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Historias que inspiran: Rubén y Natalia

Espero que esta sea una historia que realmente inspire, porque aún está inconclusa y la verdad es que duele, enoja y genera impotencia. Pero tal vez, si unimos fuerzas, creatividad, contactos y todas aquellas cosas que aportan un cambio positivo, ¡lo logremos!

 

Colaboración | Carolina Oertel

 

Rubén vive en el barrio San Agustín, tiene 56 años. No tiene absolutamente nada en cuanto a bienes materiales. Su situación es de extrema vulnerabilidad.

Apenas me enteré, pasé a formar parte de un grupo que lo ayuda ahora no puedo hacer más que involucrarme. Todos somos responsables por acción o por omisión.

Del pasado de Rubén mucho no se sabe, a él no le gusta hablar de eso, lo que tenemos es lo que se ve hoy; quien haya sido, poco importa. Tal vez lo que él necesita sea amigarse con la raza humana y experimentar un poco de compasión. Gracias a Natalia y otras bellas personas, él comenzó a probar esa sanadora medicina.

Aunque aún resta mucho por hacer.

Natalia conoció a Rubén el año pasado, el es conocido como el personaje del barrio san Agustín, las personas ya lo tienen naturalizado así. En el mes de diciembre Natalia había hecho una exposición en Defensoría de Tribunales, por su situación de calle.

 

AYUDAS

Un día, a las 7 de la mañana, Natalia lo encontró revolviendo el contenedor de basura; se acercó y le preguntó si tenía hambre. Él le contestó que no, que tenía sed, y olor a caballo y se quería bañar y cambiar de ropa.

–Bueno, le contestó Natalia, pensando que se trataba de una tarea fácil.

Fue hasta la parroquia del barrio, pero no tenían ducha; preguntó en Emaus, pero estaban de receso; consultó en un jardín, el encargado le contestó de malas maneras. Lo único que encontraba por todos lados era la palabra “NO”. Llamó entonces al 911, no tenían demasiada información, le pasaron dos números de teléfono que nadie contestó. Y así continuaba Natalia cada vez más abatida.

Consultó a instituciones, medios de comunicación, y lo único que sucedía es que los “NO” aumentaban.

Hasta que una amiga le pasó el contacto de Gastón, un enfermero que se ofreció desinteresadamente a ayudar en la tarea de bañar a Rubén; dijo que lo haría de corazón.

Una señora, peluquera del barrio, se ofreció a cortarle el pelo.

Natalia y su mamá fueron a buscarlo en el auto; al principio él se demostró reticente, tenía miedo por cómo sería tratado y al lugar donde lo llevarían.

De apoco se fue soltando y se sintió más cómodo. Comió unos fideos al pesto que amorosamente le prepararon. Ese día quedó feliz.

 

ESPERAR

Desde entonces, Natalia se ocupa de él hasta donde puede. Fue al centro de salud, fue muy bien recibida por la directora, las asistentes sociales le explicaron que no existen políticas de estado que asistan a las personas en situación de calle, y que los refugios piden un montón de requisitos, solamente para bañarse, comer y dormir, y el no cumple con esos requisitos.

Además de eso necesita asistencia médica, necesita contención y apoyo.

Cuando llueve torrencialmente Rubén se empapa de pies a cabeza, lo único que le resta es esperar que pare de llover y salga el sol, si las temperaturas son extremas no le queda otra opción que esperar. Esperar por los cambios de las inclemencias climáticas, esperar para bañarse, para comer, para dormir, para que lo asistan, para que se solidaricen, o esperar la muerte en esa situación extrema.

Maldita e interminable espera.

Generalmente, Rubén dice que no tiene hambre, porque no quiere demostrarse pretencioso, pero tiene un sentido del hogar, a pesar de que vive en una situación deplorable. Barre el lugarcito de tierra donde duerme y ahora lo hace con un colchón que le regalaron; acomoda todos los días sus pequeñas pertenencias. Cerca de las fiestas decoró un pequeñito arbusto con borlas rojas y se sentía contento con su pequeño arbolito navideño.

El arreglo navideño que hizo Rubén.

Manifiesta que le gustaría tener un trabajo, para poder darse algún gusto, pero su estado físico lo limita, porque está frágil y entumecido.

Esta historia esta inclusa. Deseo con todas mis fuerzas volver a escribir sobre su final feliz y que todos los que la leímos formemos parte de una ayuda.

¡Ayudemos a Rubén! Démosle voz a quien no la tiene y hagamos visible a quien no lo es.

Continuará…

 

 

 

 

 

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