20.6 C
Paraná
sábado, diciembre 14, 2019
  • Cultura
  • Sociedad
Más

    Monzón, ícono múltiple, es eje dramático de una serie

    Una serie retoma la vida del santafesino Carlos Monzón, acaso el más grande boxeador argentino de todos los tiempos, más tarde femicida condenado por lo crimen de su pareja, Alicia Muñiz. Sus protagonistas tienen la palabra.

     

    En esta superproducción televisiva dirigida por Jesús Braceras, el novato Mauricio Paniagua asume el papel del campeón mundial y el experimentado Jorge Román compone a un Carlos Monzón adulto, que mantiene una tormentosa relación con su segunda esposa, Alicia Muñiz, a la que asesina en febrero de 1988 en medio de una intensa y descontrolada temporada de la farándula local en Mar del Plata, la misma en que muere Alberto Olmedo al caer desde el piso 11 de un edificio, 20 días después del femicidio de Muñiz.

    Además del fuerte parecido físico con el boxeador, que se lo hacen notar desde niño, otros elementos emparentan a Román con el múltiple campeón

    mundial y tienen que ver con la infancia y las geografías.

    “Yo soy formoseño, de Palo Santo, mi papá era mocoví, tengo ascendencia toba y en San Javier (el pueblo santafesino de Monzón), hubo también un

    asentamiento mocoví fuerte”, cuenta Román, en una primera aproximación.

    “Cuando la gente de la producción me mostró fotos de San Javier y vi el rancho donde podría haber nacido Carlos, dije «yo nací ahí», yo vengo del monte, la gente que nació en esos ranchos de San Javier tienen mi misma fisonomía; también la pobreza, el alcohol en ese medio, son cosas que no me tuvo que contar nadie”, agrega el actor que marcó trazas fuertes con sus

    composiciones en “El bonaerense”, de Pablo Trapero; “La Leona” y “Nordeste”, entre otros filmes.

     

    –En la serie a usted le toca la parte más dura de Monzón, no la del boxeador exitoso, sino la de la persona que asesina a su esposa, purga cárcel, ¿cómo fue la construcción de ese Monzón?

    –La parte que a mí me toca es la más densa. Con el director y la producción de la serie fuimos añadiendo retazos de la vida de Monzón porque había que hacer dos movimientos para construir el personaje: abrevar en el pasado para entender cómo había llegado allí  y poner mucho el cuerpo en lo que venía, analizar lo menos posible y conectarme con toda la furia, la violencia y la intensidad que requería esa etapa del personaje. Hubo también un gran trabajo de investigación en el equipo que armó la historia, fuentes familiares, biográficas, de los medios de comunicación, de modo que la caracterización estaba muy clara.

    La miniserie sobre la vida de Monzón tiene elenco confirmado

    ARMADO

    –¿Se trabaja mucho la relación Monzón-Alicia Muñiz en la serie?

    –Alicia tiene todo un capítulo dedicado a ella pero además de eso el vínculo de ella con Monzón está desarrollado de punta a punta, trabajamos

    el antes, el durante y el después de ese vínculo, un trabajo que hicimos con Carla Quevedo (la actriz que interpreta a Alicia)  de carácter quirúrgico, al detalle. Fue un trabajo donde tuvimos que cuidarnos, porque la intensidad y la violencia eran una constante y había que regular el trabajo actoral en jornadas muy largas: hacer el artificio de la violencia contra una persona cuando tenés un ser humano enfrente te impone un límite real porque es algo complicado.

     

    –¿Y la cuestión de la cárcel?

    –Me dediqué a ver cuanto pude, hay una biografía autorizada de Monzón en Youtube de Mercedes Martí y ahí ves a un hombre quebrado, disminuido desde muchos puntos de vista y aún así Monzón en la cárcel seguía marcando distancia, como una incapacidad histórica en él de conectarse sensiblemente con las cosas. Para mí, las carencias de Monzón en su infancia no son sólo económicas, de una pobreza casi absoluta, sino también de contención afectiva y emocional, tenía un padre alcohólico y vivía en un medio donde sobrevivir muchas veces significaba pegar. Monzón cuenta en ese largo reportaje de Martí que intentó suicidarse dos veces, y yo creo que la soledad y el ocaso que sufre ese hombre después de haber estado en la cima es doble o triple a la de cualquiera, los contrastes entre la gloria y la celebridad y esa caída deben haber sido tremendos.

    Entrevista: Maximiliano, el hijo menor de Carlos Monzón

    LA GLORIA

    El otro gran protagonista de la serie es el novato Mauricio Paniagua, un actor nacido en Puerto Iguazú, Misiones, que sólo tiene experiencia teatral. Se trata de la mayor oportunidad laboral que tuvo hasta ahora pero que tiene una alta exigencia física y emocional.

     

    –¿Cómo llegó a interpretar este rol icónico sin tener experiencia en pantalla?

    Debe ser una decisión tan atractiva como desafiante animarse a protagonizar una superproducción de estas características porque si uno no logra una buena performance pronto será señalado, pero si uno lo hace demasiado bien puede terminar encasillado.

     

    –¿Cuánta presión que hay, no?

    ¡Es muy difícil! Mi camino hasta acá creo que fue más largo y difícil que el de Jorge. Cuando salió la convocatoria para el casting -que tuvo alcance regional porque buscaron en varios países- me escribió no sólo mi representante sino casi todos mis amigos, porque desde chico me dicen que me parezco a Monzón. Fueron tan insistentes que. ¡no tuve escapatoria! Envié mi material y me pidieron que vaya a un casting pero que lo hiciera lo más lookeado posible. Yo en esa época tenía pelo largo, que me encantaba, y una onda muy distinta a la que ves ahora. A pesar de que me resistía yo sabía que si me lo cortaba iba a tener más chances, así que fui a lo de un amigo estilista con fotos de Monzón y no lo pensé dos veces, aunque confieso que mientras miraba las mechas caer un poco me arrepentí. ¡De todos modos ya estaba jugado!

     

    CARRERAS

    –¿Cómo se documentó?

    –Me estudié todos los videos que encontré en YouTube, tanto de peleas como de entrevistas. Y un ratito antes de la prueba pasé a buscar unos guantes por la casa de un amigo y caí con la camisa abierta, un jean, caminando con las piernas abiertas, muy Monzón. Terminé haciendo una escena muy tranquilo, sin ansiedad. Los castings sinceramente no son lo mío, pero era una oportunidad que si no tomaba seguramente me iba arrepentir. Yo estaba muy seguro de lo que había logrado, bien teatral y grande. Pero terminé y vi que todos estaban horrorizados porque yo parecía una marioneta. Es que nunca hice tele o cine, entonces no sabía mostrar todo con matices. Pero por suerte vieron algo en mí que les llamó la atención y en una segunda prueba me ayudaron a que fuera más minimalista y finalmente logré lo que buscaban. Haber pasado esa instancia me permitió seguir adelante con otras etapas y aunque yo sabía que la búsqueda seguía abierta y estaban probando otros actores, finalmente me eligieron a mí.

     

    –Antes de la serie, ¿qué conocimiento tenía de la vida de Carlos Monzón?

    –No mucho más de lo que cualquiera puede saber por anécdotas o cosas que aparecen en los medios, pero nunca me había metido en los detalles. Luego de varios meses de entrenamiento y pruebas, cuando me confirmaron que el papel era mío me dieron finalmente los guiones. Los leí de un tirón y. ¡wow! Me dije «realmente es una vida para contar».

    No es que me asusté pero sí me di cuenta que había escenas que iban a requerir de preparación y de trabajo, pero entendí que tenía las herramientas para hacer justicia a eso que estaba escrito y que era memorable. No te niego que transité un poquito el miedo pero cuando fui avanzando me sentí cómodo en el set. La dirección de Jesús me dio la confianza necesaria para soltarme, pero también la libertad de proponer y pensar juntos. Y te juro que aún no me termina de caer la ficha, porque nunca hice nada que no fuera audiovisual.

     

    Mauricio Paniagua se hace cargo del papel del campeón mundial.

    Lo más leído