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Medea va: una versión que potencia la vigencia de un clásico

Notable impacto visual, emotivo y reflexivo generó “La rueda teatro” con “Medea va”. En la actualización del relato mítico, el texto gana potencia expresiva y se integra de maravillas a una puesta en la que los recursos aplicados hacen sobresalir la labor actoral.

 

Víctor Fleitas | coordinacion@eldiario.com.ar

 

Fuentes, Vallejo y Osella, conforman un muy buen equipo actoral.

“Medea va” es un producto teatral sólido, sobre el que confluyen búsquedas expresivas, experticias comunicativas y habilidades escénicas que la colocan en un refinado sitial de mérito. Del planteo original de Eurípides, mantiene –a 25 siglos vista– la convivencia múltiple de zonas diversas de la sensibilidad desde la que los espectadores se pueden asomar a esta tragedia que se desata a partir de la adulteración de un juramento. El caso, originalmente fundado en una falsía amorosa, está atravesado por un buen número de implicancias absolutamente humanas, una de las razones por la que estos textos dramáticos soportan, estoicos, el paso del tiempo y los cambios de las culturas y, pese a todo, siguen siendo significativos.

No obstante, en su actualización, el grupo “La rueda teatro”, impregna el relato de un aquí y ahora que lo convierte en una pintura local y contemporánea, comarcana y sin embargo de proyección cósmica: las músicas del pueblo (Gardel, Gilda, Barboza) y las ambientaciones sonoras generan una proximidad empática con la obra y están muy bien logradas, tanto que la propuesta no pierde unidad de sentido, aunque de a ratos la invadan aromas de la producción de Juan Gelman, Alejandra Mizarnik, Juan L. Ortiz o Alfonsina Storni. Estas referencias, a su vez, le imprimen otra profundidad al drama en tanto habilitan un viaje interior desde donde el espectador puede implicarse en tanto también él es un sujeto atravesado por lealtades y traiciones, de las que ha sido víctima y victimario.

El lugar de la mujer en la forma de contar la historia emerge con fuerza en esta versión de Medea.

 

CORRELATOS

Con dramaturgia y dirección de Edgardo Dib y actuaciones a cargo de Romina Fuentes, Pablo Vallejo y Daniela Osella, al equipo de trabajo parece interesarle un asunto crucial: cómo se construyen las memorias, qué operaciones se naturalizan a favor de los que escriben la historia, a veces con inocente e inevitable arbitrariedad, otras con la clara decisión de convertir una parcialidad en un relato verdadero. Y, al hacerlo, delicadamente, “Medea va” corre el velo a dimensiones menos individuales, en las que las promesas se incumplen, como se ha tornado habitual en la historia política nuestra; y que luego, consumado el perjurio, plantean un fuerte debate sobre quién se debe hacer cargo de las consecuencias, muchas veces trágicas, violentas. Después de todo, el mito de Medea, Jasón y los Argonautas se constituye en función de la conquista de un objeto maravilloso y los deseos que se pueden cumplir con él, lo que lo emparenta con el poder, sin dudas.

Pero “Medea va” también nos interpela desde el lugar del que sufre la afrenta de la mentira a sabiendas, para proponer un protocolo existencial en el que resulta vital perderse en un bosque nativo de senderos interiores y en la calurosa selva montielera de la propia experiencia, cuyos laberintos es conveniente recorrer hasta encontrarnos con la versión real -no mediada por la palabra o la mirada ajena- de nosotros mismos y los demás.

Como se advierte, la adaptación habilita una serie de senderos para la interpretación, cuya riqueza multiplica la intervención activa de los espectadores.

 

CONCEPCIÓN INTEGRAL

En tanto puesta, “Medea va” es exigente para los actores. Téngase en cuenta que al espacio dramático lo rodean los espectadores: la acción ocurre en el medio y ante todos, sin detrás de escena, con las plateas enfrentadas -una a cada lado como los márgenes de un río imaginario-, lo que multiplica la experiencia impar de los puntos de vista. El preciso diseño lumínico, la oportuna intervención de la máquina de humo y los climas que constituye, las acertadas ambientaciones sonoras, la permanente constitución de los espacios a partir de la reubicación de los objetos y los cuerpos son evidencias de un delicado afán por la excelencia, que el público valora.

A los parlamentos complejos –convertidos en convincente palabra actuada–, debe añadirse como virtud un trabajo meticuloso de integración de los cuerpos al espacio y entre sí, que no dejó expuesta ninguna disonancia de relieve. Representar “Medea va” demanda un notorio esfuerzo físico, más allá de que el despliegue no esté puesto en clave atlética, sino como parte de la producción de un sentido dramático y de la necesidad de crear la sensación de movimiento que el espectador parece demandar. En efecto, en las distintas escenas los recursos visuales, lumínicos y sonoros, los objetos, el vestuario y los cuerpos de Fuentes, Osella y Vallejo se integran en una armónica galaxia de plasticidad que, sin embargo, no distrae del desarrollo de la historia. Un espectador atento podrá intuir que en el origen de muchas escenas subyace la práctica de la experimentación grupal, del juego teatral del que inevitablemente deben participar director y actores.

Hay pastillas de humor, es cierto; pero las dosis son medidas y tienden a descomprimir la tensión en el ambiente para poder seguir con una historia que por cierto revuelve las tripas e interpela el carácter de lo humano y sus límites, y el lugar de la mujer, en circunstancias terribles.

 

BUENOS RESULTADOS

Al menos en la función que tuvo lugar el sábado 8, en la espléndida sala 2 de La Hendija, la concurrencia no sólo colmó las amplias instalaciones, sino que se prodigó en una prolongada sesión de aplausos como forma de reconocimiento al valor agregado por el elenco (incluyendo aquí las funciones estrictamente técnicas) en la transformación de este clásico.

Si bien Fuentes ya contaba en su legajo con papeles dramáticos, se intuye que esta debe estar entre las más exigentes experiencias como actriz. Osella, más allá de que en el unipersonal “Irene, la marca del amor” debía sostener con propia energía el espectáculo; de que, por ejemplo, en “Milonga bardera” compartió el trabajo escénico con otros colegas; y de que con “Maldita Justicia” se había abierto a propuestas de exploración, tenía desarrollado y apropiado un repertorio más próximo al teatro callejero, junto a Vallejo. Los tres forman un buen equipo y se adaptan sin inconvenientes no sólo a la lógica de la sala cerrada sino a un tipo de teatro donde las responsabilidades son altas y no prácticamente no admiten lugares para la improvisación y, sin embargo, están obligadas a lucir siempre naturales, frescas, espontáneas.

Esta aparición en “Medea va” parece significar, en ese sentido, una apuesta firme y el cierre de un ciclo sobre el que confluyeron experiencias del estudiar, del saber y del actuar. Y para “La rueda teatro” se trata, sin dudas, de una excelente presentación en sociedad.

 

Ficha artística

Actúan: Romina Fuentes, Daniela Osella y Pablo Vallejo.

Dirección y Dramaturgia: Edgardo Dib.

El Diseño de Banda Sonora e Iluminación son del mismo Dib, quien junto con La Rueda Teatro realizó el Diseño del Espacio Escénico.

El Diseño y Realización de Vestuario es de Karina Budassi – HUE, mientras que la Realización Escenoplástica corresponde a La Rueda Teatro y César Osella.

Julián Villarraza tiene a su cargo Diseño Gráfico y Fotografía.

Sabina Piccini es la operadora de luces y Carla Bernhardt, la Asistente Técnica General.