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sábado, enero 28, 2023
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    La ajetreada Enrique Carbó, según se suceden las épocas

    La calle Carbó es multidimensional: en el puñado de cuadras que la constituye convive el vértigo vial propio de una arteria que es salida del centro, el riesgo para los peatones que significa cruzar una vía tan ancha y transitada; y, en las veredas, cierto sentido de la vecindad que se sostiene, pese a la irrupción de edificios en altura.

     

    Natalia Strack / [email protected]

    Así como hay calles que pasan desapercibidas dentro de una gran ciudad, como si fuesen simples rincones, todos parecidos y sin mayor relevancia, existen otras a las que todos conocen, aunque sea por los negocios, edificios o instituciones que allí funcionan. Se puede afirmar que Enrique Carbó es una de ellas. De hecho, es una las arterias más importantes de Paraná, por su ubicación estratégica y su función dentro de la trama de circulación vial. Si se presta atención al plano de nuestra ciudad, se advertirá que Carbó está ubicada al sur de la zona céntrica. Pese a su gravitación, su extensión es de 10 cuadras.

    Según los registros, el primer nombre de la actual Carbó fue Buenos Aires: se lo asignó la Intendencia de Policías, en 1856. Veintitrés años más tarde, se lo cambió por Diamante. El 14 de julio de 1922 se le impuso la actual denominación: Enrique Carbó.

    Las calles que la delimitan son Avenida Francisco Ramírez (este) y General José de San Martín (oeste). Durante su trayecto cruza a Domingo French, Adolfo Alsina, Cura Álvarez, Presidente Juan Domingo Perón, Pascual Palma, Presidente Hipólito Yrigoyen, Presidente Arturo Illia, General Manuel Belgrano, 9 de Julio y Monte Caseros.

     

    Razones

    Como es un lugar importante y reconocido en Paraná, también lleva el nombre de quien fue una figura que marcó la historia de nuestra ciudad. Enrique Ortiz Carbó fue un paranaense que nació el 24 de febrero de 1861 y falleció en Villa Urquiza, 59 años después. Se recibió de abogado en la Universidad Nacional del Litoral, con tan solo 20 años. Al poco tiempo fue nombrado Defensor de Menores e Incapaces. Además, fue Juez de Primera Instancia y personal docente en el Colegio Nacional.

    Más tarde, llegó a la Presidencia Municipal y fue electo Senador Nacional, cargo que ejerció hasta 1902, año en el que asumió como Gobernador. En 1903 motorizó la reforma de la Constitución, uno de los motivos por los que su gestión es tan recordada, con sus leyes de representación proporcional de minorías, tanto en la Legislatura como en los concejos deliberantes. Asimismo, fue el creador de la Escuela Normal de Maestros Rurales “Alberdi”, e inauguró la Escuela Técnica del Hogar, que hoy lleva su nombre, en la esquina suroeste de Laprida y Buenos Aires.

     

    Perfil

    Carbó es una calle transitada a toda hora. No importa si es de día, de noche, feriado o domingo, siempre algún vehículo se va a escuchar acelerando o frenando. El bullicio es lo que más la caracteriza. Puede que esto suceda por la presencia de los edificios que existen allí. “Desde que llegué al barrio, Carbó fue considerada una calle importante por el hospital San Martín”, dijo Gladis a EL DIARIO, quien vive en la zona hace 34 años. Y tiene razón, aunque en el repaso minucioso reconoce otros puntos relevantes. De hecho, a la galaxia Enrique Carbó, además del nosocomio, la constituyen tres escuelas: Hermanas Mercedarias del Niño Jesús, en la intersección con Illia; el Complejo Perón -popularmente conocido como La Pecera- en el cruce con San Martín sur; y por último, la Manuel Belgrano, en la esquina de 9 de Julio. También se encuentran sobre Carbó las plazas Sáenz Peña y Manuel Belgrano; la iglesia Sagrado Corazón de Jesús; el Instituto Rawson; la Casa de la Cultura y numerosos comercios de los más variados rubros.

    “Es uno de los lugares más céntricos de la ciudad para vivir. Es una calle limpia”, caracterizó Gladis, al agregar que “hoy es un barrio con gente mayor porque muchos de nosotros elegimos quedarnos acá”. Fue entonces cuando recordó que “antes, solía haber abuelos tomando mates en la vereda, pero luego, con la inseguridad, eso fue cambiando”. En el mismo sentido, observó que “la gente comenzó a enrejar los frentes de sus casas”.

     

    Estilos

    En el ir y venir de impresiones, la entrevistada afirmó que nunca fue habitual ver niños jugando en la calle, como suele suceder en otras partes de Paraná, porque al ser una de las salidas más anchas y rápidas de la ciudad, siempre fue muy transitada y peligrosa.

    Muchas de las casas son de una visible arquitectura antigua. Las aberturas son altas y de madera; los techos tienen una respetable distancia con los pisos; poseen patios internos y baldosas con dibujos y diversos colores.

    Con el paso del tiempo se construyeron edificios modernos, por lo que estas casas repletas de detalles quedaron perdidas entre las nuevas arquitecturas. Gladis comentó que, al lado de donde ella vive, había una casa igual a la suya. Era vieja y la demolieron para construir un edificio.

    “Cuando llegué en 1985 a la ciudad, tenía 13 años y me mudé para estudiar. En todo ese lapso, vi cómo se transformó la calle”, comentó Gladis, quien además recordó que el perfil comercial fue cambiando, incorporándose nuevos rubros más asociados al consumo céntrico. Hubo comedores, supermercados y hasta remodelaron el hospital, que ahora ocupa una manzana entera en el barrio.

    Lo importante es que, a pesar de los cambios, Enrique Carbó conserva su esencia. Se puede aprovechar la cercanía de negocios e instituciones, disfrutar de la tranquilidad de los espacios verdes, y encontrarse en comedores y bares, concurridos sobre todo por la noche. Es uno de los lugares más reconocidos en la ciudad, lo que la vuelve una calle distinta a las demás y sin dudas una de las zonas más pintorescas de Paraná.

    Enrique Carbó es una arteria frecuentemente utilizada para salir de la zona del centro. Foto: Sergio Ruíz.

     

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