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Víctor Rabuffetti: “El rugby me dio la contención que uno necesita”

El paranaense Víctor Rabuffetti se despidió el sábado del referato después de 40 años de actividad ininterrumpida. La Tota, como es conocido en el ámbito, dio cuenta de sus sensaciones al decir adiós.

Gabriel Baldi | coordinacion@eldiario.com.ar

Muchas veces el rol del árbitro, en el deporte que fuere, puede resultar ingrato. Sin embargo, la carrera de Víctor Maximiliano Rabuffetti fue transitada con plena gratitud. Eso, quedó más que claro el sábado, cuando entre aplausos se despidió al término de CRAI-Old Resian, en el cierre del Top 10 del Torneo Regional del Litoral.

Aunque como en todo aspecto de la vida, también tuvo cuestiones no deseadas, con sus cuatro décadas como referee cosechó amigos por todo Sudamérica y llegó a niveles internacionales que cualquiera hubiese anhelado. “Dirigí un mundial de Seven, partidos internacionales de quince y finales de distintos certámenes de clubes y campeonatos argentinos. A excepción del Mundial de Mayores, hice todo lo que quise en cuanto al referato”, confesó.

-¿A qué se debe el retiro en este partido de CRAI-Old Resian?
-Se lo había adelantado al círculo de referees antes de que comience el torneo. Se juntaron muchísimas cosas, se me vinieron muchas cosas de repente y de golpe me sentí que era un dinosaurio dentro de una jauría, que son los referees. Creo que tiene que haber más árbitros que se animen. Además, por un lado me costaba ya entrenarme en invierno y por otro, me dolían como propias las lesiones que por ahí solían darse en distintos jugadores. No tengo hijos, pero siento que varios en este ambiente es como si lo fueran.

-Desde el momento en que te retiraste, no paraste de agradecer…
-Es que me siento muy agradecido a lo largo de mi carrera. A cada uno, siempre le dije lo que lo que hizo por mí. Con los que están y muchos que se fueron. A los 24 años tuve un hecho personal muy fuerte y a los 15 días ya había vuelto a dirigir. Fue una locura. Creo que ningún profesional lo hubiera permitido. Volví en Santa Fe, con un partido entre Universitario y Duendes. Allí, todos, jugadores, entrenadores, dirigentes y espectadores, sabían de lo que venía de atravesar. Y todos entendieron mis errores ese día. Mi vida y el rugby siempre fueron encajando de manera paralela. El rugby me dio la contención que uno necesita.

-¿A qué se debe que no surgieron más referees con potencial internacional en Entre Ríos?
-Creo que simplemente fue porque no siguieron con el envión que llevaban. Para mí el que mayor potencial tenía en los últimos años era Manuel Aybar. Tenía la edad necesaria para sus comienzos. Para mí era el Steve Walsh del país. Tenía conocimiento de juego, inglés, silbato, buen feeling, señas… Lamentablemente pasó por un accidente duro que lo marginó y para arbitrar, hay que hacerlo con gusto y sentirse bien.
En mi caso pensaba retirarme el año pasado, pero estaba lesionado y lo que quería era despedirme dentro de la cancha.

-¿Cómo fueron tus inicios en el arbitraje?
-Había hecho una promesa de que no jugaría al rugby por un año. Entonces, Julio Ledesma, nos invitó a cuatro jugadores a iniciarnos en el referato. Y de los cuatro que comenzamos, solamente yo me enganché y desde ahí no paré más. Y al año siguiente, seguí arbitrando. La promesa era no jugar, nunca dije nada de no arbitrar. Así fue como empecé.
Dirigí del 79’ al 83’. Ahí volví a jugar al rugby y hacía las dos actividades paralelas, jugar y arbitrar. El primer partido que dirigí fue en Plaza Jewell (Atlético del Rosario), a divisiones infantiles. Recuerdo que fue el preliminar de un partido internacional, aunque no me acuerdo cuál. Y el segundo partido que arbitré fue en Paraná, en la cancha que había en la Escuela Hogar.
En mis inicios era jugador, no referee. Dirigía como un jugador más. Era un jugador que tomaba el silbato. Con los años me hice referee. Conocía el reglamento, porque siempre me gustó.

-¿En la actualidad, cuenta la UER con árbitros con proyección?
-Hay tres chicos jóvenes que apuntan alto: Juan Ignacio Ballesteros, Luciano Gallino y Emilio Duarte. De los tres, lo noto a Juani muy enchufado y el enfoque mental es clave. A él le gusta el referato, lo siente y se apasiona. Siempre anda preocupado por crecer, aprender y mejorar.

-¿A futuro, tu rol será el de TMO?
-Me gusta mucho, pero como TMO debo aprender bastante. El sábado en CRAI, lo primero que me dijeron al retirarme fue ‘ahora que te despediste ya serás solamente TMO’.

Textuales

FALTA DE POLÍTICA CLARA

“Nunca hubo una clara política de referees. En su momento, estábamos arriba Pablo Deluca, Santiago Borsani y yo. Sin embargo, nunca nos defendieron como debían, por la falta de una defensa clara de los referees”

EL JUGADOR CONOCE EL REGLAMENTO

“El jugador de ahora conoce el reglamento más que antes. Viene de hecho con más información que antes. Pero el ‘problema’ es que el rugbier es muy pasional, por eso muchas veces se discute tanto”

SU SOBRENOMBRE, TOTA

“Me dicen ‘Tota’ porque cuando era chico, en el cumpleaños de un amigo, su mamá, me mandó a decirles a los invitados que estaba lista la torta y yo, que no pronunciaba las erres, les dije ‘está la tofta’, así que en realidad, mi apodo sería ‘Tofta’”

ESTUVIERON AHÍ

“El sábado fue un momento muy emotivo y muchas personas me acompañaron. Incluso, los que aún físicamente no están, yo sentí que estuvieron en el partido conmigo. Ellos fueron Jorge Caíno y Darío Di Giacinti”

ESCASEZ DE REFEREES

“En Entre Ríos estamos complicados. Cuesta aumentar la cantidad. No le encontramos la vuelta. En todas las Uniones están iguales. Hay que defender más al referee como ‘institución’. Y si comete errores, se lo baja como sanción y luego de lo vuelve a subir. Pero asimismo, cuando como referees elaboramos un informe por algún acto de indisciplina, todo queda en la nada”

Foto: gentileza Franco Perego