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jueves, febrero 2, 2023
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    El trazo elegante de Nux retrata una Paraná añorada

    El 20 de octubre pasado, se inauguró una muestra de tintas de Augusto Nux en la galería Erarte. Se trata de un recorrido por los croquis que Nux sabía con justeza realizar en sus paseos y observaciones por París y Paraná.

     

    Marcelo Olmos

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    Croquizar no es sencillo, se requiere una percepción personal del espacio que no es simple de cultivar. La proporción del observador y lo observado hace no sólo al equilibrio de la composición, sino también cuánto de sensibilidad le sume al dibujo. Pregunté a Yolanda Darrieux cómo Augusto, su esposo, encaraba un croquis, si había un boceto previo en lápiz para después trabajar el plumín. Porque Augusto hacía sus croquis a plumín y tinta china, con la solvencia que le daba su formación universitaria que requería entonces el dominio de estas técnicas como medios expresivos.

    La respuesta fue que no, que simplemente establecía el contorno de un posible volumen que le permitía establecer las fugas y enseguida comenzaba a trabajar con tinta. Por cierto, es una técnica difícil que no solo es práctica; es la seguridad del artista que ha atrapado el momento y la atmósfera del sitio.

    Fue sentida la ceremonia de inauguración de la muestra de tintas de Augusto Nux.

    Los trabajos sobre París son limpios, certeros, impecables, amaba esa ciudad que visitaba con frecuencia porque allí viven dos de sus hijos. Augusto Nux tiene un dibujo elegante, con la limpieza de los seguidores de Jean-Auguste-Dominique Ingres, con esa claridad que acentuaba tramando sutilmente algunas zonas para despegar el volumen y ubicarlo en el espacio vivo que el autor evocaba.

    Pero reconozco que mi corazón se vuelca a los breves croquis de Paraná, testimonios de una ciudad que va olvidándose. Son pequeñas joyas plenas de sentimiento. Con observación precisa, va acentuando sombras, luces, se entrega al juego del espacio, de la naturaleza. Son bellísimas, con la delicadeza que hace de sus croquis ventanas que nos permiten asomarnos a un mundo que, en el caso de Paraná, está prácticamente perdido.

    Perfiles

    Augusto Nux fue un pintor intimista, no por su temática que apuntaba más a la naturaleza y los bodegones, sino porque su obra representaba una búsqueda de mesurada intimidad, tranquilo oasis en el que seguramente disfrutaba cada pincelada. Frecuentó al formidable Quirós pero no fue su discípulo, fue un colega. No hay rastros de la agitación de Cesáreo en la obra de Augusto, compartían tal vez el color, pero trabajado con otras luces según el temperamento de cada uno.

    Nux tenía su propio lenguaje de pinceladas cortas, atmósfera tranquila de verdes susurrantes y cielos límpidos, Quirós era de gestos amplios, rojos vibrantes y pinceladas gruesas, empastadas. Sin duda compartieron visiones y pareceres en el Paraná de los años 40/50 del siglo que se fue.

    Nux es entonces uno de los pocos artistas paranaenses que testimoniaron la ciudad, que trabaja el imaginario del Paraná de antaño, y que comparte con Manuel Marchese, el Quirós del Puerto Viejo y algún otro más que se suma. Siempre es grato volver a encontrarse con obras del maestro, es grato volver a esos sitios que atrapó para siempre, los de la ciudad Confederal que se va perdiendo en la memoria de los tiempos.

     

     

     

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