado que en nuestras escuelas se ingresa por concurso de  antecedentes y oposición, condición que implica la preparación de un proyecto específico para la institución.

En lo referido a la gestión, tenemos un acompañamiento fluido y cercano con las autoridades de la Facultad de Humanidades Artes y Ciencias Sociales de la que dependemos, lo que permitió constituir  un espacio de trabajo que viabiliza la planificación y puesta en marcha de los proyectos. Por otro lado la pertenencia a la Facultad permitió llevar adelante proyectos específicos, como son  el sostenimiento de los talleres de Educación Sexual Integral, el proyecto de plurilingüismo que incorpora el Portugués además del Inglés y Francés como lengua extranjera.

También contamos con la conformación de diversos cuerpos colegiados como el Consejo Directivo, Consejo de la Producción, Consejo de Convivencia, Consejo de Residencia con representación de los diferentes estamentos, estos sumados al Consejo Académico favorecen la democratización de la toma de decisiones y la conformación de equipos de gestión.

 

 

El contacto con la naturaleza y el factor humano generan un clima propicio para una educación de calidad.