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jueves, octubre 6, 2022
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    Un espacio verde que está a la deriva

    En División de los Andes y las vías del ferrocarril, en la parcela suroeste del cruce, han tenido a bien ganarle un espacio a las malezas para conformar una plazoleta, cuyo problema mayor no es la falta de nombre sino las condiciones en las que se encuentra.

     

    La decisión de abrir ese terreno es acertada porque, se sabe, las inmediaciones a las instalaciones ferroviarias suelen ser terreno fértil para yuyales. Por el lugar, a falta de veredas, para pasar los vecinos deben internarse en la carpeta asfáltica, con los riesgos imaginables.

    Además, en el cuadrante noreste del cruce, hay un apeadero por lo que es de imaginar que, de cuando en cuando, algún viajero se encuentra en la disyuntiva de pasar por ese empalme. Naturalmente, es mucho mejor si el pasto está corto.

    En la plazoleta en cuestión, la infraestructura instalada no ha sido generosa, precisamente: ante un telón de fondo de desarrollados tártagos, que buscan altura y volumen unos metros más allá, se ha formado una especie de círculo con bancos de hormigón y madera, uno de los cuales ha caído hacia delante, de bruces, como si hubiera recibido un golpe de knockout.

    Todo allí, vegetación y asientos, está dispuesto hacia un punto central, equidistante: pero en el medio no hay nada, salvo la gramilla mantenida corta sobre una base absolutamente irregular que se reconoce apenas se camina por el lugar.

    No hay luces artificiales, por lo que uno imagina que de noche se debe ver poco y nada, salvo por el fugaz reflejo de algún auto que pase raudo hacia Maciá o Crisólogo Larralde.

    A los vecinos, de todos modos, no parece molestarles tanto la plazoleta desflecada, triste, desaprovechada, como la circulación de las aguas pluviales.

    Es que, como se sabe, las vías están desplegadas a una cota respetable y, entonces, el paso a nivel opera orientando los flujos hacia el norte y el sur, lo que genera una forma de escurrimiento aluvional.

    Hay pequeños cursos de agua (arroyos, les dicen los consultados) en las cercanías pero a veces los obstruyen por ejemplo con camionadas de tierra y escombros.

    “En días de lluvia, el agua agarra por donde puede, la calle es como un piletón por donde además debemos pasar nosotros porque en muchos lados no hay vereda”, exponen.

    En fin, son algunas de las cuestiones que es preciso apuntar con la idea de que encuentren una solución propicia, en el más breve plazo posible.

     

    Un sector baldío, convertido a medias en plazoleta. Foto Sergio Ruiz

     

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