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    Revolución de arte en Hasenkamp

    El artista entrerriano Mario Lange pintó su mural número 1.213.

     

    El oriundo de Strobel, que tiene la mayor cantidad de obras en todo el mundo, busca llevar su pintura a cada provincia del país: sólo le faltan seis.

     

    Redacción El Diario | coordinacion@eldiario.com.ar

     

    Entre figuras de una inmensidad de formas y colores llamativos, el artista Mario Lange, nacido en Strobel, deja estampados sus murales en cada ciudad y pueblo del país que recorre. En su gira inagotable, el entrerriano durante la semana pasó por la localidad de Hasenkamp, y previo a ello había hecho escala en la ciudad de Santo Tomé (Santa Fe).

    En su paso por su provincia natal, dejó su huella en la escuela secundaria n° 47 “Eduardo y Federico Hasenkamp” y pintó, junto a los estudiantes secundarios y los niños del jardín “Semillita”, su mural número 1.213.

    Esta cifra, que no para de crecer, lo tiene como el artista plástico récord a nivel mundial en cantidad de obras, ya que también en su haber tiene esculturas y cuadros.

    A la propuesta de llevar su arte a cada rincón del territorio nacional, Lange la denomina “Revolución de Arte”. “Esta revolución se genera con las maestras jardineras y de plástica porque es así como arrancamos, ellas escriben a la página y nos ponemos de acuerdo para ir a cada escuela o jardín”, contó el artista en diálogo con EL DIARIO.

    Su derrotero por el país inició en 2015 y más allá de ser él la cabeza y la figura central de cada mural, Lange entiende que los grandes protagonistas son los chicos y es por eso que sus trabajos conservan la inocencia que lleva adentro un niño. “Nunca me imaginé pintar tantos murales en el país. Empezó como un desafío y cuando hice el mural número uno la reacción de los chicos fue impresionante y fue lo que me dio el impulso”, sostuvo el entrerriano que está radicado en Estancia Grande (San Luis), donde tiene su atelier y una gran galería con todas sus obras. Además, sus dibujos se contemplan en escuelas, hospitales, puentes, autopistas, autódromos y en distintos espacios públicos de gran parte de Argentina. “Me quedan seis provincias y la idea es completarlas el año que viene. Creo que se trata de ir dejando una huella en cada lugar”, señaló, luego de pintar el mural sobre una pared de 80 metros de largo por tres de alto.

    Tras despedirse el viernes de Hasenkamp, Lange continuó su “revolución” el sábado por Diamante y su intención es continuar embelleciendo las paredes entrerrianas, que ya tienen su sello en Paraná, General Ramírez, Racedo, Puiggari, Rincón del Doll y, por supuesto, en Strobel. “De ahora en más en Entre Ríos se van a empezar a ver mis obras, porque uno de los objetivos que tengo es pintar toda la provincia. Seguro lo lograremos junto a las maestras, a pesar de que no sea fácil porque es una provincia que le cuesta relacionarse con el arte”, señaló y avizoró: “Vamos a hacer una gran revolución y en dos años vamos a cruzar por Entre Ríos y vamos a ver muchas obras en las rutas y las escuelas”.

     

    El vuelco de su vida

    Mario nació hace casi 50 años en el seno de una familia humilde, donde la pesca, la caza y la huerta eran su sustento. Antes de coronarse como artista y ser reconocido mundialmente, Lange era un gran atleta, tal es así que en 1983 logró batir el récord argentino en atletismo, que le permitió llegar a la selección nacional. Empero, la difícil situación económica de su familia lo obligó a sus 19 años a abandonar el deporte, ya que no podía sostenerse en Buenos Aires.

    Ya radicado en San Luis se dedicó a la construcción y con 21 años creó una empresa constructora. “Gracias a eso empiezo a pintar porque me encantaba diseñar casas y me pasaba horas en el diseño, desde el mobiliario, las cortinas, y demás. Después llegó un punto en el que me faltaba arte para decorar las paredes y ahí me decidí por empezar a pintar”, recordó.

    Una pared de 80 metros de largo por tres de alto fue el desafío en la localidad entrerriana.

    Por eso, si bien su pasión por el arte comenzó en el jardín de infantes, Lange recién decidió volcarse de lleno al mundo cultural a los 40 años. “No tuve una formación artística, siempre insisto en que hay que estudiar, pero si no lo hacés, considero que el arte y la cultura son cosas que pueden ayudar mucho en la vida de cada uno. El día a día no me permitió darme cuenta antes que ésta era mi pasión y hoy no me imagino mi vida sin pintar”, se sinceró.

    En el 2014 hizo su primera muestra, donde vendió más de 100 obras. Al año siguiente, luego del rotundo éxito, encaró la segunda edición, en la cual personas de diferentes partes del mundo adquirieron sus trabajos. En la actualidad, su arte está en más de 50 países, entre ellos, varias ciudades europeas, asiáticas y de América. “Llega a lugares que son increíbles, por ahí estamos en el taller y llega gente de Noruega o Rusia, eso es genial, porque el arte trasciende y traspasa cualquier frontera social, cultural y religiosa”, reconoció Lange.

     

    —¿Sos conciente de la cantidad de obras que pintaste y lo que generas en la gente?

    —Por ahí no caigo, pero me doy cuenta cuando voy a lugares donde hay 4 mil personas esperándome y eso me hace tomar conciencia de lo que hice. He llenado teatros para dar una charla y hablar de arte, eso era impensado 10 años atrás. Eso me impactó.

    Una caja de Pandora

    Las obras de Lange se caracterizan por los colores cálidos (casi no usa ni el negro ni el marrón por ejemplo, salvo en sus obras abstractas) y las diversas figuras que traza con su lápiz en la pared, en las que predominan: los animales —sobre todo los caballos—, las casas; las flores; los corazones; y las montañas, tan características de la región puntana que lo inspiran cada día.

    Sobre la elección de su estilo, Lange explicó que “uso los mismos colores que usaba cuando tenía 5 años y dibujo exactamente igual. Hoy veo mi carpeta del jardín de infantes y es lo mismo que hago ahora. Es un estilo muy simple y sencillo y es por eso que les llega tanto a los chicos”. Además, el artista detalló que su arte se divide en cuatro partes: “Lo figurativo que es lo que hago en las escuelas; lo abstracto que está destinado a clientes especiales u hoteles; la escultura; y el muralismo que me apasiona por los tamaños que uno puede pintar”.

    Sus obras colectivas, de las que participan cientos de personas cada día, hacen que la cotidianeidad de Lange sea una caja de Pandora. “Cada día lo vivo de la mejor manera que puedo, y ese día es distinto al siguiente. El arte me permitió vivir de una forma muy libre que jamás me hubiera imaginado”, concluyó el artista.

     

     

     

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