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    Pensar las identidades desde las redes sociales

    La exhibición que logran las redes sociales no son un fenómeno completamente nuevo. Un siglo atrás en los diarios, como ahora en las pantallas, se publicaban fotografías cuya función era la de exponerse ante la mirada de los otros.

     

     

    Emiliano Grünewald

    Especial para EL DIARIO

    ¿Qué son las redes sociales? ¿Qué trajeron de nuevo al siglo XXI? Podemos pensar en la relación entre las publicaciones de lo íntimo en los periódicos de ayer y en las historias de Instagram de hoy. A través de un trabajo realizado para La ciudad revelada, abordamos estos interrogantes a partir de la historia de una estudiante de la Escuela Técnica del Hogar, espacio donde actualmente se encuentra la Escuela Enrique Carbó.

    En una sociedad en la que la imagen generada tiene tanto valor, es válido preguntarse qué hay de real en lo que se ve, y qué relación hay entre la identidad y la visualidad.

    En este contexto, se puede considerar a las redes sociales como espacios para la construcción de la identidad. Como una especie de diario personal, a veces íntimo; o como lo denomina la antropóloga Paula Sibilia: un diario éxtimo.

    Para hacernos una mejor idea, pensemos en las veces en que hemos publicado en Instagram en qué lugar geográfico nos encontramos, qué comimos, con quiénes nos reunimos, cómo lucíamos, cómo nos sentíamos, qué estado de ánimo teníamos, y hasta nuestras aspiraciones más inmediatas y las más profundas. Todas esas actividades pueden condensarse en la noción de extimidad, en tanto acciones que tienden a construir la identidad a partir de lo que se publica en las redes sociales. Es como poner el cuerpo ante vidrieras globales, pero también se trata, en buena medida, de exhibir con desenfado las vulnerabilidades y de compartir sin límites los secretos.

    Esas imágenes, los comentarios, las interacciones, los memes, que se generan permanentemente, construyen un espacio compartido y a la vez nos constituyen como sujetos. La invasión de la comunicación virtual en la vida cotidiana justifica que nos preguntemos por la función que desempeña y el uso que las personas hacen de ella.

    La visibilización a través de las redes sociales puede ser entendida como una forma de construir identidad. FOTO: Juliana Faggi.

    ¿A favor o en contra?

    La convivencia con las redes sociales trae por lo menos dos posturas: por un lado, los tecnofóbicos que ven en las nuevas tecnologías todos los males. Por el otro, los tecnofílicos, que aman estos espacios o herramientas y ven en lo tecnológico la esperanza de un mundo mejor. ¿Qué posibilidades hay más allá de estas polarizaciones?

    Algunos piensan que es novedad esta exaltación de lo nimio de la vida cotidiana que se reproduce en las redes, pero lo cierto es que estas prácticas ya se encontraban en el pasado, antes del advenimiento de la cultura digital.

    Tal como nos han contado nuestros abuelos, un número ceñido de personas también se exhibía en público aprovechando los dispositivos tecnológicos de la época. En efecto, eran formas de exposición social que capitalizaban ciertas circunstancias como un evento. Cambiaba el soporte físico (el diario papel), pero la intención de quien publicaba no era diferente a la que luego masificaron las redes sociales.

    En el marco del laboratorio participativo sobre patrimonio cultural denominado La ciudad revelada, se analizó una fotografía publicada el 30 de noviembre de 1913. La imagen correspondía a una estudiante de la Escuela Técnica del Hogar, Antonia Hauscarriaga, que lucía un vestido confeccionado por ella misma, algo que era habitual en esa época.

    El proyecto de Extensión La ciudad revelada, fue llevado adelante por un equipo de la Facultad de Ciencias de la Educación y el Museo Histórico Martiniano Leguizamón. La iniciativa consistió en recuperar fragmentos de la realidad, vestigios que nos lleven hacia acciones y discursos soterrados para poder poner en juego aquello que sucedió. La idea era que esos rescates nos permitieran hacer legibles la densidad histórica de la ciudad.

    Como sabemos, la fotografía marca que algo pasó, marca un tiempo y un espacio, nos habilita una nueva lectura de lo urbano y su relación con la historicidad. Desde esta perspectiva, a través de las imágenes podemos indagar algo acerca de nuestra identidad.

    Concretamente, al ver la foto que retrata a Antonia Hauscarriaga nos encontramos con la señorita posando desestructurada, en una fotografía de estudio, ¿retrata la realidad o era una puesta en escena? ¿Cuál era la figura corporal que aparecía modelando en los periódicos de la época? ¿Qué clase social asistía a esa escuela? ¿Qué era lo que se pretendía de aquella mujer en ese período histórico?

    Vale aclarar que en la sección Día Social del diario La Acción también se publicaban poemas de Pedro Bonifacio Palacios o Sor Juana Inés de la Cruz, entre otros. A veces se publicaba la fotografía de una mujer, acompañada de descripciones y explicaciones de la razón de ser de la nota. En otros casos, no había relación entre la foto y algún otro elemento de la página.

    El sociólogo francés Ronald Barthes, en su texto La cámara lúcida, nos dice acerca de la fotografía que “la vivo con angustia de una filiación incierta: una imagen -mi imagen- va a nacer: ¿me parirán como un individuo antipático o como un buen tipo?”. Podemos pensar en cuándo nos sentimos cómodos siendo fotografiados y cuándo no, cuándo sentimos que está bien o mal sacar una foto pidiendo permiso al otro. Si al ser fotografiado, me convierto en un espectro y en un elemento para el control de una sociedad vigilante, por un lado, la identidad en el cómo me muestro, por el otro, qué han de hacer con mi ser, con mis datos.

    Más allá de la recopilación de datos o el espectáculo de mostrarse, hay un sentido de comunidad y disfrute, no habría que quedarse en los extremos de la discusión, sino seguir pensando acerca de nuestro modo de ser y estar en el mundo. ¿De qué manera se configuran nuestros cuerpos y subjetividades con las redes sociales? ¿Qué lugares habilita la fotografía para las denuncias, lo periodístico y lo político?

    En la sección Día Social del diario La Acción se incluían contenidos diversos. FOTO: Archivo General de la provincia de Entre Ríos.

    Contar la historia

    Una de las maneras de analizar la fotografía es abordar su genealogía. A través de las imágenes fotográficas, sus elementos, su composición, su materialidad, podemos revelar algo acerca de lo dicho y lo no dicho de una época determinada. Un fragmento de la historia, como lo puede ser una foto, es una parte que nos permite ver una totalidad. Las imágenes fotográficas no sólo son producto de la historia sino productoras de un sentido.

    Así, las fotos subidas a Instagram, Facebook y otras aplicaciones no sólo son producto de esta época. También construyen un sentido que nos constituye e identifica.

    Para analizar la imagen construida de la señorita Hauscarriaga se observaron fotos de La Acción, en el Archivo General de la provincia de Entre Ríos. Era notoria la irregularidad en cuanto a la publicación de las fotos en la sección del diario: no salían todos los días, en ocasiones aparecía más de una en una sola publicación y en otras solo una o ninguna. Esto se debe en parte a las dificultades técnicas para utilizar este recurso en la prensa y el costo de la fotografía en ese momento.

    Los diferentes dispositivos en los que se construye el sentido tienen su historia. Esa historicidad nos permite problematizar nuestras acciones e instituciones. Pensar desde esos lugares puede permitirnos saber algo más acerca de esos medios, de nuestros diferentes modos de habilitar espacios para el intercambio, de generar códigos comunes que nos identifiquen, y lugares en donde poner en juego nuestros cuerpos/pensamientos/emociones dentro de nuestra comunidad.

    En la foto, la estudiante Hauscarriaga muestra el vestido que ella misma confeccionó. FOTO: Archivo General de la provincia de Entre Ríos.

    Pensar el ayer

    “Mirando la ciudad” es una acción de extensión realizada por estudiantes y docentes de la Licenciatura en Comunicación Social y la Tecnicatura en Gestión Cultural de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER, y profesionales de EL DIARIO. Se trata de un espacio de encuentro entre instituciones y de aprendizajes para quienes la conformamos. La propuesta es historizar la cultura local a partir de inquietudes del presente.

    Para ello se realizarán publicaciones mensuales con eje en la cultura y en la educación, focalizando en el trabajo con imágenes fotográficas pertenecientes al archivo de la Fototeca del Museo Histórico de Entre Ríos Martiniano Leguizamón. Se espera así incentivar la participación de la comunidad paranaense en la construcción y significación del patrimonio colectivo a través de usos y apropiaciones que reflexionen sobre la dimensión problemática de la cuestión patrimonial y su vínculo con la construcción de las identidades locales.

    La invitación es sencilla: volver a mirar cada detalle que nos rodea, porque en el trajín cotidiano no nos damos el tiempo para observar, para pensar cómo estamos contribuyendo -o no- a ciertos modos de hacer ciudad, de imaginarla, a través de nuestras propias prácticas. Pero también, porque es importante saber cómo ha sido pensada, habitada y construida por las generaciones que nos antecedieron.

     

     

     

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