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Sebastián Cancino, un verdadero campeón de la vida

Sebastián Cancino lleva más de 20 años sin poder caminar debido a una cuadriplejia espástica, pero esta discapacidad no le impidió ser feliz ni alcanzar las distintas metas que se fue proponiendo.

 

Sebastián Cancino vive la vida como si fuese un combate de boxeo. Según sus propias palabras, cada día es un nuevo round que tiene que saber sobrellevar para ganar su pelea personal. Él es un luchador y se siente identificado con los pugilistas que se sacrifican día a día con el objetivo de lograr sus propósitos. Por esto no es de extrañar que sea un acérrimo seguidor del deporte de los puños.

Con 40 años, lleva más de la mitad de su vida sin poder caminar debido a que cuando tenía 19 años le detectaron un lipoma en la médula. Debió someterse a una cirugía y sufrió una infección que le produjo una cuadriplejia espástica.

Sin embargo, para el santafesino radicado en Paraná -al que, curiosamente, lo apodan “cordobés”- esta limitación no fue impedimento para disfrutar de la vida. Con una actitud positiva, ve siempre la parte llena del vaso y busca superarse día a día pese a los obstáculos.

Fanático del legendario Ray Sugar Leonard y admirador de cómo llevó adelante su carrera Sergio Maravilla Martínez, Sebastián se animó a calzarse los guantes y practicar el deporte que tanto le gusta. Así es que lunes, miércoles y viernes se presenta religiosamente en las instalaciones del gimnasio Pro Fighter de la capital entrerriana, donde forma parte del “Team Peligro” que dirige el peleador profesional Wenceslao Mansilla.

 

SU VIDA

Mirador Entre Ríos se acercó al recinto para conocer un poco más de la vida de Cancino, quien dejó un sinfín de enseñanzas y reflexiones dignas de remarcar.

-¿Cómo se dio tu llegada al gimnasio?
-Venía pasando con mi moto por calle Almafuerte y lo vi a Wenceslao en la puerta. Era un mal día para mí, tenía ganas de pelear con alguien y elegí el peor (risas). Desde la calle le reclamé que cuándo iban a hacer una rampa porque yo tenía ganas de entrenarme y, sentado, me respondió que viniera, que no había dramas. ‘Mirá que de verdad voy a venir’, le retruqué y me volvió a contestar que no tenía inconvenientes. A la semana siguiente arranqué. Fue un muy lindo gesto de Wenceslao, porque si bien yo sabía quién era, no nos conocíamos personalmente.

Hace muchos años, cuando aún caminaba, practiqué durante algunos meses pero tuve que dejar porque trabajaba y no me daban los horarios. Siempre fue un sueño volver a un gimnasio porque me apasiona este deporte y veo todo tipo de peleas. Además, mi filosofía es la de un boxeador, con la diferencia que en lugar de enfrentarme contra un rival peleo con la vida, porque cada vez que me levanto a la mañana es el primer campanazo y en el día podes ganar, perder o empatar, pero a la mañana siguiente tenés revancha. El tema es no rendirse, no dejar nada.

-¿Qué tal fue esa primera práctica?
-Fue muy emocionante porque me encantan los olores y ruidos de los gimnasios, y al entrar me pasaron un montón de cosas por la cabeza. Me cansé mucho porque llevaba como tres años sin hacer alguna actividad física desde que dejé natación y al otro día me dolía todo, pero la felicidad era mayor. Siempre voy muy contento y la lluvia es lo único que puede hacer que no asista a entrenar. Además de que me hace bien, estoy muy contento porque Wenceslao es una persona muy generosa, porque él ni me conocía y no tuvo ningún problema en abrirme las puertas. El grupo humano es excelente, siempre se mostraron bien predispuestos.

 

-¿Cuáles ejercicios has podido hacer?
-He trabajado con mancuernas ejercitándome los hombros y el pecho, también he realizado sombra, con o sin peso, y distintos golpes en la bolsa. Con las manoplas he trabajado un poco menos pero lo he hecho también.

-¿Notas un beneficio gracias al deporte?
-Si bien empecé hace poco más de un mes, físicamente me siento más fuerte y con mayor movilidad. Lo que más noto es la fuerza en los brazos, lo cual me sirve mucho para poder pasarme de la silla a la cama. Anímicamente siempre me ayudó el boxeo, porque yo me levanto a luchar todos los días. A veces gano, otras pierdo; pero si pierdo trato de ver qué hice mal para mejorar al otro día y ganar mi pelea. Ahora me propuse bajar de peso, y el boxeo me va a ayudar mucho. Pero para eso sé que tengo que ser constante ya que, por mi condición, todo el esfuerzo que puedo realizar durante meses de entrenamiento lo puedo tirar abajo en menos de un mes de no hacer nada. Después, recuperar lo obtenido cuesta el triple que antes.

 

UNA MIRADA POSITIVA

Además de su incursión en el gimnasio, Sebastián habló de su vida cotidiana y cómo se mentaliza para superar todos los obstáculos que se le presenten. “Cuando estaba en terapia me hacían un ejercicio que era el de tratar de mirar mi problema como si fuese de otro, y a partir de ahí darme un consejo. Yo ahí me di cuenta que tenía dos caminos: disfrutar de la vida en mi condición o caer en un pozo y quejarme todo el tiempo por las cosas que no puedo hacer por mis limitaciones. Si elegía la segunda opción, no sólo que no me iba a querer nadie, sino que me iban a tener lástima, que es lo peor que te puede pasar. Entonces uno tiene que tener una meta cuando se levanta a la mañana, por más mínima que sea. No es fácil y no se logra de un día para otro, pero siento que logré encontrar mis motivaciones. Durante años mi objetivo fue poder controlar las esfínteres y peleé día a día hasta que lo logré”.

Por último, explicó algunas de las dificultades con las que tiene que convivir en Paraná: “la gente es muy solidaria y siempre que puede te da una mano, pero la infraestructura de la ciudad no está preparada, ya que faltan muchísimas rampas que estén bien hechas. Lo mismo pasa con los colectivos. Por ejemplo, los transportes con pisos bajos que van a Santa Fe no salen los fines de semana y uno tiene esta discapacidad todos los días, no de lunes a viernes solamente. También faltan lugares para el esparcimiento como puede ser la práctica de algún deporte, que ayuda muchísimo a ponerse metas diarias”.

 

Con información de Mirador Entre Ríos