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viernes, enero 27, 2023
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    “Hay que humanizar la medicina”

    Jorge Solana Silveira es un reconocido neurólogo de la región. Nacido en Montevideo, hace más de 40 años está radicado en Paraná. A su consultorio llegan chicos y grandes, que encuentran un médico dispuesto a escucharlos para ayudarlos, como paso previo para tratar las dolencias. 

    Gabriela Gómez del Río / [email protected]

    Jorge Solana Silveira se graduó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. La especialización en Neurología la realizó en Uruguay en 1983, donde se formó con profesionales de primer nivel de distintas ramas de la medicina, que nutrieron las bases para dilucidar qué sucede en el sistema nervioso y cómo impactan en él otras enfermedades. Cuenta con una vasta experiencia y actualmente, le llama la atención la cantidad de casos que se presentan por vértigo, los tumores que se hallan tanto en niños y en adultos, los trastornos del lenguaje y las conductas autistas en los más chicos. “Me pregunto qué cambió en nuestro medioambiente, cómo está la contaminación y qué comemos”, dijo en diálogo con BIEN!

    –¿Por qué eligió medicina y por qué neurología?

    –Me acuerdo de estar en primer grado, y cuando la maestra preguntaba qué pensábamos ser, yo dije ‘médico’. No había médicos en mi familia, mi padre era arquitecto. Esa fue la primera vez que yo pensé en la medicina. Después entré a la facultad con la idea de ser ginecoobstetra, pero cuando cursé Neurología me fascinó y me vengo dedicando a eso desde siempre. 

    –¿Por qué motivos y cuándo llegó a Paraná? 

    –Llegué el 29 de mayo de 1981, con 29 años, recibido. Empecé en Montevideo, en la Facultad de Medicina pero clausuraron la universidad con el golpe de Estado (1973) por tiempo indeterminado. Yo quería estudiar y llegué a la UBA, empecé en el 74 el tercer año. Mi vieja me mantenía con 100 dólares por mes y vivía en Buenos Aires en un departamento, para todo eso daba la plata. Me recibí con la idea de volver a Uruguay, donde hice el posgrado universitario, en la Escuela de Graduados de la Facultad de Medicina, que es un curso intensivo de ateneos, monografía, presentación de casos, etc.

    Solana Silveira:
    “El envejecimiento cerebral se puede prevenir con una vida saludable, social y nuevos desafíos”. Fotos: Juliana Faggi.

    –Pero no se quedó en Uruguay…

    –En Uruguay trabajar no es fácil. Todo el mundo dice: ‘Uruguay, país maravilloso’. Allá la medicina es cerrada, vos podés ser un suplente de un titular, trabajás cuando el otro está de vacaciones. Así que el último verano que pasé en Uruguay trabajé en el Banco de la República, donde mi abuelo había sido un prestigioso gerente general, en el consultorio laboral. Junté la plata y me volví a Buenos Aires. En un congreso me encontré con Adriana Bevacqua, –exsecretaria de salud de la provincia–, con quien habíamos sido compañeros en la facultad y me convocó para trabajar acá. Así fue que vine y me quedé.

    Con niños y adultos

    A su consultorio llegan chicos y grandes. “Siempre trabajé con adultos, pero después incorporé los niños porque no había un neurólogo infantil. Hacía tareas fundamentalmente, en el Hospital de Niños, donde trabajé 30 años”, indicó Solana Silveira. 

    –¿Qué cuestiones llevan a la mayoría de los pacientes al consultorio? 

    –Es un espectro muy amplio, pero en adultos mayores el leitmotiv de la consulta son los trastornos de memoria. Lo que hacemos es una valoración general, una imagen y lo sometemos a una evaluación neurocognitiva para saber la intensidad del olvido, cómo impacta lo vivido, cómo lo vamos a interpretar y cómo lo vamos a abordar, desde dónde arrancamos y hacia dónde vamos. Por supuesto que la estrella de la memoria es la enfermedad de Alzheimer, pero no todo olvido es Alzheimer. Pueden ser olvidos por una depresión o por cualquier otro motivo. Los adultos mayores están siempre en un rango de un deterioro cognitivo leve, asociado a la edad que también seguimos, porque a veces con los años pueden caer en el Alzheimer. 

    –¿Qué tipos de casos le llaman la atención en la actualidad?

    –Me llama poderosísimamente la atención, la cantidad de niños con retardo en el desarrollo de su lenguaje y las conductas autistas. Esto era algo que hace más de 20 años, uno veía como un caso excepcional, y hoy en cada lugar que atiendo cada día vienen dos, tres o cuatro niños. Algunos llegan temprano al consultorio, a los cuatro o cinco años sin haber desarrollado el lenguaje, lo cual lo inhabilita en lo comunicacional y en todo lo que tiene que ver con su aprendizaje.

    “Me llama la atención, la cantidad de niños con retardo en el desarrollo de su lenguaje y las conductas autistas”, dijo Solana Silveira a Bien!

    Además, el vértigo ya sea en niños, adolescentes, adultos jóvenes o mayores. Es una cosa que hace veintipico de años atrás tratábamos en dos días y se iba; y hoy en día a veces pasan meses para que se vaya el síntoma con todos los males. 

    –¿A qué le atribuye esta situación?

    –A veces pienso qué cambió en nuestro medioambiente, qué comemos, la contaminación de ondas de wifi, de celulares, satélites, antenas, todo lo que sucede en nuestro medioambiente. Y en realidad, cuando salieron los primeros celulares recomendaban no acercar el aparato a los niños, a los bebés por riesgo de aumento de tumores cerebrales. Después no se habló más de eso. No hay ningún trabajo de cómo esta contaminación está impactando en la salud humana. Y para mí, eso tiene algo que ver con estos grandes cambios que estoy viendo en los cuerpos de los pacientes. También hay más tumores de glándulas salivales, del neurinoma del acústico y meningiomas, que son benignos y eran excepcionales. Ahora uno pide una resonancia por cualquier otro motivo y se encuentra con esto. 

    La memoria

    La pérdida de la memoria y la enfermedad de Alzheimer han guiado investigaciones y tratamientos de Solana Silveira, buscando alivio para los pacientes. Con atenta capacidad de escucha, intenta construir un vínculo amigable con los pacientes y los familiares que llegan a las consultas. La empatía le ha valido el reconocimiento y el cariño de la gente. 

    –¿Cuándo hay que empezar a preocuparse por la pérdida de memoria?

    –Cuando empieza a impactar en la organización de nuestra propia vida diaria. Si uno se olvida la llave, los anteojos, nos pasa a todos. Nos olvidamos de nombres después de los 65 años, y no es un problema de alarma. Pero sí, cuando empezamos a desorganizar la vida diaria, a guardar cosas importantes que no encontramos, como dinero, llaves, anteojos, y la desorientación geográfica en la ciudad conocida, son signos de alarma. 

    –¿Se puede evitar o retardar el envejecimiento cerebral?

    Sí, se puede. En realidad, tiene que ver tu propia genética, pero básicamente es mantener el control de tu salud, de tus enfermedades crónicas, sea tiroides, presión, diabetes, colesterol. Mantener una vida social activa, actividad física. Se debe entender que la actividad física mejora la memoria; y por otro lado, siempre hacer nuevos desafíos al cerebro de manera de dedicarte a algo que nunca hiciste en tu vida para estimular la generación de nuevas redes neuronales. O sea que es: vida social, cuidar tu salud, actividad física y dedicarte a algo que nunca te dedicaste, y lo que te traiga la genética también.

    –¿Hay otras señales de advertencia a las que podríamos prestarle atención para hacer una consulta neurológica?

    –Los motivos son varios, el dolor de cabeza, el vértigo, los cambios en la forma de caminar por Parkinson, la epilepsia en sus distintas formas de presentación y sus crisis, y el olvido. 

    –Nos decía que el Alzheimer es la enfermedad estrella de las consultas…

    Así es en este momento. Cuando estudiaba medicina, en los 70 Alzheimer eran tres renglones de todos los libros de Neurología, porque el autor describió la enfermedad de una mujer de 53 años, Augusta D. Entonces, era como una forma rara de demencia presenil. 

    Para explicar, el especialista dijo: “La demencia se divide en senil y presenil, senil más de 65 años, y presenil menos de 65. Hasta que después se hace la gran revisión de las demencias y se vio que después de los 65, uno de cada diez personas entra en demencia y que el 52% entra en la demencia a través de la enfermedad de Alzheimer”.

    –¿Siempre se está a tiempo de prevenir el Alzheimer?

    Toda la vida se previene esa enfermedad, manteniéndonos activo, con intereses y proyectos. 

    –Una vez que la enfermedad ya está declarada, ¿se puede demorar el desarrollo?

    –Lo más importante es el diagnóstico precoz, que nos da la posibilidad de los medicamentos que disponemos, que en realidad no detienen ni curan, pero retardan el proceso de la enfermedad. El paciente y la familia merecen un diagnóstico certero, porque muchas veces en demencias lo que hacemos también es asesorar y acompañar a la familia, de manera de evitar las grandes bataholas que se arman en las discusiones diarias. 

    Y siempre apuntamos a que el enfermo esté en su casa hasta que se pueda, tratamos de no sacarlo del medio porque en una institución se derrumban. 

    La tercera edad 

    Solana Silveira atiende desde hace más de 40 años a adultos y adultos mayores y tiene una mirada empática con los pacientes.

    “La tercera edad está muy mal vista. Todos vamos a ser viejos, yo ya tengo 71 y no sé si no me va a dar Alzheimer. En el consultorio, por ejemplo, veo que hay más viudas que viudos y el conflicto de esas mujeres añosas es la soledad y el abandono de los hijos y de los nietos. Hay un quiebre generacional que me asusta porque veo la angustia de esas personas, que dedicaron toda su vida a la familia y que hoy se encuentran solas”, comentó el especialista.

    En cuanto a la evolución política y los conflictos con los adultos mayores, el especialista señaló: “En la época de Alfonsín, el divorcio, Eso era un conflicto muy serio, que sus hijos se divorciaran o que volvieran a su casa. Después en la época de Menem, la desocupación; y en la época de Néstor y de Cristina, la diferente sexualidad de los hijos. Esos fueron tres procesos políticos y cambios culturales, que impactaron de una forma profunda en los adultos mayores.

    Los avances de la ciencia

    –Seguir estudiando, seguir aprendiendo todo el tiempo…

    Siempre, pues si yo ejerciera la neurología que aprendí, me iría muy mal, -dijo entre risas.

    “La medicina es una entrevista, ver los antecedentes, hacer un examen, uno tiene que hacer una medicina universal. Eso de que cada uno ve un pedacito, desincorporar al ser humano de su integridad no es bueno. Hay muchas enfermedades generales que impactan en el sistema nervioso que nace de la clínica médica. Entonces, no podemos alejarnos de lo que es el ser”, comentó el profesional.

    “A la medicina hay que humanizarla. Yo me formé en la medicina pre tomografía, pero la imagen nos ha ayudado mucho a adelantamos al diagnóstico, antes lo hacíamos muy tarde”, consideró Solana Silveira.

    Agregó que “la medicina se ha deshumanizado y uno tiene que seguir en la humanidad y el acompañamiento, pero la medicina no es un diagnóstico y tratamiento, es un asesoramiento a la familia, es un acompañar, escuchar los conflictos que tiene esa persona. 

    “Amo lo que hago”

    –Si volviera a su adolescencia, ¿elegiría el mismo camino?

    –Amo lo que hago, lo que más me va a doler en mi vida es el momento en el que no me dé más la salud o la cabeza, y deba abandonar prácticamente tres generaciones de pacientes que vengo atendiendo.

    Ese sería mi momento más doloroso. Me encanta lo que hago, no me cansa. 

    Después otra cosa, amo este país que me dio la posibilidad de estudiar. Y un lugar de privilegio al cual creo que he respondido. He devuelto a la sociedad durante 10 años trabajando ad honoren en tres hospitales distintos, porque uno tiene que devolver a la sociedad lo que ésta te dio.

    El cannabis medicinal

    –¿Acompaña los tratamientos neurológicos con cannabis?

    –Sí, sí, yo no niego nada. Cuando se empezó a hablar de la medicina cannábica, lo que hice fue especializarme y trabajar en esto. Lo que hacemos es incorporar una medicina cannábica y valorar la positividad o no de los efectos. Me llama la atención en la neuralgia del trigémino, que es un dolor espantoso de la cara, tengo dos pacientes que con medicina cannábica andan perfectos.

    Sin guardapolvos 

    Jorge Solana Silveira atiende sin guardapolvos, de zapatillas, con ropa sport y looks modernos, que en su juventud se complementaban con su pelo largo. “Soy un ser humano que trabaja de médico, había que romper la distancia del guardapolvo blanco y esa postura ridícula. Había que acercarse a la persona”, dijo a BIEN!

    “Muchas veces manejo la entrevista con mucho humor, la gente se siente agradecida porque es escuchada, por el buen trato y la buena onda. Uno tiene que estar empático. Uno tiene que estar ahí no solamente para hacer un diagnóstico, sino para el acompañamiento, el asesoramiento. El enfermo no se termina cuando se va”, remarcó. 

    Datos

    Jorge Solana Silveira

    Nació el 8 de diciembre de 1951 en Montevideo. Desde el 29 de mayo de 1981 vive en Paraná, se nacionalizó argentino en 1991. “Amo este país. Celebro haber nacido donde nací, haber vivido en la década de los 60 y 70. La revolución de los Beatles, que modificó la forma en que te peinabas, te vestías, los jeans y el inicio de la liberación sexual”. 

    Es el tercero de cuatro hermanos, -tres varones y una mujer-, que viven en Uruguay. Está en pareja. Tiene tres hijos, Ignacio. Clemente y Gervasio. 

    Estudió en The British School, un colegio inglés no oficial donde hizo la escuela primaria. “Después teníamos que rendir un examen. Mi padre, con mucho tino, nos cambió al secundario público, que nos dio un aspecto de la vida completamente diferente. 

    Hobby: “Corría y estoy tratando de volver”, dijo. Además estudia y lee en los ratos libres. 

    “Los olvidos deben preocuparnos cuando impactan en la organización de nuestra vida diaria, cuando guardamos cosas importantes y no las encontramos, por ejemplo”

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