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Historias que inspiran: El Flaco Vigiano: convicción, vocación y esfuerzo

Tenés que conocer al mejor baterista de Paraná, me dijeron. Y lo hice; conocí al flaco Vigiano.

Detrás de esa cara simpática, su trato amable y sus ganas de transmitir música existe una historia maravillosa que se las quiero compartir.

 

Carolina Oertel

 

Desde muy pequeño tenía una fuerte atracción por los sonidos metálicos, le sacaba unos martillos a su abuelo y con unos fierros más golpeaba chapas, tapas, cajas, cubiertas, pasaba largo tiempo experimentando los sonidos, los internalizaba. Podía estar horas escuchando, golpeando, jugando y en realidad aprendiendo sin saber.

Su atracción por la batería era tan grande que le resultaba extraño; en su familia todos eran zapateros de generaciones y su mamá costurera, eso aún le despertaba más curiosidad, tenía que descubrir de dónde venía esa pasión.

Un día, charlando con su mamá, ella le dijo que mientras estaba embarazada de él escuchaba música y cantaba permanentemente mientras cosía, tal vez esas melodías y el ritmo constante que produce el sonido de la máquina de coser, desde el vientre, generó un amoroso compás. Probablemente haya sucedido de esa manera.

Con cajas de cartón armó su primera batería, sus deseos eran tan grandes de tener una real que durante dos largos años trabajó para poder comprársela. Desde los 13 a los 15 años trabajó en el taller de calzado de su padre. Anotaba todo en un cuadernito, iba llevando el control de lo que debería ir cobrando. Cierto día cuando la suma era considerable le dijo a su papá.

–Esto es todo lo que me debés, deberíamos comprar la batería.

Entonces, fueron a Santa Fe a una casa de instrumentos musicales. La vidriera tenía unas baterías hermosas.

Y el papá le pregunta:

–¿Cuál te gusta?

José, por supuesto, señaló la más grande y completa.

–¿Y esta de acá?, le señalaba una simple, que estaba en un extremo de la vitrina.

–No, esa no– exclamó él.

–¿Estás seguro que no te gusta? insistió su padre–Porque ya es tuya, ya la señé.

–¿En serio?– exclamó él–. Sí, ¡me encanta!

Ese día, el Flaco se compró su primera batería. Era sencilla, usada, y sólo tenía tres cuerpos, bombo, tambor y un tontón, no tenía los patillos, parte que era fundamental, pero era de él. Tuvo que trabajar cuatro meses más para terminar de pagarla, ya que su papá le dijo que aún restaba un saldo. Después de cumplir con ese plazo, nunca más volvió a la zapatería.

 

EL DESEO DE APRENDER

 

Cuenta Vigiano que varias cosas marcaron su historia, como por ejemplo cuando iba a la Escuela de Música a estudiar piano.

“En esa época, si no tenías doble apellido no eras nadie. En una oportunidad, una profesora me preguntó el mío, y le dije ‘Vigiano’, a lo que me contestó:

–Vigiano, ¿de los zapateros?

–Sí– contestó José Luis.

–Ah no querido, esto no es para vos, no vas a llegar lejos, no vengas más.

Pero nada lo detuvo: su deseo de aprender era muy fuerte. A los 15 años empezó a estudiar con un profesor que le habían recomendado llamado Motura, le dijeron que era el mejor. También le comentaron que el sujeto era un personaje, y que muchos decían que estaba realmente loco pero que nadie sabía tanto como él.

Cuando le pasan la dirección, para sorpresa del Flaco era la misma casa donde años antes había vivido.

Después de charlar un rato con Motura, le dice al Flaco:

–Se nota que tenés muchas ganas de aprender. Yo no le doy clases a nadie, pero a vos te voy a dar y no te voy a cobrar.

Motura le enseñó a leer partituras, otras las escribía él mismo. A veces estaban tres horas tocando, estudiando, perfeccionando. Realmente era un gran profesor, exigente y bohemio.

–A veces se rayaba, y me echaba, una vez me dijo que no llegaría lejos porque no tenía la altura que un baterista tenía que tener y que mis manos eran muy grandes. Pero yo seguía yendo lo mismo. En otra oportunidad fui dos jueves seguidos y el no estaba, así que fui otro día y lo encontré. Me preguntó que hacia ahí y le contesté vengo a aprender. No se iba a librar tan fácil de mí. Yo quería tocar.

Como su batería era de tres cuerpos solamente, todas las mañanas a las siete iba a casa de un amigo que le dejaba preparado su platillo, él iba, lo buscaba para ensayar y al mediodía se lo devolvía.

 

DECISIÓN

 

A los 16 años llegó el momento de tomar una decisión, en un momento había pensado ser arquitecto pero la música podía más que cualquier otro título o jerarquía. Entonces se incorporó a la banda militar del Ejército. Se postularon cuatro; el único que sabía leer partitura era él. Quedó rápidamente seleccionado.

Comenzó a cobrar un sueldo, que le permitió comprarse otra batería, y varias cosas más. Después de estar aproximadamente cuatro años pidió la baja y se fue a vivir otras experiencias a Buenos Aires. Durante siete años vivió ahí, y siempre, sobre todo, elegía la música. Tuvo que conseguirse trabajos para poder sobrevivir, pero si surgía un concierto la música era prioridad, tal es así que los abandonaba para ir a tocar.

Tocó con Horacio López, un renombrado baterista, creador de un método de tres golpes, batero del Negro Rada y de la Alfombra Mágica, entre otros. Y con Juan Carlos Licardi, otro reconocido baterista.

Acumuló todo ese aprendizaje y esa experiencia y volvió a compartirlo en su ciudad.

Durante diez años tocó en la Banda de la Policía.

Rindió entre varios postulantes y quedó efectivo en la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, en la que actualmente continúa.

Fue el baterista de la orquesta número uno de la colectividad judía.

Tiene varias bandas conocidas; Big Bang, Santa Fe Jazz Ensamble, El Quinto, Latin Jazz.

 

Anécdotas

 

Entre las anécdotas, José Luis Vigiano recuerda cuando llenando una vez un formulario escolar le pregunta la secretaria:

–¿Profesión?

–Músico.

–No, ¿qué profesión tiene? ¿A qué se dedica?

–Soy músico, esa es mi profesión y mi vocación.

La mujer no entendía que ser músico es una gran profesión, que requiere de estudio de sacrificio y de constancia.

Luego, cuando supo que estaba delante de un gran músico, entendió y se disculpó.

Hay que ser muy valiente para llevar tus convicciones y tus sueños hasta el final, sin escuchar los prejuicios y opiniones de los demás.

El Flaco Vigiano perseveró. Y acá contamos una breve parte de su historia; él debería escribir un libro e inspirar a muchos a seguir sus sueños siempre.

Cuando vayas a un recital o a escuchar a la Orquesta Sinfónica, vas a poder ver las cosas desde otra perspectiva. Cuando veas y escuches al Flaco Vigiano tocar, sabrás una parte de lo que se esforzó para llegar a donde está, y para que los que saben de música digan: “Tenés que conocer al mejor baterista de Paraná”.

 

Historias que inspiran: Las vueltas de la vida

 

El Flaco Vigiano, músico, de profesión. Foto Gustavo Cabral.