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Puerto Sánchez, todo aquello que el río generosamente da

Para la inmensa mayoría, Puerto Sánchez es un paraje donde el río generoso comparte una amistad de sauce y charla sin urgencias; un pedazo de isla en la ciudad que se resiste a perder ciertos rasgos de su identidad; un lugar sensacional para comer pescado fresco, recién sacado del río por los propios vecinos, elaborado y eventualmente servido por los propios frentistas.

 

REDACCION EL DIARIO / coordinacion@eldiario.com.ar

 

Puerto Sánchez, es un lugar de sueños y sacrificios, sin duda. De frustraciones y postergaciones, también, que suelen quedar disimuladas ante la mirada autoretratante del turista, el encuadre telúrico del fotógrafo o la acuarela desprovista de matices del cronista apurado.
Por cierto, en primera instancia es una galería de casitas recostadas sobre la barranca, que gana en precariedad apenas quien la recorra se aleja del Thompson y se acerca al Puerto Nuevo.

 

Frente al río se han dispuestos comedores donde se puede saborear una variada carta de platos a base de pescados. Fotos: Sergio Ruiz.

 

Son construcciones generalmente de ladrillo y mezcla, muchas veces ampliadas de manera poco convencional. Hacia el Paraná, se convierte en una angosta planicie que la defiende de las crecientes y permite la circulación vehicular y peatonal.

Luego de una breve barranca, atadas a árboles o a pilotes de quinchos, esperan su turno las modestísimas canoas meciéndose al capricho de su suerte pobre. Esos navíos debiluchos son parte esencial de la infraestructura productiva básica de una economía que también reconoce como actores al acopiador, a los que venden el pescado, a los que lo preparan y a los dueños de peñas o comedores, aunque a veces en una misma persona pueda concurrir más de un rasgo.

Pero, visto con otra profundidad, ese morro -que tiene como base la Calle del Pescador y como terraza a Paul Harris (en honor al fundador del Rotary International), con su curva y contracurva en busca de los orígenes de Avenida Ramírez, es un circuito endiablado de senderos, caminitos en distinta pendiente, escaleritas que se abren destino entre un cañaveral abundante pero fundamental para la estabilidad del suelo y que llevan, irremediablemente, a alguna escondida casa.

 

PARA TRASCENDER

Es cierto que la “Canción a Puerto Sánchez”, que Jorge Méndez centrara sabiamente más en el don de gente y la sencillez de los habitantes que en el paisaje, le dio una trascendencia notable a este rincón de la ciudad. Pero, debe reconocerse que una atmósfera especial rodea este espacio: los sonidos de la costa, la vegetación y las aves ribereñas, la barranca que la aísla del ajetreo urbano, la sombra siempre fresca a cualquier hora del verano y la mirada que se pierde en un horizonte inmenso de agua, se enhebran -cada tanto- con frentistas dispuestos a conversar, a bromear, a recordar, a discutir sin pelear ni necesidad de ganar siempre.

 

La comercialización de pescado se ha incrementado con los años en esta zona de la costa.

Esta habilidad conversadora se hace evidente sobre todo entre los mayores, hay otra noción del tiempo: se anda menos a las apuradas, se disfruta más del momento; al día lo organiza el paso del sol, las ganas de comer o el repentino cansancio y no tanto el reloj. En fin, vaya a saber si es el pescado, su transformación en alimento o el entorno humano y natural el que hace saber distinto las postas o empanadas.

De todos modos, no hay marcas adecuadas ni de Méndez ni del Polo Martínez (poeta de fina sensibilidad) ni de Linares Cardozo que recibió allí la inspiración para “Canción de cuna costera”. Ciertamente, no luce visibilizada la cultura del pescador ni la vida propia de la isla.

 

UNIDAD Y DIVERSIDAD

No hay una iluminación característica por las noches y muchas veces tampoco hay puntualidad en el recambio de luminarias quemadas. El arbolado -lo que incluye una periódica poda de formación- no es parte de un desarrollo integral, lo que se advierte en la sobreabundancia de unas pocas especies. En general, cada frentista hace lo que puede o lo que le parece conveniente.

El ingreso y egreso con vehículos es todo un tema. Para llegar hay que rodear el Thompson porque la Calle del Pescador tiene entrada pero no salida: el vínculo con el Puerto Nuevo, en el extremo oeste, es una escalera. Así las cosas, incorporar esta arteria a un circuito vial es vital para turistas; y también para ambulancias.

Tampoco hay miradores con comodidades mínimas para deleitarse con la naturaleza porque, en realidad, de fondo, tampoco se advierte la presencia de una política definida de parte de la ciudad, que respete tanto la idiosincrasia y la necesidad de que los lugareños se provean de los medios necesarios para la supervivencia como el derecho efectivo y universal de acceder sin barreras al río,

 

Una de las tantas inundaciones dejó enseñanzas y un grupo de casas se re construyó sobre pilares.

 

Por cierto, no hay cloacas -pese a que muy cerca se cuenta con red- por lo que la infraestructura de servicios a los comensales dista de ser la ideal y, muchas veces, terminan usando los sanitarios de las casas familiares.

Puerto Sánchez tiene lo fundamental: entorno natural fabuloso, gente amable y emprendedora y un toque por cierto especial para el pescado. Al resto lo puede hacer un programa de urbanización característica, que mantenga el carácter agreste de la zona, que fortalezca la identidad de conjunto del sector, que potencie los servicios que se ofrecen a visitantes y comensales y que, sobre todo, mejore la calidad de vida de los residentes.