Deportes

El barrio donde un deporte marca el buen camino

Atlético Las Flores más que una Escuelita de Fútbol Infantil.

 

Una humilde cancha, un grupo de personas que colaboran y principalmente los sueños, ilusiones y ganas de los chicos por demostrar que nada es imposible enmarcan una historia de vida de muchos.

 

El barrio Las Flores es considerado uno de los más populares y conocidos de la zona periférica en la capital entrerriana. Y en su corazón y luego de recorrer una pronunciada bajada de calle se encuentra la muy querida cancha de fútbol. Y sí es más que querida por mucha gente porque allí tres días a la semana asisten muchos chicos y algunas niñas de la zona a practicar su deporte amado y preferido: fútbol.

De a poco el sol está dejando de alumbrar y de proporcionar la luz artificial que es fundamental para que la Escuela de Fútbol Infantil  Atlético Las Flores desarrolle el mayor tiempo posible su entrenamiento. Los pequeños grandes jugadores se van juntando de a poco para que los profes den el puntapié inicial. Mientras se entretienen con centros y entre risas un numeroso grupo de personas del barrio y de otros lugares que colaboran preparan lo que será la pos práctica con nada más y nada menos que una exquisita merienda de chocolate con tortas fritas.

Antes de arrancar la impostergable práctica el profesor y coordinador Cristian Arévalo -quien vivió su niñez en el barrio- se prestó a un más que jugoso diálogo con este medio. Seguramente quedará reflejado que cuando se quiere y con casi ningún recurso se puede luchar para intentar que un niño como se merece tenga una infancia feliz.

EL SURGIMIENTO

De cómo surgió la Escuelita de Fútbol el profe aseguró: “La idea  se puede decir que estaba hace mucho tiempo porque yo desde chico ya jugaba en el barrio Las Flores y faltaba organización. Por eso más grande me propuse meterme de lleno con los gurises y ver de qué manera podía ayudar. Hace más o menos tres años que estamos con ellos y tratando de darle lo mejor. Ya en mi época de niño como ahora era una emoción y algo muy lindo cuando nos llevaban a jugar a otros lugares. Nos sentíamos contentos y orgullosos de representar a nuestro barrio. Creíamos que pertenecíamos a una Selección. Me hacen acordar porque es muy parecido a lo que sentíamos nosotros. En la actualidad tenemos una categoría 2009  y la otra es de chicos desde los 11 hasta los 14 aproximadamente”.

 

Objetivo y contención

Arévalo no está solo y a esa circunstancia hace referencia: “Junto a un grupo de personas estamos a través del Fútbol Infantil de Atlético Las Flores con el principal objetivo de contener a los chicos del barrio. Brindarle unas tortas fritas, una chocolatada pero como dije antes lo primordial es la contención por intermedio de un deporte tan lindo como lo es el fútbol. Después de entrenar, una o dos veces a la semana de acuerdo a lo que tenemos le damos la merienda. Tenemos una estructura armada porque solo sería imposible intentar hacer algo. Sin la ayuda de mucha gente no se podría hacer nada. Los padres, los vecinos y hasta personas que no son del barrio colaboran y están pendientes de ellos”.

El profe Cristian Arévalo -primero a la izquierda- junto a algunos de sus colaboradores.

Ejemplo, felicidad y festejo

El DT también contó de los sentimientos que rodean una situación tan especial: “Es algo muy hermoso ver la sonrisa y sentir la felicidad que sienten y transmiten los chicos cuando vamos a Torneos y Encuentros. Disfrutan a pleno cada momento y cada segundo y conocen nuevos amigos. Re enchufados y nosotros muy contentos de verlos así. En el torneo de Escuela River e Instituto se comportaron muy bien y le dieron la Copa Fair Play. Vinieron al barrio y era todo una fiesta. Los vecinos salieron a festejar con ellos, se sacaron fotos y dieron la vuelta en la cancha. En otro torneo ganaron un trofeo. Pero lo mejor es que es todo muy lindo y va más allá de los resultados. Uno no lo hace para competir y más que nada queremos que los chicos se diviertan y que hagan lo que más aman que es jugar al fútbol”.

Buenos cambios

Los cambios a los buenos hábitos de vida es otro de los aspectos de los que Arévalo no pasó por alto: “Estos chicos andaban en la calle de noche y se acostaban todos los días a las 3 o 4 de la mañana. Eso no es bueno. Con el fútbol además de disfrutar y contenerlo llegan cansados a la casa y de esa forma se acuestan temprano y se alejan de todos los peligros. El cambio que se va logrando de a poco se nota y es muy bueno”.

Ayuda y agradecimiento

“Todo tipo de ayuda es bienvenida y nos sirve. No tenemos nada, absolutamente nada. Necesitamos material deportivo para practicar mejor, porque apenas tenemos unas pelotas y un par de cosas. También leche, chocolate, harina, azúcar o lo que puedan para poder darles la merienda siempre. Se pueden comunicar al  0343 154644972 o acercarse a la canchita donde entrenamos los martes, miércoles y jueves desde las 17.30. Serán siempre bienvenidos”.

Mujeres en un lugar especial

Andrea Morato es una de las colaboradoras que vive en el barrio y que junto a otros se encarga de la merienda. “Le hacemos a los chicos con mucho amor -comenta- chocolate, tortas fritas, rosquitas lo que se puede y es con solamente la colaboración de los vecinos. El equipo de chicos de Atlético Las Flores revolucionó para bien a todo el barrio. A veces hasta vienen de otros lugares a jugar y se integran enseguida. La contención que les brindamos todos es muy importante”.

María Rosa Arévalo es una de las mamás que también colabora y que no puede ocultar su emoción: “Soñamos con conformar una Asociación Civil para que ellos puedan tener su club. Ellos adoran jugar al fútbol. Los papás y las mamás acompañan y es gente muy buena que solamente pensamos en el bienestar de nuestros chicos del barrio. Lo mejor y que nos llena de alegría es verlos venir felices después de la practica a compartir la merienda”.

 

Opinión

No merecen quedar en el olvido

La nota realizada deja dos sensaciones. Por un lado la alegría de saber que hay personas que quieren cambiar realidades y allí están. En un barrio de condición humilde, una cancha adaptada al terreno duro y una pelota de fútbol, único escape acaso a situaciones críticas de pobreza.

Y justamente ese es el costado que enhebra la sensación de amargura. A pocas cuadras del centro de la ciudad, conviven peques que no la pasan nada bien. Una torta frita, un chocolate y el buen momento que disfrutan en la cancha les hace olvidar de situaciones sociales difíciles.

Que esta nota sirva para sensibilizar y acercar aportes. Estos pibes, que ganaron hace poco una Copa Fair Play, no merecen quedar en el olvido.

Con información de Mirador Entre Ríos.