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viernes, febrero 3, 2023
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    ¿Los hijos, botines de guerra?

    Las fundamentaciones puestas sobre la mesa de las negociaciones o en la batalla, pueden ir desde el origen de los embarazos, quién los deseaba más, quién les ha prestado atención eficiente y constante, cuál de los dos ha sido el que le brindó más estabilidad hasta quién supuestamente los quiere mejor.

     

    Francisco Rodríguez / (Psicólogo – Mat. 078)

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    Es un tirarse reproches o viejas rencillas al otro/a, marcándole que los niños o jóvenes son de su exclusiva propiedad y control, por lo tanto que no va ceder sobre su posesión más preciada.

    Parecen estar diciéndose “si vos querés irte, te irás, pero no te llevarás a los hijos de esta casa”. Surgen los tirones, exponiendo a los hijos a ser desmembrados, tironeados por los cuatro costados. Algunas parejas pretendiendo ser respetuosos y modernos les suelen preguntar a los hijos, en especial si son pequeños: ¿a quién querés más, a quién menos? ¿Con quién te quedarías?… Es evidente, el estado de indefensión y de inferioridad en que se hallan, y la presión afectiva a la que están sometidos. Colocan a los hijos ante un grave conflicto, un estado de confusión y ambivalencia, ya que para ellos son necesarios ambos padres, aunque con afectos y vínculos diferentes.

    La oportunidad de decidir sobre la tenencia de los descendientes parece ideal para que se exprese «la compra y venta de los afectos». Algunos adultos durante este proceso de separación, de búsqueda de nuevos hogares, intentan retener el amor de los hijos/as a través de regalos suntuosos e innecesarios, de salidas o viajes excesivos e incluso agotadores. Se los llena de objetos que son del agrado del niño, se les muestra un mundo imaginario y sin conflictos, donde todo es alegría, fiesta, regalos; incluso sin hacer ningún esfuerzo para su logro.

    Apelando al imaginario social, se llega a creer que el que más tiene (económicamente), más va a dar (afectivamente). Confundiendo a los hijos entre recibir afectos reales, el contacto, los cuidados, la protección, y con aquellos afectos irreales provenientes de lo monetario, «si te doy regalos o dinero, es porque te quiero, si el otro no te da es porque no te quiere». La permanente confusión entre el ser y el tener.

    Esta disputa también puede ser llevada a los tribunales con motivo de la tenencia, alegando que por contar con más medios económicos sería el más apto, con mayor capacidad de hacerse cargo y en mejor manera de la crianza de los hijos, de brindarles una educación, formación y desarrollo social acorde.

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    Unos cuantos años suelen llevar estos procesos de pelea para demostrar infructuosamente, a los hijos quién es el más bueno de los dos, en búsqueda de aliados y el reconocimiento de que se es mejor persona.

    El combate por retenerlos se suele ampliar tanto al aspecto legal, como al familiar y amistades. En el primero procediendo ante los jueces y la ley con todas las argucias e incidentes, que favorezcan su posición y demuestren que los niños «deben quedarse conmigo», sin importarle qué desean ellos, cuál sería el mejor camino para favorecerlos. En lo familiar, se ataca al excónyuge con todas las baterías de difamaciones, descalificaciones, prejuicios, fantasías y temores hacia el futuro personal y de los niños. No quedará pariente sin enterarse de todo lo que hizo, lo que hace y lo que quizás hará si tiene la tenencia. Frente a los amigos/as el área social se encargará en forma fehaciente, de ensuciar al otro, en su trabajo, quizás hasta profesionalmente, para que quede bien claro que no podrá hacerse cargo de los hijos, no es capaz.

    Si existe una identificación con la problemática u otros intereses, los abogados, médicos, psicólogos u otros profesionales litigan junto a su cliente, como si fuese una lucha personal; a veces puede pasar por parte de los jueces. Otra vez los olvidados son los niños a quienes nadie les pregunta qué desean, qué les gustaría.

    Debe quedar claro que no decimos, hay que sacrificarse por los hijos, dejar de existir como personas (varón o mujer), sólo estar pendiente de lo que a ellos les gusta o deseen, vivir en función de las necesidades o caprichos de los hijos. La tarea es mantener una ocupación (no pre-ocupación) permanente y estable por el bienestar y el desarrollo armónico.

     

    PROPUESTAS

    Quizás la separación nos lleve a asumir nuestra responsabilidad en el matrimonio, en la pareja, en la historia vivida, frente a los hijos, no solo la culpa, el dolor, la impotencia, el odio o pérdida de límites. Y si nos lleva a la culpa, éste es un sentimiento que nos da la posibilidad de una búsqueda de reparación, de arreglar lo sentido como error durante la vida de pareja, en el contacto con nuestros descendientes y aceptar que en la guerra nadie gana.

    El arreglo entre las partes, la mediación, la terapia de pareja, no es nada más que la posibilidad de un diálogo lo más fluido posible entre los miembros de ese núcleo familiar disuelto, para que puedan encontrar con intermediarios, sean terapeutas, abogados, jueces, un espacio y un tiempo para dilucidar los conflictos de larga data y que se van acrecentar en la medida del tiempo de separación.

    RESUMEN DEPORTIVO

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