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    “Soy como una madre”, se defendió la monja que está acusada de tormentos

    La imputada, Luisa Toledo, declaró en la primera jornada, tras el desarrollo de los alegatos de apertura. También una de las víctimas contó cómo fue el calvario que vivió en el convento de Nogoyá.

     

     

    Comenzó este martes 11 de junio en los Tribunales de Gualeguay el debate oral y público de la causa en la que está imputada por privación ilegítima de la libertad y tormentos la religiosa Luisa Toledo, quien fue al momento de los hechos priora del Monasterio de las Carmelitas Descalzas.

    Viene al caso recordar que en agosto de 2016, la revista Análisis denunció una serie de hechos que tuvieron una importante repercusión pública. Se trató de las torturas y la privación ilegítima de la libertad que sucedían en el convento.

    En los alegatos de apertura, el fiscal puso el acento que se está ante delitos graves vinculados con los Derechos Humanos, porque al menos dos víctimas han sido reducidas en su estadía en el convento a la condición de siervas. “Pero no como siervas de Dios, sino de la voluntad caprichosa de la madre superiora”, destacó Jorge Taleb.

    Con respecto a la hipótesis acusatoria, el fiscal destacó en relación a la víctima Silvia Albarenque, que la imputada Toledo en su condición de priora, la privó ilegítimamente de su libertad a partir de 2007 y hasta el 1° de abril de 2013, cuando permitió que la madre de la víctima la retirara de ese lugar.

    “Durante su penosa estadía contra su voluntad en ese convento, Toledo le infringió tratamientos corporales que son calificados como verdaderos tormentos y que se los aplicó contra su voluntad y contra las reglas de la propia orden de las Carmelitas Descalzas. Les aplicó azotes mediante ´disciplinas´ (son una especie de látigo hecho de cáñamo usado para infligir un castigo mediante la autoflagelación, generalmente en la espalda o en las nalgas) o látigos; el uso de cilicios (que son fajas de alambres que se usan apretando partes del cuerpo de la víctima como mortificación), y obligarlas a que permanezca encerrada en las celdas individuales que son los lugares de descanso donde permanecen parte del día”, describió Taleb.

    “Además, la obligaba a usar unas mordazas de madera, con el cual cubría su boca para imponerle el voto de silencio durante días, y en algunos casos el uso de esas mordazas llegaba a durar una semana”, expresó la fiscalía.

     

    Comenzó el juicio a la monja Luisa Esther Toledo

    “Los encierros en las celdas individuales también se prolongaban durante tres o cuatro días y la víctima perdía noción temporal al estar encerrada en ese lugar y solo estaba a pan y agua”, enumeró otra forma de tormento y mortificación.

    “Todo esto provocó un estado de profundo deterioro psicológico en Albarenque, que incluso tuvo en ese lugar intentos de suicidios, llegando azotarse su propia cabeza contra el suelo con la idea de poner fin a su vida”.

    “En relación a Roxana Peña, la otra víctima, se le imputa a Toledo también haberla privado ilegítimamente de la libertad. En este caso, la privación de la libertad sucedió en el año 2015 y 2016, cuando Peña le hizo saber su voluntad de hacer abandono del lugar”.

    “Además, la obligaba realizar distintos oficios en la huerta del Convento, pero le escondía las herramientas y la obligaba a usar sus propias manos. También la vejaba al obligarla a realizar la señal de la cruz sobre el suelo con el uso de su lengua”.

    En tanto, el abogado Miguel Ángel Cullen tuvo a su cargo el alegato de apertura por parte de la defensa técnica de la imputada.

    La ex carmelita Silvia Albarenque fue la primera víctima en declarar. Contó de manera conmovida cómo fue el calvario que vivió en el Convento; las innumerables oportunidades en las que manifestó por escrito y de manera oral que quería irse y que nunca se lo permitieron.

    Además, describió con precisos detalles los padecimientos que le hizo vivir la priora Luisa Toledo y los tormentos. La Fiscalía le exhibió los instrumentos de tormentos y mortificación y reconoció a cada uno de ellos, explicando cómo se utilizaban.

    Las audiencias continuarán mañana y pasado; luego se retomarán los días 14, 18, 19, 25, 27 y 28 de junio.

     

    “No duele nada”

     

    La monja Luisa Toledo declaró ante el Tribunal, y sostuvo que “como priora soy como una madre y como tal estoy pendiente de cada hija y lo que le pase”.

    Luego explicó que “el cilicio se lo coloca cada hermana en su habitación, en privado y llevar un cilicio extra lo debe autorizar la madre superiora, que debe evaluar si tiene o no fiebre” y aclaró que esos tormentos “no lastiman nada. Cada una se la da como quiere”.

    También admitió que en el Convento hay “penitencias. Pero no penitencias de bestias, sino vigilada”. Y aclaró: “El cilicio, la disciplina (una especie de látigo) no duele ni hace nada y después está en cada religiosa hacer silencio. En mi vida no hay penitencias porque tenemos amor”, destacó; para aclarar más adelante: “El cilicio es un alambrecito muy finito que vamos engarzando. Cada hermana se lo coloca en la pierna por media hora. La lectura espiritual también es otro momento que se lo coloca y que dura 40 minutos”.

    La monja Luisa Toledo, junto a su abogado Miguel Cullen, en la audiencia de este martes 11 de junio.

     

     

     

     

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