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sábado, diciembre 14, 2019
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    Sin descanso a la vista, hay nueva partida en marcha

    El propio gobernador Gustavo Bordet está experimentando los alcances de la sentencia aquella según la cual los triunfos no dan sino responsabilidades: no terminó de celebrar el buen resultado del 9 de junio que ya arrancó la campaña nacional.

     

    Redación El Diario | coordinacion@eldiario.com.ar

     

    Los desdoblados esquemas electorales, se entrecruzaron en el último tramo de la campaña hacia las generales en Entre Ríos de una manera que casi no dejó lugar para evaluar lo sucedido a escala provincial porque fue preciso concentrarse en la dinámica y los perentorios plazos de la campaña nacional hacia las primarias abiertas simultáneas y obligatorias para elegir los candidatos a Presidente y Vicepresidente y, en el caso nuestro, de tres senadores y cuatro diputados.

    Los medios de comunicación transmitieron, eso sí, elogiosas consideraciones hacia el reelecto gobernador Gustavo Bordet (que logró el cometido en sociedad con la actual ministra de Desarrollo Social, Laura Stratta), vieron a los dirigentes de Cambiemos hacer mutis por el foro y, salvo honrosas excepciones, ayudaron a advertir que para los partidos y frentes emergentes filtrarse entre las expresiones hegemónicas no resulta una tarea sencilla.

    En términos estrictamente cuantitativos no son inexactas las interpretaciones que destacan que desde 1983, en medio de una galería de nombres propios de la política comarcal como Sergio Montiel, Jorge Busti, Mario Moine y Sergio Urribarri, se destaca la performance del concordiense en tanto y en cuanto nadie desde entonces logró tantos votos como él en términos porcentuales y naturalmente también en términos absolutos (los 433.401 sufragios obtenidos para la categoría de gobernador y vice representan el 57,47% del total de los emitidos).

    De todos modos, hay que tener en cuenta que este tipo de evaluaciones de los datos electorales deben estar atadas a ciertas contingencias, más de corto que de mediano y largo plazo, producto de que el votante decide entre cierta cantidad de opciones, en medio de circunstancias que explican tanto la emergencia de esas alternativas como las motivaciones por las cuales la sociedad organiza sus apoyos y constituye mapas de representaciones, con sus picos, valles y llanuras. Una mirada de mediano y largo plazo puede ser de mayor utilidad en otros casos, como cuando se procura tener referencias concretas respecto de los niveles de asistencia, la presencia e incidencia de terceras fuerzas o los altibajos del voto en blanco.

    En ese sentido, un dato valioso es que para Gobernador y Vice Cambiemos obtuvo unos resultados que están en sintonía con lo logrado en las últimas elecciones, más allá de que naturalmente no le han permitido ni siquiera discutirle la reelección de Bordet. Con Alfredo De Ángelis como candidato, Cambiemos se quedó en 2015 con el 39,43% de los votos positivos contra el 35,43% alcanzado cuatro años más tarde por Atilio Benedetti, en un contexto nacional sumamente desventajoso, como comprobaron los candidatos en campaña.

    Pero lo que puede explicar la situación es el crecimiento en la consideración pública de Bordet que, en 2015, con Adán Bahl como compañero de fórmula y Urribarri como padrino político, ganó por 22.000 votos apenas y que el 9 de junio, junto a Stratta, convertido él en el gran elector, sacó una diferencia de 166.133 sufragios. Así las cosas, sostener que, a cuatro años vista, mientras Cambiemos (UCR, PRO y aliados) perdió cuatro puntos, el peronismo (y aliados) aumentó quince, es ampararse en indicadores numéricos que gozan de alta legitimidad social, como son los resultados electorales.

     

    COMARCAS

    Si los datos provisorios se confirman, el frente Creer Entre Ríos se impuso en 45 intendencias (cuantitativamente, un tercio más que las que hoy administra el PJ) y Cambiemos en 22, mientras distintos partidos vecinales se quedaron con un nada despreciable lote de 15.

    Tres de las ciudades recuperadas por el PJ son cabeceras departamentales: Federación, Diamante y Paraná. Pero por importancia relativa y por densidad electoral, el de la capital provincial luce como un triunfo clave. Más allá de esta cuestión, si bien parece convincente que la diferencia entre Bahl y Sergio Varisco pueda explicar que Juan Carlos Kloss haya ganado la senaduría en un departamento que hasta hace dos años era un bastión de Cambiemos, debe añadirse que en Paraná Campaña Bordet ganó por casi 13.000 votos, Kloss por unos 10.000 y la lista de diputados por casi 8.000. En fin, una primera impresión es que Paraná y Paraná Campaña han protagonizado un determinado proceso en el mismo sentido, con luces y sombras (porque de hecho ha habido cortes de boleta). De todos modos, en un contexto departamental de triunfos de Creer Entre Ríos registrados en casi todas las categorías, a la razón de los resultados adversos o de las confirmaciones en gobiernos locales conviene buscarlos en la oferta de candidatos y en la recepción que han tenido las gestiones en marcha y las propuestas de campaña.

     

    RUMBOS

    Visto en retrospectiva, Bordet parece haber encontrado en la dinámica del gobernar un estilo que logró conectar con un momento determinado de la sociedad. Pese a que el mandatario insista en que tenía un programa y que ahora pretende completarlo, es claro que al método lo fue modelando mientras el carretón de la gestión se puso en movimiento y los melones se fueron acomodando. Ni su título de contador público o su posgrado en desarrollo regional, ni siquiera la lejana experiencia como ministro de Salud y Acción Social o la más próxima como intendente de Concordia en períodos sucesivos, permiten hacerse una idea aproximada de las complejidades de la Gobernación, por la multiplicidad de políticas y programas, diseminados en los 17 departamentos con particularidades ciertamente distintivas; por la convivencia –no siempre amable– con los otros poderes del Estado; por las implicancias de los vínculos con una gestión nacional de otro signo político en un período en que las cuentas estaban en rojo; por la necesidad de articular con los gobiernos locales, de variopinta identidad partidaria; y, mientras la búsqueda de esos equilibrios provisorios se suceden, construir una imagen que la permita mantener vivo el vínculo social.

    Si el político es producto de las circunstancias, también es cierto que los contextos son constitutivos de liderazgos. Y, en ese sentido, lo que le ha servido a Bordet para ocupar el centro de la escena en el primer semestre de 2019 es parte de una dinámica que lo obliga a tomar riesgos para el segundo semestre. Es cierto, ha ganado bien las elecciones provinciales, pero, ¿alguien puede asegurar que si no asume un papel clave en la instancia que viene los 20/34 diputados provinciales, los 13/17 senadores provinciales y la constelación de intendentes lo seguirán reconociendo como referente inevitable?

     

    La batalla que viene

    Por la matriz constitutiva de su discursividad política, la impresión es que la batalla electoral que viene será central para sus intereses, en la conformación de las listas y también en el protagonismo de la campaña, en un escenario en el que probablemente deba recorrer nuevamente pueblos y ciudades para explicar por qué se necesita un modelo económico de otro tipo.

    Porque si, hasta ahora, fue suficiente la decisión de estar, de marcar presencia, aunque se trate de dar la cara ante un problema cuya solución no se podía aportar; y la determinación de territorializar la gestión, es decir, de establecer relaciones políticas y sociales con actores y actrices de la sociedad concretos, el segundo período necesita de otros condimentos, que en esta instancia se empiezan a resolver.

    Del otro lado del mostrador, también Cambiemos tiene la posibilidad de recomponerse de la derrota. Si se revierten los resultados, se cicatrizan las heridas del fracaso y los que quedaron indicados como responsables de haber perdido pueden recuperar terreno. En fin, lo que se viene es sumamente interesante.

     

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